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Cónicas del Templo Negro

Después de muchos años de revisión y de buscar la forma de editarme, he vuelto a decidirme por la autoedición. El 4 de julio estará disponib...

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lunes, 4 de noviembre de 2019

Hundirse en el silencio

Decir: "Esa cosa bella que ves, soy yo."
equivale a decir: "Yo, como conciencia, asumo el rol de un objeto inerte. Acepto la identidad que tú interpretes para ese objeto."

La película de Oz Perkins, en Netflix desde 2016, es un siniestro cuadro minimalista sobre la soledad y la pérdida de la identidad, cuyo horror tiene profundas raíces filosóficas. La enfermera Lilly nos anuncia desde un principio que está muerta. Pero, aun más importante, nos anuncia que en esa casa hay "una muerte". Es una muerte que al parecer no pertenece a nadie en particular. Puede decirse que la muerte disuelve las conciencias, las identidades, las voluntades y el tiempo, una oscuridad profunda en la que todo rostro se desdibuja.


La primera línea pareciera aludir a la conciencia cinematográfica, implicando el rol del espectador como cómplice de la cosificasión y hasta su participación en el rol masculino de la mirada freudista. A la vez, nos plantea un problema fenomenológico, sobre la dificultad de nombrar al sujeto consciente sin convertirlo en un objeto pasivo. La violencia del lenguaje es la de designar siempre al otro y, por lo tanto, de otrificar siempre lo designado.

La señora Blum, la dueña de la casa, fue alguna vez dueña de su lenguaje, fue escritora. Pero ahora solo ve los días pasar en un estado senil. Los administradores de la casa tienen puestas las mejores esperanzas en que muera pronto para poder hacer algo más productivo con la propiedad. La mente de la señora Blum también está hundida en el olvido, y jamás reconoce a la enfermera por su nombre, sino que insiste en llamarla Polly. Según parece, Polly es un personaje de su libro, alguien que murió hace muchos años, pero sobre quien no es posible decir nada en concreto...

El silencio y las sombras dominan los pasillos de la casa y rodean a la enfermera hasta asfixiar su voz y llenarla de visiones paranoicas. Asumir el rol de Polly, la desaparecida, la olvidada, significa entrar en el ciclo de la tradición, compuesto por la violencia y el olvido. Si apenas pudimos deducir la existencia de Polly por vagas señales, si Lilly es un eco cíclico de este crimen, ¿no serán infinitas las vueltas que da la historia, olvidada una y otra vez? Esta es la historia que la muerta intenta reconstruir, una y otra vez, la historia de una muerte, la suya, la de todas. La muerte.

Pero eso es algo que pasa de largo, y la historia es una de silencios y de sombras, de lo que no se ve. Es una historia de repeticiones, de rutina y repetición, los rituales del quehacer diario que desdibujan el tiempo y en su banalidad se convierten en la tumba de la individualidad. Convertirse en nada más que una mano de obra alienada, ni siquiera en un espacio de trabajo, sino en el trasfondo de la vida diaria, es lo que la película conecta con desvanecerse y fundirse con las paredes, volverse cosificada e intrascendente.

La historia de Polly está escrita, desde un principio, por la señora Blum. Es ella quien interpreta y cosifica a la enfermera como Polly, quien, en ese sentido, la empareda. Sus palabras acaban reproduciendo la violencia que pretendían deconstruir, repiten el crimen que intentaban comprender. Es así que la señora Blum también escribe su propia muerte, pues al negar la humanidad de otras, deshace la suya propia.

Llegamos así a Beauvoir y el imperativo de la solidaridad para poder crear una feminidad afirmativa. La película muestra una problemática de la escritura feminista, que no puede sino convertirse en desescritura, porque su grito clama expresar precisamente el silencio y la limitación del lenguaje, los siglos de oscuridad y olvido, el punto ciego que se posiciona siempre de manera conveniente para negarla. Ahí está Cixous, gesticulando con una corporalidad que el lenguaje no puede asir. El papel de generaciones de mujeres olvidadas, hundidas entre las paredes, reclama la escritura, o al menos la presencia cinematográfica, del silencio mismo.

viernes, 14 de abril de 2017

Divagaciones impertinentes en base a "Réquiem por Lima"

Me fui de una ciudad sumida nuevamente en la necesidad extrema, en la situación inconcebible, de una realidad que supera toda ficción. Si esta es una escena más en el inmenso y trágico real maravilloso derrotero de Latinoamérica, es, sin embargo, lo contrario a lo fantástico. No se trata de pensar lo que no es. El realismo mágico se enorgullece de no haber inventado nada (aunque debería escribir un amplio e irónico elogio a su creatividad).

Me fui de una ciudad inundada con un libro apocalíptico en la mano: Réquiem por Lima. ¿Título de ficción o titular de periódico? En realidad, una muy consistente novela de zombis. Hay que aclarar que, a mi gusto, no es una novela de terror sino de aventuras, quizás una fantasía inmersiva. Pero en ese sentido, muy cumplidora.

Hans Rothgiesser ha dicho que le resultó fácil escribir una historia apocalíptica en Lima, pues la ciudad parece encontrarse constantemente al borde del abismo. Sin embargo, lo que acaba haciendo no es la clase de historia que se escribe sola. Muy al contrario, el relato revierte de manera irónica el centralismo de la economía peruana, pues con que solo Lima sea erradicada por la plaga, todo cambia. Viajar a la capital ya no es una necesidad para la mayoría de emprendimientos. Ir a Lima, esa ciudad infectada y muerta, es cosa de locos.

La facilidad que describe Hans a mí me parece más bien una trampa. El verdadero desafío consiste en crear una ficción que supere realidades tan extremas como puentes desplomados y ciudades arrasadas por huaicos repletos de basura. El desafío crucial, necesario, es crear narraciones que trasciendan la arrestante inmediatez de la necesidad extrema. Es necesario un pensamiento abstracto, hipotético, para dejar de vivir al día, para comprender estructuras y no coyunturas. Para poder prevenir antes de estar hundidos en el lodo.

Por otra parte, ese desafío no solo afecta a una realidad que fuera maravillosa por americana y tropical. Fue en una conversación con el autor de Perry Rhodan, longeva serie de ópera espacial alemana, que Hans llegó a la conclusión de que en todas partes se hace más difícil narrar el fin del mundo. La gente, dijo este escritor, no cree que el mundo se acabe con un estallido. En cambio, espera que siempre habrá algo después. Ya todos nos hemos acostumbrado a pensar en el fin no como un momento, sino como un proceso continuo y, en última instancia, infinito.

Por eso, la escritura lamenta la pérdida de la trama más reciclada en el siglo XX: ya no tiene gracia salvar el mundo. La vida continúa, y los nuevos héroes son los sobrevivientes que recorren un camino infinito. But in this sleep of death what dreams may come: la pregunta es si ese es un camino de esperanza o una agonía interminable.

Réquiem por Lima logra balancearse, de principio a fin, entre la esperanza y la agonía, el terror y la aventura, lo fantástico y lo real maravilloso. Y en ese mismo, arriesgado espacio, entrega una trama entretenida y consistente.

domingo, 30 de marzo de 2014

Los espejos de Gaiman

Otra de las razones por las que no escribo ya mucho por acá es porque ando escribiendo por otros lares: una novela en alemán, guiones ocasionales para historietas que quizás jamás sean dibujadas, mi otro blog y la tesis que ahora tiene aspiraciones doctorales. No sé qué tan realista sea realmente el intento de doctorarme, paso más tiempo buscando trabajo para sobrevivir que estudiando realmente, pero todo lo que acabo leyendo es para el proyecto de doctorado y, por lo tanto, de Neil Gaiman.

