sábado, 13 de abril de 2013

Borges y Lovecraft ante el horror de la differance

El tema para mi prueba oral surgió de una asociación confirmada por un cuento de Fernando Iwasaki, quien cuenta que al comprar por internet una copia del Necronomicón, le enviaron desde Buenos Aires un libro con infinita cantidad de páginas que lo dejó al borde de la desesperación. Intentó quemarlo, pero la pira de fuego se hizo eterna.

Borges advierte: "temí que la combustión de un libro infinito fuera parejamente infinita". Fue por eso que él no incineró el perturbador objeto que le fue entregado como "el libro de arena", sino que lo escondió en la Biblioteca Nacional. Hay registros posteriores de que Borges incluyó el Necronomicón en el catálogo de la biblioteca, y quizás se haya referido precismaente a aquel libro, del cual bibliotecarios posteriores se quisieran deshacer. El libro de arena y el Necronomicón del árabe loco Abdul Al-Hazred, por lo tanto, fueron siempre uno y el mismo objeto monstruoso.
Quizás haya sido mediante este objeto en particular que Borges fue contagiado con la febril demencia Lovecraftiana, la cual lo llevaría a redactar, tras años de resistencia, un relato lovecraftiano, incluido en el mismo volumen que la historia sobre el libro de arena. En aquel relato Borges se rinde al horror cósmico, aunque evita la mención de cualquier liber damnatus.

Fuera de la anécdota, Borges y Lovecraft tienen más en común de lo que ellos mismos creen. Para Borges, el universo, compuesto lingüísticamente como un cabalístico libro de dios, es un inevitablemente resultado de las infinitas combinatorias de signos finitos. Los textos del "horror" en Lovecraft son, precisamente, textos en los que la combinación, el lenguaje, la estructura misma de la significación se obscurece hasta volverse aleatoria y absurda. El Mal no es solo la destrucción física de unas cuantas personas y pueblos de Nueva Inglaterra; el verdadero Mal consiste en la destrucción de la significación, de la estructura del universo y el concepto de realidad en la que vivimos. Esa clase de mal no es otra cosa que lo que Jacques Derrida llama la differance y considera un destino inevitable inherente al lenguaje. A fin de cuentas, sin embargo, tanto en su contenido como en sus símbolos, las obras de Borges y Lovecraft viven de esta differance, de este juego: son combinatorias siempre nuevas de un número de elementos limitados. Eso también explica por qué los mitos de Cthulhu se siguieron escribiendo tras la muerte de su primer autor.

Pero todo esto es una conclusión y una tesis osada, la cual no llegué a explicar en el examen oral, al final del cual mi profesora insistió en que Borges era mucho más complejo que Lovecraft. Por supuesto, Borges es más consciente y explícito en todos sus textos, envuelto en engorrosas espirales metatextuales, que son la razón por la que sería mucho más difícil escribir un cuento borgiano (además del hecho de que el protagonista no podría ser el mismo Borges). Pareciera a momentos que los autores no tienen comparación; pero todo puede y debe compararse.

1 comentario:

Indraxus dijo...

si lees el inmortal verás la influencia de Lovecraft sobre todo si lo comparas con la ciudad sin nombre.