viernes, 23 de abril de 2010

Vincent Price


Por célebre y apasionado actor que sea, Vincent Price nunca dejará de ser pacharaco. Por pacharaco que sea, Vincent Price nunca dejará de ser un clásico. Sí, está más al nivel de Bela Lugosi que al del gran poeta que recita. Le va mejor ser la voz del Thriller de Michael Jackson que representante de un tema verdaderamente grave. El leve borde entre lo verdadera y abusrdamente trágico y su parodia involuntaria no evita que ambos sean disfrutables en su propia forma.

jueves, 8 de abril de 2010

The Industrial Sound

Intenté hacerme una idea más clara sobre qué es el industrial, pero como con todos los géneros de música popular, parece que en verdad nadie lo sabe. Yo pensaba que tenía algo que ver con los Einstürzende Neubauten, o si no que Rammstein era la cara más comercial de un género complejo pero coherente. Tenía la impresión de que, en algún punto, el concepto de la música electrónica pesada coincidiría con el uso de ruidos o al menos samples de máquinas reales, chispeantes o aceitosas. Pero como todo género, el industrial abunda en ramas por las que irse, y quizás en sí mismo es sólo un atado de ramas sacadas a su vez de otros géneros. O al menos algo que se puede decir para el industrial en general es que no serían ramas, sino fierros o cables. Aunque los cables siseantes, los motores retumbantes y las cadenas chirriantes no se escuchan mucho en el gothic-industrial. Los ruidos aquí son electrónicos, tanto como los de cualquier tecno, y como cualquier tecno repite el mismo ritmo, melodía y frases pregrabadas ad nauseam. Y es que, a pesar de todo, se trata igualmente de música bailable para discotecas. Discotecas góticas, pero discotecas nada más. No es una música que valga la pena detenerse a escuchar prestándole atención a los detalles. De hecho, sus más acérrimos fans tampoco sostienen que sea exactamente música, sino que hablan de "the industrial sound". Un sonido no contable o discernible como si fuera una canción, sino parte de una continuidad líquida, como una oscuridad viscosa para envolvernos con su densidad homogénea en todas direcciones.



Si lo gótico es vivir con la muerte dentro, el cyber-goth, inevitablemente ligado al gothic-industrial, es reconocer que la tecnología humana es sin duda una fuente de muerte con la que convivimos diariamente. Desde la radioactividad ochentera hasta las más recientes noticias de cómo se muerte el planeta, sin olvidar la máscara de gas de rigor, una forma de abordarlo es reconociendo honesta, quizá cínicamente (porque el cinismo no es más que un exceso de honestidad en la impotencia actancial), que el progreso tecnológico da muchos medios a la humanidad para su propia destrucción y que, a estas alturas, no queda mucho que hacer. Todos ya estamos condenados, y la opción menos hipócrita es aceptarlo y celebrarlo.

Opuesto a esto están los que insisten en un "industrial-that-desn't-sound-like-dancemusic", lo cual nos devolvería, efectivamente, a un uso más intensivo de los samples mecánicos, los ruidos insufribles, las explosiones multiplicadas digitalmente, pero también la multiplicación digital de las voces reiterantes, en un ritmo que a pesar de todo no logra librarse nunca de una noción de pista de baile, sólo que en base a elementos distorsionados a los que es sumamente difícil adecuarse, casi como hacerse de la idea de masticar el concreto o alimentarse de plutonio. Por este lado, Feindflug y Terrorfakt.



Otra rama de un género diferente que se adjunta es el industrial-metal. En cuanto a este caso, hay que decir que por un lado se trata de música electrónica oscura que de metal tiene poco, o de Death Metal puro y simple que tiene escasos rastros industriales.

Hay también bandas que son famosas como industrial aunque de corazón sean radicalmente anarcopunks. Célebre caso de Nine Inch Nails, y también muy notable para los menos conocidos Atari Teenage Riot. Aparte de destrozar guitarras y lanzar gritos antisistema, también tienen mezclas electrónicas bastante agresivas. ¿Pero no debería eso llamarse electropunk o algo así? La verdad a estas alturas ya me canso de discernir de donde proviene los sonidos originales y simplemente veo que, como un todo, el tema ha tomado la forma de un monstruoso cruce entre licuadora y lavadora gigante, hundido por la borrosidad de un lo-fi, pero sin dejar nunca de lado los breakbeats más o menos trillados y recurrentes. Tanto smog y engranaje ha logrado por fin hacerme doler la cabeza. Quizá eso es lo que debería hacer el industrial, o quizá debería cambiar mi propia cabeza por una de acero.


sábado, 3 de abril de 2010

We're up to see the wizard

Además de mis propias ocurrencias steampunk de pequeñas autómatas o criadas mecánicas, me he subido al proyecto de un amigo para crear una versión alterna del Mago de Oz. Quizá yo mismo me lo estoy tomando más en serio que quien concibió la idea original, sobre todo tras el fiasco de una adaptación que comenté hace poco. A primer nivel, podrá pasar por una versión en un mundo moderno realista, pero sobre todo pretendo que resulte algo psicológicamente retorcido, explotando los límites de los símbolos convocados por Frank L. Baum para sondear las problemáticas existenciales de la conciencia. A Oz se llega para volver, o incluso, a Oz nunca se llega, en Oz siempre se vuelve. Todo en Oz es infaliblemente redondo: todo lo que se busca se tiene, siempre debe haber una bruja más, y quien más respuestas pretende tener es en verdad el más ignorante de los mortales. La circularidad indisoluble y paradójica de una realidad intersubjetiva, donde nada tiene sentido ni existencia por sí mismo, sólo en el flujo, casi una idea cuántica.
Es curioso cómo la película de la MGM con Judy Garland resulta a fin de cuentas mejor referencia que la misma novela de Baum, que ya casi nadie recuerda como tal. Pero claro, también es memorable la filmación negra funky con Michael Jackson en sus buenos tiempos, un antecedente de una versión bastante más urbana y oscura, sumamente significativa. Por último, una referencia que guarda particular significación para mí personalmente es un libro alemán que tuve desde mi infancia por muchos años como única fuente del relato y caló en mi memoria más fuertemente que cualquier Judy Garland. Fue reescrita por un tal Martin Auer y parece fiel en la mayoría de cosas, pero no sé en cuáles deja de serlo. Sin embargo el lujo de detalles, las voces y perspectivas que permite la narrativa, amplían mucho el horizonte y material del que nutrirme en un proceso de reescritura.
Por último, eso: la reescritura. Quizá parezca algo cómodo para mí a estas alturas preocuparme más por la superficie y el flujo inmediato de los diálogos, por el modo, que por la solidez de la trama subyacente o la tensión y la preocupación por el cómo acabará. ¿Alguien leería una versión del Mago de Oz sin saber ya el final? Todo lo contrario, puedo hasta contar con los referentes más asentados como requisito para que esta versión alterna adquiera sentido. ¿Cómo sin embargo, mantiene tensión e interés algo de lo cual todo el mundo ya conoce el final? No basta con prometer un final alterno. Como en todo momento, aquí también hay que hacer valer el viaje, que el camino mismo sea la gracia, y no apuntar nunca a que se termine.