Me resulta inesperado acabar escribiendo sobre un autor contemporáneo cuando me he considerado siempre un vestigio fuera del tiempo, pero también resulta completamente predecible que acabaría escribiendo sobre alguien así, considerando que reúne a la perfección dos de mis obsesiones como lo son la literatura fantástica y el comic. Mi tesis en última instancia no se centra en el comic ni en las obras propiamente literarias, sino en la relación entre estos y otros medios más, porque el hombre también anda metido en el cine y hasta en el radioteatro. Es desde el límite entre los medios que cabe preguntarse por la esencia de lo fantástico: ¿no se trata, acaso, de mostrar lo imposible, lo impensable, de representar lo irrepresentable? Y si cada medio tiene sus propios límites de representación, lo irrepresentable variará de acuerdo a estos... Pero eso sigue siendo una mera hipótesis, de la cual a momentos también dudo.

El primer paradero en Gaiman es siempre The Sandman, obra maestra del cómic que me ha llevado a conectarme más con la onda psicodélica. Es en primera instancia una historia sobre los sueños, pero en el fondo, mucho más importante, es una historia sobre las historias. Los sueños son solo una manera de narrar, que en la estructura rizomática del comic se intersectan con libros, anécdotas, cartas, leyendas, mentiras y misterios cósmicos. A menudo el acto de narrar se vuelve incluso más importante que la historia narrada, porque dota de identidad y poder a aquellos que reproducen o reciben la historia. Además, si consideramos como Daniele Barbieri que los lenguajes del comic son también rizomáticos, siempre plurales, entonces el cómic es un vehículo único en el cual un lenguaje puede narrar y comentar a otro, permitiendo reflejar el espejo en sí mismo.

Una historia sobre espejos es Coraline, la cual ha sido comparada no en vano con Alicia a través del espejo, aunque el autor rechace la influencia. No solo es un relato sumamente tétrico para ser infantil, sino también muy refinadamente psicológico. Analiza, precisamente, procesos de individuación y conciencia del yo que se desarrollan en la infancia, y la pregunta de quién soy yo puede suceder a través del espejo en el que me veo a mí y al mundo, o a través de una piedra con hueco que me muestra un mundo distinto, o a través de mis ojos que podrían ser remplazados por botones... siempre, en última instancia, mediante símbolos de la visión y la mirada. La película también es buena, pero muy distinta al libro.

Un hueso que no termino de roer es la genial American Gods, al cual un profe calificó como "ese bodoque de 400 páginas". Es verdad que tiene unas cuantas páginas de más, y no le viene bien empezar tan lento y de forma medianamente predecible, pero el libro está tan pleno de momentos, lugares, conceptos y personajes bizarros que a fin de cuentas vale la pena. Me ha llevado a reflexionar sobre las distintas modalidades de creer (creer en una religión, en Papá Noel, en la ley o en una mentira), sobre la diferencia entre el dios misterioso y un verdadero trickster, sobre los patrones fundamentales que transcienden las religiones y definen lo religioso. Pero quizás la novela no trate en el fondo de nada de eso, y sea como dice el mismo autor, más bien una novela sobre el "espíritu americano", sobre el mago de Oz y la vida on the road.

Ahora ando a la mitad de Stardust, que se presenta como un simpático cuento infantil pero también contiene sexo adolescente, conspiraciones palaciegas y sacrificios rituales. Sin embargo, lo que había presentido y confirmo cada vez más es que nuevamente es una historia de espejos dentro de espejos, de mundos dentro de mundos: en el mundo victoriano de aquel entonces existe una puerta a un mundo de las hadas, dentro del cual hay mundos en los espejos, en los cielos y bajo la tierra.

Sobre mucho de esto ya he escrito artículos extensos en alemán como parte de mi estudio, pero no tengo motivación suficiente para traducirlo todo al español. Quizás cuando la tesis esté terminada, o si por algún acaso acabo asentándome de vuelta en lationamérica, lo llegue a considerar.

sábado, 10 de agosto de 2013

Poniéndome al día con Game of Thrones

-Todavía necesito leer Game of Thrones- comenté.
-¿Necesitas? ¿No es que quieras?
Pero para alguien que se dedica a la literatura fantástica, definitivamente es una obligación. Sin embargo, de un tiempo a esta parte me resigné a que mi lista de lecturas era lo bastante larga como para agregarle los cinco o más tomos gruesos de la serie del momento. Por imperativa que esta fuera, y a pesar de que ni siquiera parecía ser mala, llegué a la conclusión de que no tendría tiempo de leerla y me puse a ver la serie.

Un compadre de antaño incluso ha inaugurado un blog donde habla de lo que hace mientras tú lees juego de tronos - "¡Piensa bien si merece la pena leer un libraco de mil páginas o cinco de doscientas!". Mientras tú lees juego de tronos, él anda leyendo obras breves de "espadas y hechicería", y yo ando perdiendo el tiempo con el indigerible Lacan y sus circunloquios.

Lo voluminoso de la saga de Martin me hace pensar qué dirán las generaciones venideras si esto se llega a convertir en clásico, y si de acá a cien años la prosa actual resulta tan trabajosa como lo es la del siglo XIX para nosotros hoy. Si ya da miedo enfrentarse a Moby Dick, ¿quién querrá leer más de cinco libros del mismo grosor?

Por otra parte, estas preocupaciones surgen precisamente porque hay buenas razones para que la saga sí alcance el estatus canónico. El giro de conectar la fantasía épica con elementos verdaderamente medievales en vez de un medievalismo romantizado conecta con fuentes primigenias que extrañamente habían permanecido ajenas al género durante décadas. Si este movimiento ahora parece tan evidente, es solo porque era absolutamente necesario. Un regreso a las fuentes prístinas le ha permitido a George R.R. Martin restructurar el género de manera sensible, y llevarlo ya no a la edad mítica de dioses y portentos, sino a la edad heróica donde cuentan que Odiseo contaba haber visto a un cíclope, o dicen que los enemigos de Sigfrido dijeron que él se había bañado en sangre de dragón, pero no es que los elfos anden por la calle o los el panadero sea un duende. La magia resulta más mágica en tanto es inusual y no cotidiana para los personajes.

En la simultaneidad se encuentran la comedia de enredos y la tragedia. En aquellas épocas no todos tenían smartphone para estar siempre conectados, y en lo que tomaba llegar de un lado al otro ya toda la situación había vuelto a cambiar. Esto se refuerza por el contraste entre la perspectiva enunciativa frente a los personajes, que vuelve la desgracia previsible pero inevitable. Bajtín me convenció de que el arte de la novela es el de la orquestación, el hacer que una docena de historias funcionen como una sola.

Por otra parte, la cantidad de personajes que se pretende narrar simultáneamente hace que no se alcance a narrar mucho de ninguno de ellos y que el ritmo se vuelva lento, a veces tedioso. Al menos en la serie, si un capítulo dura 50 minutos y pretende representar 10 personajes a la vez, solo le quedan 5 minutos por personaje, los eventos se dan en pasos mínimos, en migajas. Supongo que entre un medio y otro el efecto de ritmo será diferente. Aristóteles tenía sus razones para la unidad de acción. Salirse del patrón tiene sus problemas pero, en este caso, creo que también sus ventajas.

La mitología del conquistador que funde las espádas de los demás en su trono es una lúcida alegoría del Estado que monopoliza la violencia. Esta violencia anda libre en los campos yermos de los dothraki, y esa es la única alternativa que tendiese a la libertad. La inclusión de héroes gays, matriarcas y mujeres guerreras vuelve la serie loable para la moral pluralista contemporánea, pero también funciona en tanto muestra que estas son excepciones o secretos a voces, como lo han sido en muchas sociedades precristianas. La cosa se pone rara cuando la cantidad de excepciones hacen que entre los personajes representados, esto se convierta en una regla.

Antes de poder sacar conclusiones definitivas, habrá que ver qué más viene. ¿Los caminantes blancos por fin cruzarán el muro? ¿Qué pasará en King's Landing cuando la khaleesi llegue con su ejército? O, siendo esta una odisea, ¿volverá a perderlo todo ante Scila y Caribdis, para llegar encapuchada a matar a todos los traidores por mano propia? Con el éxito que tiene, ¿el señor Martin se animará a acabar la serie? Me parece que ya la está estirando más allá de sus propias previsiones y que él mismo ya no sabe qué pasará, así que habrá que esperar y dejarse sorprender una vez más.

lunes, 29 de julio de 2013

Grandes historias del anime

Siete magos invocan los espíritus de siete guerreros legendarios en una ciudad moderna, para realizar un sacrificio que podría abrir la espiral cosmogónica. Un extraño ser ofrece cumplirle cualquier deseo a una chica si ella decide arriesgar su vida cazando brujas. Un guerrero de un futuro posapocalíptico cae en una Tierra inhundada.

Si sigue habiendo animes y mangas que fascinen como para motivar el compromiso espiritual de millones, sin duda es por sus grandes historias. Urobuchi Gen es quien ha escrito las historias más impactantes en lo que va de la década. Ayer pude intercambiar un par de palabras con él, y eso que en verdad debería estar escribiendo mi tesis, no saliendo por ahí y menos aún escribiendo para mi blog.

Fue el sábado por la noche que me recordaron, como quien no quiere la cosa, que ese mismo día y el siguiente era la gran convención Animagic en Bonn. Yo había tomado la firme decisión de no ir, pero tuve que admitir que, aunque ya he visto convenciones incluso más grandes que esa, en ninguna tuve la posibilidad de tratar con nombres tan grandes tan de cerca. Precisamente las masas carecen de la posibilidad de acercarse personalmente y por lo tanto de ver más allá, hacia el germen de aquello que las mueve. Así que vi la lista de invitados, y estuve condenado a salir la mañana siguiente a las ocho para el viaje de tres horas.

Parte del problema de salir de improviso en un domingo fue además que no tenía ningún lazo palpable de mi compromiso con su obra, excepto un par de figuras. No tuve tiempo de conseguir un afiche ni nada por el estilo, y sus novelas no han sido editadas en ningún idioma occidental - solo los fans, como siempre, difunden de manera gratuita e ilegal por internet lo que por via legal sería inconseguible. Cuando le mencioné este problema a grandes rasgos, el maestro dijo que efectivamente había curioseado en las librerías alemanas sin encontrar nada de lo que él hacía, pero había visto muchos autores similares a su estilo que jamás serían editados en Japón. Cuanto más reflexiono, más me extraña qué clase de modestia será esa, el considerarse remplazable, descartable, como si el alcance popular de sus obras las convirtiera en fast food, cuando tienen una complejidad que demuestra todo lo contrario, cuando dejan marcas profundas no solo en millones de individuos, sino también para una historia de la literatura.

La otra pregunta personal que alcancé a hacerle fue sobre sus inicios como escritor. Cuenta que se inspiró tras leer una serie de cuentos de Steven King, e intentó publicar varias novelas por su cuenta. Como para la mayoría de mortales, los primeros pasos fueron frustrantes, hasta que se enroló a producir materiales en una empresa desarrolladora de videojuegos. Fue a partir de ahí que se diversificó hacia todos los medios imaginables y años después pudo también realizar proyectos y libros de iniciativa propia.

También habló sobre el writer's block, que a todos nos pasa, y dice que él prefiere no forzarlo y se dedica a armar modelos a escala. Muchos le preguntaron sobre Saya no Uta, respecto a la cual debo confesar mi incapacidad de leer visual novels. Dice Urobuchi que esta historia estuvo inspirada en el primer juego de Silent Hill, a partir del cual quiso crear un personaje que tuviera el "defecto" de ver el mundo monstruoso. Duda que algún productor se arriesgue con una adaptación de la tétrica historia, pero, en caso fuera posible, preferiría ver una película de acción real a un anime.

Sin duda todos ubican Fate/Zero y Madoka Magica, pero algunos se preguntarán cuál es la tercera historia que mencioné en mi primer párrafo. La verdad es que Urobuchi y el productor Takaki Kosaka vinieron a Alemania a promocionar su relativamente nuevo anime Gargantia. Urobuchi fue el padre de la historia, que se fue acomodando a otros aspectos de la producción, pero dice que se negó a escribir el capítulo de bikinis requerido por los estándares del anime shonen, y alguien más acabó rellenando las escenas cliché. La edición completa en Bluray de la serie contendrá dos episodios más que narran una sidestory. Proyectaron el primer episodio ahí, y diría que estuvo bien, aunque no sorprendente como las otras series mencionadas, pero veré algunos episodios más para ver qué tal.

Sobre la temporada de Kamen Rider samurai con bananas: No sabe / No opina. Respecto a esto y una posible segunda temporada de Psycho Pass, el autor dijo que nada puede asgurar aún, pero que de todas maneras, algo se viene.

lunes, 29 de abril de 2013

Los lenguajes del comic

Unos comentarios provisionales mientras escribo mi tesis, acabando de leer a Scott McCloud y reflexionando sobre The Sandman de Neil Gaiman.

sábado, 13 de abril de 2013

Borges y Lovecraft ante el horror de la differance

El tema para mi prueba oral surgió de una asociación confirmada por un cuento de Fernando Iwasaki, quien cuenta que al comprar por internet una copia del Necronomicón, le enviaron desde Buenos Aires un libro con infinita cantidad de páginas que lo dejó al borde de la desesperación. Intentó quemarlo, pero la pira de fuego se hizo eterna.

Borges advierte: "temí que la combustión de un libro infinito fuera parejamente infinita". Fue por eso que él no incineró el perturbador objeto que le fue entregado como "el libro de arena", sino que lo escondió en la Biblioteca Nacional. Hay registros posteriores de que Borges incluyó el Necronomicón en el catálogo de la biblioteca, y quizás se haya referido precismaente a aquel libro, del cual bibliotecarios posteriores se quisieran deshacer. El libro de arena y el Necronomicón del árabe loco Abdul Al-Hazred, por lo tanto, fueron siempre uno y el mismo objeto monstruoso.
Quizás haya sido mediante este objeto en particular que Borges fue contagiado con la febril demencia Lovecraftiana, la cual lo llevaría a redactar, tras años de resistencia, un relato lovecraftiano, incluido en el mismo volumen que la historia sobre el libro de arena. En aquel relato Borges se rinde al horror cósmico, aunque evita la mención de cualquier liber damnatus.

Fuera de la anécdota, Borges y Lovecraft tienen más en común de lo que ellos mismos creen. Para Borges, el universo, compuesto lingüísticamente como un cabalístico libro de dios, es un inevitablemente resultado de las infinitas combinatorias de signos finitos. Los textos del "horror" en Lovecraft son, precisamente, textos en los que la combinación, el lenguaje, la estructura misma de la significación se obscurece hasta volverse aleatoria y absurda. El Mal no es solo la destrucción física de unas cuantas personas y pueblos de Nueva Inglaterra; el verdadero Mal consiste en la destrucción de la significación, de la estructura del universo y el concepto de realidad en la que vivimos. Esa clase de mal no es otra cosa que lo que Jacques Derrida llama la differance y considera un destino inevitable inherente al lenguaje. A fin de cuentas, sin embargo, tanto en su contenido como en sus símbolos, las obras de Borges y Lovecraft viven de esta differance, de este juego: son combinatorias siempre nuevas de un número de elementos limitados. Eso también explica por qué los mitos de Cthulhu se siguieron escribiendo tras la muerte de su primer autor.

Pero todo esto es una conclusión y una tesis osada, la cual no llegué a explicar en el examen oral, al final del cual mi profesora insistió en que Borges era mucho más complejo que Lovecraft. Por supuesto, Borges es más consciente y explícito en todos sus textos, envuelto en engorrosas espirales metatextuales, que son la razón por la que sería mucho más difícil escribir un cuento borgiano (además del hecho de que el protagonista no podría ser el mismo Borges). Pareciera a momentos que los autores no tienen comparación; pero todo puede y debe compararse.

viernes, 8 de marzo de 2013

Yue contra Nietzsche


Cuando me hayáis negado del todo, recién entonces me habréis encontrado.
F.N. - Ecce Homo

Hace muchos años que pensé que algún día debería escribir un texto con este título, que sería mi deber distanciarme de una filosofía que siempre me pareció intachable y ejemplar, pero que predicaba, precisamente, la independencia y no la fidelidad. Al escribir "Nietzsche contra Wagner", el filósofo renegó de su maestro, pero nunca dejó del todo de identificarse con él y sus virtudes. Yo creo haber tras mucho tiempo encontrado los puntos en los que no soy nietzscheano.

Nietzsche niega a Dios, incluso niega la Verdad como una sola, pero afirma la Tierra y la Realidad, como si esta existiese evidente más allá de cualquier cuestionamiento, más allá de su infinita relatividad. El carácter y la identidad se forman con la alimentación y el clima, que para él son más reales que la mente. Particularmente curioso el ejemplo en el cual sostiene que los cielos abiertos son los que propician la genialidad y las grandes civilizaciones (París, Roma, Atenas), mientras los climas húmedos y nebulosos oprimen y adormecen el intelecto - para él un argumento por el cual la mayoría de alemanes son mediocres, pero si lo extrapolamos, también es un argumento más de en qué momento se jodió el Perú.


Nietzsche menciona que Dios ha muerto: lo reconoce como un hecho precedente, pero no es el primero en tirar la piedra ni menos aún el culpable de "matar a Dios" como dicen algunos. La célebre frase "Gott ist tot" no existe en su obra, Zarathustra solo menciona de pasada que compadece a aquellos que aún no se dieron cuenta, los últimos de la fila. Por otra parte son alucinantes las reacciones que sugerir lo preexistente provoca en quienes han vivido negándolo, quienes lo acusan de nihilista y de loco ateísta. Fue sobre Nietzsche que el místico ruso Soloviev escribiera su Breve historia del Anticristo, que a su vez fue de invaluable inspiración para los satanistas de la siguiente generación. Soloviev había predicho la llegada de un suprehombre divino, una nueva etapa de la humanidad que realizaría por fin el plan de Dios en el mundo, y cuando escuchó del éxito del superhombre nietzscheano, sintió que el fin de los días estaba cerca, que el apocalipsis era inevitable, y que los fieles debían luchar por sus vidas ante el terrenal y definitivo armagedón. Y es que, según Nietzsche, tantas religiones de revelación están en constante lucha apocalíptica contra la realidad misma:


"Desháganse o bien de sus veneraciones o bien - de ustedes mismos". Lo primero sería el nihilismo; pero ¿no sería lo último también - el nihilismo?
F.N. - La gaia ciencia

Nietzsche, por supuesto, es todo menos un nihilista. Es alguien que reinventa los valores y los restablece, pero que también deja muy en claro que es siempre necesario creer en alguna fuerza vital que nos saque adelante, y si el viejo Dios ha muerto, es indispensable crear alguno nuevo, alguno nuestro con el cual podamos identificarnos y seguir de cerca, alguien que nos ayude a encontrarnos a nosotros mismos entre el abismo de últimos hombres indiferentes, en un mundo ínfimo y desierto. Hasta ahí sigo a Nietzsche al pie de la letra.

Pero entonces, si el crimen de los predicadores de la muerte consiste en negar una Realidad evidente, ¿no se está afirmando que esta Realidad es la única posible? ¿No es ésta una forma de Verdad, en última instancia una hipóstasis de Dios a quien creíamos muerto? ¿No es precisamente ésta la sombra del Buda que aún se arrastra por el mundo después de su muerte?

Yo sigo siendo un "Hinterweltler", un trasmundano que vive en el más allá, más en las especulaciones de lo que podría ser que en el verdadero presente dionisíaco. Si experimento las posibilidades de lo sensorial, es precisamente en tanto estas son subjetivas, no son algo que me acabe formando a mí tanto como yo las constituyo a ellas al percibirlas, y como en busca de su ambigüedad deconstruyo la coherencia de la Realidad preconcebida. Sí, yo soy incluso antimundano, y en ese sentido podría ser, en la práctica, más nihilista que Nietzsche.

jueves, 14 de febrero de 2013

Campbell Mitopoiesis

Una vez más este blog ha atravesado las regiones de la muerte y vuelve a regresar de las mismas. Según el célebre Joseph Campbell, ese parece ser también el recorrido arquetípico de todo héroe. Por mi parte dudo mucho que lo que haga Campbell sea desenterrar arquetipos existentes, como él pretende. Más bien se trata de una apropiación bastante creativa de infinidad de fragmentos, tanto míticos como de cuento de hadas, literatura medieval y diversas tradiciones místicas. Campbell toma las partes que le interesan y las alínea para construir una propia historia que supuestamente está fundamentada en aquellos relatos de los cuales recortó sus materiales, pero que en su totalidad no encaja con ningún mito prexistente. Por supuesto, encaja a la perfección con Star Wars y la mayoría de historias de superhéroes, pero eso no es por análisis, sino por influencia: los autores posteriores han leído a Campbell y lo han tomado como receta, la receta de una sopa que a estas alturas ya se ha reproducido hasta la saturación más extrema.

Aristóteles por mucho tiempo también fue la fórmula prescriptiva, aunque jamás pretendió serlo. La poética es un análisis del teatro existente en la época del filósofo, ni siquiera es una definición precisa del concepto de tragedia porque Aristóteles jamás alcanzó a ver géneros como la novela o el melodrama, que se desarrollarían solo milenios después. Campbell, en cambio no es, en ningún sentido, un análisis, sino una creación ficcional sin fundamento de verdad prexistente. Como relato fantástico original, The Hero With a Thousand Faces es una obra influyente, y es en ese sentido que estudiarlo resulta imprescindible.

Pero digámoslo más claramente: lo fascinante de Campbell es que es, precisamente, una pastrulada psicodélica. Es uno de los chamanes pioneros del New Age. Y también hay quienes lo leen más de cerca, apropiándose de sus materiales a nivel no solo estructural sino enriqueciendo la misma narrativa, el mito artificial pero cósmico que, como todo mito, se vuelve real por obra de sus creyentes.

domingo, 1 de abril de 2012

El heraldo en el muelle

En verdad fue toda una historia mandarme a conseguir el libro de Hans Rothgiesser a distancia. Él ya se había conseguido mi novela cuando lo conocí, así que no fue posible directamente un intercambio. El primer libro, además, ya estaba agotado, y me fui sin haber podido encontrar el segundo, que por fin me fue enviado por encomienda. Para cuando lo terminé ya había vuelto brevemente por Lima y pude comentar con su autor en persona otra vez.

Las novelas de Hans son parte de una saga que hasta el momento no tiene cuándo acabar. Al completar el primer libro, Hans dijo que pensaba que serían cuatro, pero luego cambió de opinión. El tercer libro está en preparación y sigue narrando las aventuras e inagotables viajes de los heraldos. Se trata de un trabajo que sigue muy de cerca el estilo de la fantasía épica como en Tolkien, H.D.Lewis, George R.R.Martin y muchos otros menos agraciados. A momentos, la verdad, resulta incluso fácil distinguir la fórmula.

Sin embargo, mientras Tolkien dedica toda su obra a construir un único mundo completamente aislado, y Narnia sólo de vez en cuando intersecta con nuestra Tierra, las novelas de Hans no construyen dos ni tres, sino una miríada de dimensiones paralelas que se intersectan y penden en un balance político multiversal. Por supuesto, esto tampoco carece de precedentes, a los que el mismo Hans hace referencia al incluir el nombre de Asgard entre sus mundos. Como ir subiendo y bajando por las ramas de Yggdrasil, las posibilidades no paran de bifurcarse. Los personajes que habitan estos mundos son igualmente incontables, coloridos y exóticos.

También en la mitología andina, como en casi todas, se viaja entre Hanan, Kay y Uku Pacha. Pero para entender la obra de Hans parece más relevante conocer de mitología en general, pues las referencias a lo andino sólo son escasas e indirectas y se pierden entre el mar de criaturas. Como debe ser, supongo. A diferencia de lo que algunos atlas sugerirían, el Perú no es más grande que el resto del mundo, y aunque algunos espacios concretos sean limeños, esto no evita que el resto del planeta se vea reflejado.

Viajeros entre mundos es un tema que incluso podríamos reconocer, aunque teóricamente a otro nivel, en casos como Star Treck. Y como en Star Treck, el problema es que cuando los mundos se multiplican, se reduce el tamaño y complejidad de cada uno de ellos. La Tierra misma, en la perspectiva de los heraldos, parece resumirse en la ciudad de Lima, y ningún otro mundo parece tener en sí la diversidad y complejidad geográfica y social de esta tierra, o de la Tierra Media, o Narnia.

Por otra parte, en muchas cosas todos los mundos sí se parecen a la Tierra. Todos los seres, aunque sean mágicos o extraterrestres, tienen algo de antropomorfos, y sus hábitats tienen tres dimensiones en las que el tiempo y la gravedad discurren normalmente, e incluso la mayoría de veces con tierra, aire y agua. Supongo que hasta cierto grado es consecuente con una imaginación mítica antropocéntrica, a fin de cuentas alegórica, pero habría habido tantas otras posibilidades... Quién sabe, todavía queda mucho por narrar sobre los heraldos y quizás las cosas luego se pongan otro poco más extrañas.

Como parte de una saga, es curioso que el segundo libro inicie de forma bastante clara, que nos deja acercarnos al multiverso a través de personajes que también lo conocen por primera vez. El final, en cambio, queda inquietantemente abierto. No siento que se haya completado un ciclo narrativo o cerrado una etapa que pueda dar lugar a otra. Pero que la aventura tiene que seguir, de eso no hay duda. Aún quedan muchos mundos por explorar.

martes, 31 de enero de 2012

Nyngerología

Una vez más me estoy entregando a la nyngerología, esperando que esta vez mis resultados sean lo bastante sólidos como para merecer publicación. Lo que inició como un juego en simplemente traducir el texto del romántico Erwig Gurten, ahora se ha vuelto un sistema bastante más complejo que incluye la intersección del texto de Gurten con tantas capas filológicas por encima y por debajo. ¿Es Gurten un Novalis pasado de vueltas? ¿Será que él mismo inventó al cronista anacrónico a quien remite su texto, cual Side Hamete Benengelí? Pero, ¿qué clase de tlönista haría falta para traducir el texto de vuelta a su supuesto lenguaje original si este empezó siendo una fabulación? No hay tlönista más grande que Borges, y no me sorprendería demasiado si este proyecto fue semejante a esconder el Necronomicón en la biblioteca de Buenos Aires.

Lo cierto es que, incluso si mis profesores tampoco tienen idea sobre el tema, los libros aquí son mucho más accesibles, se pueden incluso traer de otras bibliotecas para prestárselos.

Triste el destino de los nyngeros, ahora que lo veo a distancia, casi diez años después de mi primera lectura. No sólo es paradójico intentar fundar una sociedad de antisociales, sino que la mera estructura del texto polifónico es, en sí mismo, ya un problema en el que la individualidad se hunde y la colectividad es precisamente lo único que sobrevive. Por más que cada uno de ellos grite más alto o intente grabar sus escritos más profundo en la pared, al final las crónicas del templo serán producto del todo, no de uno, y no habrá nadie que sea dueño consciente de la historia.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Sangre, demonios y mucho sexo - cuentos de Carlos Carrillo

Hace un par de años escribí una reseña de la tercera edición del libro "Para tenerlos bajo llave" de Carlos Carrillo para una revista sobre sexo. La revista estaba era proyecto de otro amigo que le había puesto el título Envergadura. No era pornográfica, pero tampoco dejaba de ser explícita y escatológica. Al final, nunca vio la luz, y ahora que rencuentro el texto, lo cuelgo aquí.

Lo conocí cuando empecé a frecuentar aquel oscuro hueco que ahora ha cambiado su nombre a Zarko. En medio de la colorida ebriedad de la calle de las pizzas tan cholibudense se abre, para el que sepa ver, un delgado pero profundo orificio con paredes negras recubiertas de rostros demoníacos, donde resuena hace años la furia de la música metal. Carrillo es un tipo bajo e intrigante, siempre con comentarios graciosos y una mirada maliciosa y ambigua, pero a la vez firme y parsimonioso, siempre indescifrable. De día es abogado, y de vez en cuando llegaba también al bar aún con saco y una corbata de Kiss, pero cuando podía siempre vestía casaca de cuero o un gran abrigo negro. Para muchos es El Pitufo Sodomita, y para algunos también un Maestro del Mal.

No fue poca mi sorpresa cuando me pasó por primera vez un cuento suyo. El tema no era otro que la condesa sangrienta Elizabeth Bathory, una legendaria bebedora de sangre y violadora, referente ineludible para todo metalero y/o vampiro, inmortalizada entre otros por grupos tan oscuros como Cradle of Filth y Venom. Algunos detalles dejaban que desear, pero el cuento como un todo hacía honor a la condesa, una figura a la que por cierto pocos cuentos han hecho honor (tenemos quizá las descripciones de Pizarnik), más aun en un país nacionalista que se jacta de una "tradición realista" y se niega a escribir sobre personajes foráneos. En fin. Poco después supe que este era en verdad parte de un libro, del que me hizo llegar la segunda edición, en cuya portada figuraba el cuerpo desnudo y sodomizado de una mujer sin rostro, y a la vuelta el mismo Carrillo, montado con un látigo sobre una caja de la que sobresalían la cabeza de alguna víctima con los ojos tapados. Evidentemente era un volumen bastante inapropiado para leer en espacios públicos. Como su título rezaba, más bien era "para tenerlo bajo llave". Pero, como dije, esta era la segunda edición. De la primera sólo he logrado escuchar rumores, que fue una publicación extremadamente clandestina, conocida por apenas un puñado de iniciados. Cabría también preguntarse por el contenido de aquel libro, considerando las diferencias entre la segunda edición y la tercera que ahora circula. Hay varias adiciones notables a modo de bonus tracks, como el par de temas en vivo y versiones alternativas que suele incluir la reedición de un buen disco metal, pero también se hacen extrañar varias de las andanzas del mismísimo Pitufo Sodomita.

Los bibliófilos que han comentado esta tercera versión, insisten principalmente en la malignidad y perversión que recorre los relatos de Carlos Carrillo. Tampoco es para menos. De manera contextualista han sugerido relacionar la obra de Carrillo con la de Sergio Galarza, Oscar Malca y demás posmodernistas decadentes con los que coincide en el desenfadado cinismo, el protagonismo de la banda sonora y, sobre todo, la violencia urbana. Cuentos como "Cristales rojos", "Euforia permanente" y "Si a trece le quitas cuatro tienes nueve" se centran en violaciones y asesinatos indiscriminados narrados a modo de hazañas personales. La indiferencia ante el entorno social a la vez que se agrava su degradación puede ser tildada flojamente de "realismo" como se ha solido hacer con esta generación. Sin embargo, en la narrativa de Carrillo estos temas son apenas la punta de un lovecraftiano iceberg que guarda en el fondo un amplio repertorio de monstruos y demencias mayores. (Lovecraftiano fue como califiqué a Carrillo en la presentación de su libro. Él meneó la cabeza y murmuró algunas cosas que daban a entender que no estaba muy de acuerdo, pero con cada relato suyo que leo me convenzo más de que ha logrado digerir a Lovecraft mucho mejor que yo por sus sueños espeluznantes, sus descripciones de cuadros satánicos y la sensación de un universo oscuro en constante expansión, a cada momento más profundo y enorme de lo que parecía, como un iceberg). Muertos vivientes, humanos artificiales, santas malditas y muchas otras bestias aguardan al final del oscuro pasillo. Bien vistos, la mayoría de sus cuentos le deben bastante más a la tradición de la literatura gótica, tan negada en el Perú, en la que lo demoníaco emerge del subconsciente y la pesadilla para materializarse de forma patente en nuestro mundo cotidiano.

Algo que sin embargo tienen en común casi todos los cuentos de Carrillo de ambas clases es el sexo. El sexo en sus más diversas e inusuales formas. Abunda ante todo el sexo oral, pero también está la urofilia, la zoofilia, el estupro infantil, la necrofilia, entre otros. Para comprender el papel que este elemento juega en los relatos de Carrillo, evidentemente habrá que relacionarlo con las demás cosas que plagan sus historias. El sexo invoca a los demonios y motiva a la mujer-lobo, pero es también practicado por héroes rebeldes y asesinos. En última instancia, se trata de una relación entre el sexo y el poder violento. Un sexo que representa la liberación a través de la violencia. Sería fácil caer en el freudismo para reducirlo a algo edípico y fálico, pero en Carrillo también los personajes femeninos adquieren poder de la misma manera que los masculinos, quizás hasta en mayor cantidad de casos. Ambos géneros entran en la misma condición de clandestinidad y fuerza brutal, revueltos en el amplio terreno fuera de lo permisible. El sexo, desde su condición de prohibido, abre las puertas hacia el universo de todo lo oculto y negado, lo que solemos "tener bajo llave", un mundo oscuro y desconocido de infinitas posibilidades y también gran peligro, la liberación de las pesadillas subconscientes que destruyen el mundo delimitado por la pacatería y la razón. Ahora recuerdo que nuestras conversaciones sobre lujuria y sadomasoquismo nunca han sido efusivas ni morbosas, sino siempre graves y serias.

Críticas como Rosermary Jackson han sostenido que en ese sentido la literatura gótica apunta a hacer un mundo más libre y mejor, esclareciéndonos al llevarnos más allá del oscurantismo y revelando puntos de vista productivos. Quizás no sea tan así, y sólo se trate de la explosión de una fuerza pujante e innegable que es el caos de la verdad de nuestras pasiones profundas, las cuales pueden traer placer y desgracia de forma igualmente desmedida y salvaje. Para Carrillo el caso más frecuente es el segundo. El sendero simplemente conduce a la perversión absoluta o la ley del más fuerte en la que el que no mata, muere, y los vencedores siempre son glorificados en su propia brutalidad.

Es en ese sentido que el sexo es más efectivo cuanto más degenerado, pues es mediante el espanto que causa que se convierte también en poder. Acaso para causar este espanto este sexo debe ser tanto más explícito y retorcido que la dulce y romántica necrofilia de Edgar Allan Poe u Horacio Quiroga, para la cual la sociedad ya ha tenido cierto tiempo de buscar escusas que la oculten y nieguen. Para invocar al demonio es que el sexo de Carrillo es crudo y espinoso, ruidoso cómo el más potente thrash metal, innegable.

martes, 26 de julio de 2011

Las sombras de Arkham

Hay una sombra, una duda que me sigue carcomiendo el reverso de los sesos, y lo peor es que no puedo decir exactamente qué es. Hay algo en Arkham Asylum que me sigue afectando. Sí, la idea de partida es genial, pero el desarrollo del guión no es nada impresionante. Los dibujos son buenísimos, pero en cuanto a narrativa gráfica, al uso de las viñetas, la verdad es que no me sorprendió. No mientras lo leía. Cerré el libro y pensé que sus criaturas quedarían atrapadas entre sus páginas, pero no fue así. Los demonios febriles laten en algún lugar entre mis nervios, recorren mi sangre como mugre infiltrada. ¿Cómo llegaron hasta ahí? Esa es la peor parte, que quizás siempre estuvieron ahí. Que quizás como el tarot y la misma casa de Arkham, el libro también es un espejo de los lados oscuros del alma, sus imágenes no son más que sombras que me obligan a nutrirlas de mi propio horror. Así como todos los villanos son los demonios del mismo Batman, que a su vez es sólo una idea del viejo loco Arkham, así mismo se convierten en la pesadilla de cada lector sin que este se dé cuenta, hasta que ya es demasiado tarde.

viernes, 22 de julio de 2011

El monje maldito

Entre las muchas historias que aparecen dentro de la historia de los Elíxires del diablo, la pequeña e inocente Aurelia cuenta la historia cómo de niña descubrió la existencia del Mal mientras leía la historia de la novela El monje de Matthew Lewis. Como muchas novelas románticas, Los elíxires del diablo de E.T.A. Hoffman también es un juego de cajas chinas, menos intrincado que algunos, pero estructurado como parte de la aventura errática, interminable, fugitiva, que siempre vuelve a empezar y se multiplica de las formas más inverosímiles, aunque sus personajes hayan muerto ya varias veces.
Pero el tema sobre el que lee Aurelia es también el tema de la novela de la que ella misma forma parte. El protagonista en ambos casos es un monje maldito, parte de monasterios que de por sí ya resultan extrañamente góticos. En alguna época, la iglesia solía ser símbolo de salvación. Escuché alguna vez a un viejo hablar con horror sobre el día en que los símbolos del bien y del mal se confundirían. Sonaba como una antigua profecía. Pero la transvaloración ha empezado hace mucho tiempo, y de hecho ya se ha completado muchas otras veces, como cuando Pan se transformó en Belzebú. Las cruces que pretendían elevar el cementerio hacia la vida eterna ahora son sólo parte de su lúgubre muerte, y las iglesias que solían ser el último refugio ante la perdición se vuelven el hogar mismo de los condenados.
El más emblemático de los monjes malditos, y cuya historia también aparece en la historia de los Elíxires, es por supuesto San Antonio, que como materia fue lo bastante demencial para merecer también un cuadro de Dalí. Las visiones más infernales sólo le son reveladas a los más santos, santificados por su enfrentamiento al Diablo. Al final, la diferencia que cuenta es entre lo terrenal y el más allá, mientras se pierde una clara distinción entre el bien y el Mal. ¿Cómo diferenciar las visiones divinas de las infernales? ¿Cómo saber si son lenguas por gracia del cielo o una posesión demoníaca? La línea es categórica, tajante, filosa, delgada, invisible, terriblemente arbitraria e intercambiable.
Definir el bien es crear el Mal. Partir el mundo en dos, soñar la pureza, es producir monstruos y demonios que emanan de la misma religión, que al final son parte de ella.
Medardus, por su parte, nace bajo el signo del bien y del mal a la vez, se balancea hasta el final sobre el filo de la navaja y logra alcanzar una extraña, imposible redención, quizás por el mismo hecho de destruir a sus congéneres. Ambrosio, en cambio, el monje de Lewis, sigue un camino de decadencia irreversible que lo acaba arrojando a las manos del Diablo y para convertirse él mismo en un demonio.

If God is our father, you thought, then Satan must be our cousin. Why didn't anyone else realize these important things?
Maynard James Keenan

miércoles, 15 de junio de 2011

[Thecnetos] Meta-apocalipsis cuántico en 16 dimensiones

Mientras tanto en otro lugar del espacio-tiempo, en algún punto entre Warhammer 40000 y Tarkowski...

Mi hermano siempre describía la serie animada de X-Men como una historia donde cada cinco minutos el mundo estaba a punto de acabarse. No es gratuito que el principal villano lleve el nombre de Apocalipsis, un personaje tan desproporcionado y obscenamente poderoso que destruye cualquier lógica y arroja la misma serie en una dirección absurda.
Sin embargo, el mundo puede acabarse trillones de veces más sin tener que rehuir al sentido. De hecho, es lógico que sea así. El libro de Luis Arbaiza me lo acaba de demostrar. Thecnetos [pronúnciese Θεχνετόζ, del griego "artificial"] se presenta como "Los últimos días del universo", y es la historia más apocalíptica que jamás podría imaginar. De hecho, implica un gran esfuerzo de imaginación con las monstruosas escalas que maneja, pues estos "últimos días" duran más de un trillón de trillones de años, 10^25002, "una cifra que no cabría en la totalidad de este manuscrito". Pero todos esos días y más, son los últimos, porque, un momento tras otro, el mundo se sigue acabando. ¿Cómo puede el mundo acabarse tantas veces? Después de la muerte no se siente nada, se menciona muchas veces en el libro, por lo que no se debe temer ni anticiparse a la muerte, que es un momento neutro. Sin embargo, la novela logra formar una monstruosa espiral ineludible, un hoyo negro donde el mundo se torna cada vez más desesperado, más complejo, más inevitable, pero no impide que le siga otro ciclo más de mayor horror, pues en un plano caben ininitas líneas. Si los últimos días duran tanto, ¿por qué no contar como últimos los que ya estamos viviendo? Quizás es como decía Heidegger, que la vida es una enfermedad mortal y la creación del universo implica su destrucción.
En esas escalas monstruosas necesarias para describir el destino no sólo del universo entero y sus millones de galaxias, sino de múltiples universos y trasmundos posibles y cuánticamente reales, es necesario manejar conceptos como metacorporaciones, metafilosofía, hipercubos y seres posthumanos. Todos estos cálculos están sustentados y demostrados, después de todo este libro no es puro cuento sino un "ensayo novelado" presentado por un gentista titulado y apoyado en una amplia bibliografía citada. Ciencia ficción pura y dura.
Como ensayo, Thecnetos es una obra de interés holístico, que aborda no sólo los campos de la física cuántica y la degradación entrópica del cosmos, sino que los pone en estricta relación con un concepto analítico de la genética, casi diría nuevamente metabiológico, y con preguntas fenomenológicas sobre la conciencia o el concepto de humanidad. Una obra ambiciosa, de peso.
Otra vuelta de tuerca: la inmensidad del universo y su inconmensurable metahistoria, al final, ha sido ya reducida por la soberbia humanidad, y el destino de esta se reduce sólo al juego de ajedrez entre dos o tres personas, que ni siquiera tienen un nombre completo. ¿L es descendiente del señor K u otro discípulo y doble de Light y Lawliet? ¿O acaso podría ser incluso más personal que eso? Al final, lo que le da sentido a la infinitud de materia debe provenir de una búsqueda personal, en la que los clones de todos los seres humanos posibles son sólo máquinas químicas, peones de carne para un interés particular.
El texto lo recibí de Luis en un intercambio de libros, en forma de una edición artesanal. Actualmente se puede leer completo en su página web. Esperamos que pronto aparezca una edición formal de algo que debería dejar huella en el mundo.

miércoles, 25 de mayo de 2011

God Damned! - Caín - Adelanto Spoiler

Hace ya un buen tiempo comenté sobre la primera aparición del manga peruano God Damned! que se centraba en la figura del golem de praga. Desde entonces he ido estableciendo contacto poco a poco con el autor Alonso Molina, quien recientemente me hizo llegar también un adelanto de lo que será el primer capítulo oficial de la saga. Como ya ha anunciado en su Facebook y su Deviantart, el personaje principal en verdad será Caín. El mismo Caín de la Biblia, claro, pero no por eso el mismo Caín de mi novela El Empalador, ni el mismo Caín de Sábato ni el de La Mascarada... Esta versión de Caín carga con la inmortalidad como un verdadero peso que sólo puede ahogar en alcohol. Su figura ya no es la del asesino ni tampoco la del vampiro, y aunque a momentos tiene tintes mesiánicos, sigue siendo demasiado decadente y cínico para dedicarse al bien. "Yo estoy de mi propio lado" dice, pero quién sabe a dónde lo acabe llevando el destino.
Sí, digo el destino porque a pesar de que lo bíblico se entrecruce con lo legendario y lo esotérico, dios sigue sin aparecer por ningún lado. Será que el destino de los seres en la Tierra es arreglárselos solos, incluso si el creador ya lo hubiera previsto todo e interviniera de forma invisible de vez en cuando. O será acaso que estos seres en particular están, precisamente, malditos por dios, God Damned, y luchan por su propia redención mientras el supuesto redentor les da la espalda.
Yo, obsesionado con las artes oscuras, no podía dejar de hacer observaciones sobre qué carta del tarot fue la que sacó, que debería sacar la luna y no al tonto, que sólo salen arcanos mayores... Pero si llego a ese punto es simplemente porque la historia está tan repleta de fantasía y taumaturgia, y lo maneja tan bien, además, que se impone tomarla muy en serio.
La disposición de las viñetas es un poco menos impresionante que en el volumen anterior, pero el dibujo se despliega nuevamente en una diversidad de texturas y un dinamismo para las escenas de acción que es simplemente delicioso. Incluso hay una secuencia metanarrativa en la que el estilo de dibujo cambia para ajustarse al tono del relato.
Ya, no cuento más, que con las justas me aguanto soltar los spoilers. ¿Pero cómo, cuándo, dónde se podrá seguir esta historia?- me preguntaban ya desde la nota anterior. Pues actualmente está por imprimirse con el grupo Perro muerto producciones, editores de los volúmenes recopilatorios Extraño, el reciente Angel Beats y el infame tabloide trolero-otaku-amarillista El Oniichan. El objetivo es estrenar hasta el capítulo 3 en el Otakufest, y seguirá al precio de 5 S/. Luego de eso sin duda lo encontrarán en la mayoría de eventos frikis, en algunos plantones y caravanas comiqueras, y quizás en Contracultura. Aún no llegamos a librerías comunes, pero creo que estamos avanzando. Por cierto, mientras yo no pase por Lima, no tendré más que el PDF que me mandaron. Tendré que buscar alguien que me lo traiga cuando salga...

Por cierto, hoy es día del orgullo friki. Es la primera vez que me doy cuenta a tiempo. Feliz día a todos los frikis. Yo soy friki y estoy orgulloso de ello.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Congreso de escritores de literatura fantástica y ciencia ficción en Lima: Videos

Aquí algunos videos del Congreso de autores de literatura fantástica y de ciencia ficción que se diera el fin de semana pasado. Hubo mucho más de lo que cualquiera pudiera haber filmado. En la mesa de autores falta la intervención de Yeremy Torres, las ponencias de exhumaciones desde un principio estuvieron muy buenas, Alejandro Neyra presentó un tema interesantísimo sobre Lovecraft, Daniel Salvo esta vez intentó un acercamiento a Stephen King, y tantas otras cosas a las que ni siquiera tuve tiempo de asistir.

Preguntas y discusión de la mesa de Exhumaciones de la Literatura fantástica, entre Francisco Najarro, Eduardo Lino y César Espinoza, respecto al cuento "El manco" de Manuel González Prada y "María Marimacha" de la tradición oral.


Intervención de Yeniva Fernández.

Primera intervención de Julio Meza respecto a sus experiencias de publicación en el medio peruano.

Carlos Freyre respecto a su novela el Fantasmocopio, sus experiencias personales y la fantasía.

Segunda intervención de Julio Meza respecto a la Literatura fantástica en el Perú.

Intervención de Augusto Murillo sobre lo extraño en la vida cotidiana y la actitud frente a ello.


Carlos Saldívar sobre Dean Koontz.

domingo, 27 de febrero de 2011

Ángeles Nocturnos

Si creían que Glauconar Yue no podía ser un nombre, prueben con JC. "Pero, quién es... JC" nos pregunta la misma contracarátula de su novela Ángeles nocturnos. La única pista que tenemos es una foto borrosa y recortada, con lentes que no se distingue si son ópticos o de sol, y algunos datos personales muy vagos. El vendedor que lo albergaba en su tienda, en cambio, me decía que sí conocía al pata. El hecho es que encontré el libro de casualidad, pasando por el centro comercial Arenales un día en el que nadie me esperaba ahí. Al encontrar una novela osucra, según el vendedor gótica, rodeada de revistas otaku y con dibujos de estilo comiquero entre sus páginas, pensé que tendríamos mucho en común.
La verdad, en el blog del autor ya hay comentarios que dicen "tu obra es pésima". Pero quizás Ángeles nocturnos también deba leerse como una película de serie B. Más que esforzarse por pasar por alto sus faltas ortográficas y su accidentado vocabulario, todo contribuye a una situación de absurdo. Hasta el final de la novela no tenemos ni siquiera la más remota idea de que el autor mismo sepa por qué persiguen a Berónica(sic). Quizás más interesante que eso sea reparar en el evidente hecho de que atrapar a una humana común, con una vida cotidiana mediocre y que lamenta no estar en forma, pueda resultar tan difícil para seres de otro mundo. De qué otro mundo también es imposible de determinar, pues se describe a los ethsolds como ángeles, pero no tienen nada que ver con ningún dios ni con el cielo ni el más allá, sino más bien con un reino futurista del cual son soldados teconológicos. Estos seres, que al comienzo parecieran surgir de una pesadilla paranoica, no logran siquiera sorprender a ninguno de los humanos y, con su pseudomagia y gadgets intergalácticos tan inútiles, provocan compasión y hasta identificación. Y en ese sentido, estoy más dispuesto a enternecerme con sus personajes más inesperados que a hacerme de la vista gorda o perdonar a alguien por ser su primera vez.

jueves, 17 de febrero de 2011

El hombre, el lobo y el mono

Hace ya un par de semanas salió en la colección de la República un brevísimo volumen con tres cuentos de hombres lobo. Es sintomático que haga falta una recopilación, pues la figura del licántropo no cuenta con un representante literario de peso, sino sólo referencias desperdigadas, un mayor arraigo en el folklore, pero ningún gran personaje único. Su trascendencia se la debe más bien a las películas de monstruos en las que se consolidó, ligeramente, la estirpe de los Talbot. Incluso así, la revisión de este volumen no deja de producirme gran interés y provocarme varias impresiones y conclusiones. Pero vamos por partes.
El primer relato, El lobo gris, resulta demasiado escueto y con infinidad de cabos sueltos. El plato fuerte, en cambio, es el cuento del entrañable Rudjard Kippling. Como habría de esperarse de Kippling, el cuento sucede en la India. Esto no tendría relevancia si no coincidiera con la anécdota mencionada en la película The Wolf Man y el cuento de Leopoldo Lugones titulado ocasionalmente La licantropía. Parece que según varias versiones europeas, el hombre lobo viene de la India, aunque no exista una versión hindú del caso. Con el cuento de Leopoldo Lugones, además, existe otra extraña coincidencia. Habría que aclarar que para el argentino, licantropía se refiere, en contra de su etimiología, a la transformación del ser humano en cualquier animal. En este caso, de hecho, se trata de un mono. Probablemente sea por eso que el relato se haya hecho más conocido con el insípido título de Un fenómeno inexplicable. Pero en fin, volviendo al cuento de Kippling, el hombre se convierte en lobo o una bestia que se compara con él, pero por obra y gracia de Hanuman. ¿Quién es Hanuman? El célebre dios mono, que en verdad no tiene mucho que ver con los lobos. Algo hay entre los lobos y los monos, entre el folklore europeo y la religión hindú. Sin embargo, queda por desentrañar dónde estará esa conección, por ahora entre sombras.
El tercer cuento del volumen, de Eugene Field, es por otra parte el más explícito y coherente. Su narración es clara, rápida y concisa. Sus referencias teutónicas también construyen un trasfondo medieval decadente y, sin embargo, es precisamente esta claridad, esta luz que echa sobre el asunto, la que disipa la oscuridad y el misterio.
Otro aspecto que se nota en los tres cuentos es uno que logra contrastar por fin al hombre lobo con la idea clásica del vampiro. El horror, en los tres relatos, no proviene del lobo como un monstruo agresivo o un enemigo que fuera a atacar al héroe. El problema del hombre lobo es precisamente que no es un monstruo a tiempo completo, el horror no está en enfrentar al hombre lobo, el verdadero horror es ser el hombre lobo. Si bien para Rosemary Jackson el "mito de Drácula" se centra principalmente en el contagio, esta no ha sido una característica trascendente para los demás vampiros clásicos, como Lord Ruthven y Carmilla, y en cambio lo importante es que el mismo Drácula de la novela es, en todo momento, un monstruo de pies a cabeza, esencialmente malo. El hombre lobo, en cambio, es poseído por un mal, una maldición, y ni siquiera hace diferencia si esta se contagia por mordida, por rituales y por herencia, siempre y cuando viene de afuera y penetra en el ser, disgregando el yo. Esta desintegración de la identidad es la razón por la que la figura también ha sido comparada con el extraño caso del Dr. Jeckyl y el Sr. Hyde.
Por supuesto, esto pierde relevancia con interpretaciones recientes. Cuando se intenta enfocar el punto de vista de ser un vampiro, como hace Anne Rice, el resultado, desde cierto punto de vista, no es tan distinto. Cuando se los mete en el mismo saco y se los chocolatea con antologías de monstruos junto con zombies, fantasmas, marcianos y robots, hasta convertirlos en parte de un repertorio estándar de malos, es bastante seguro que su sentido original se haya perdido por completo y que la distancia entre sujeto y objeto esté insalvablemente banalizada.

viernes, 11 de febrero de 2011

John Giorno

John nos contó de la vez que estuvo ante la puerta del departamento en el que treinta y cinco años antes viviera García Lorca. Los grandes poemas de la generación beat son parte de la experiencia personal. Los poemas de John, entonces, no son solo para leerlos en papel o en pantalla, ni es que la performance sea un fenómeno "audiovisual" de los "nuevos medios", sino, muy al contrario, una experiencia de estar presente y vivir el momento. Sin duda, tal como una estela de luz surgió en su interior al meditar durante la agonía de William Boroughs, estar frente a John, verlo y ser vistos por él, nos transmite también algo de su bendición profana. Por eso, más que comprar su libro, lo importante era sentarme aunque fuera un segundo a conversar con él, hacerle una pregunta personal por absurda que fuera y ver sus ojos cuando, sin que yo se lo dijera, no me preguntó sino que afirmó: "Oh, you're a poet". Sé que solo fui uno más en la cola en ese momento, que jamás podría haberse dado la intimidad necesaria para completar el sentido que intento darle a ese momento, e incluso así fue algo que me sucedió, no solo pero también, a mí.


Es extraño, casi paradójico pensar que alguien sobrevivió a la generación beat. Es significativo notar que John recuerda a muchos de sus amigos muriendo o muertos en varios de sus poemas. En las versiones escritas y actuadas que he encontrado de esta pieza, siempre dice que es una obra más larga, pero que se referirá a esa parte específica llamada "What Went Into William Borrough's Coffin With His Dead Body". Me hace pensar que el resto de esa obra tan larga quizás ni siquiera exista, que es parte de la performance decir que es larga, como debería ser una obra fúnebre. En fin, estoy especulando.