sábado, 12 de mayo de 2012

Iberoamerikakreis

Me invitaron a participar en el círculo iberoamericano de Dortmund. Empezó siendo un círculo cerrado, como cuando la gente recorre miles de kilómetros sólo para aferrarse mucho más a su vieja identidad y enrollarse en una bolita incluso más pequeñita. Y todo el jijijí jajajá tan clásico de la cultura latina. Me llegó incluso a recordar al club miraflorino donde acabé leyendo mis sonetos que la oligarquía limeño-miamina había premiado sólo por estar en verso y para darse un poco más de caché a sus decadentes despojos. Aquella vez, cuando se dieron cuenta de lo que realmente hacía, quedaron desconcertados al haber invitado a la máscara de la muerte roja al baile de los últimos nobles.

Esta vez, la reacción fue otra. Sorpresa, sin duda, decían no haberse topado con literatura gótica antes en su vida. Y sin embargo, la esfera que era un botón empezó a abrirse. Aceptaron la posibilidad de un terreno desconocido y de que siempre hay algo más allá. Por supuesto, es solo un primer paso, pero es el más importante. Lo que hacía falta era la disposición necesaria, y aquí está. Citas de Nicanor Parra, Noticias de Gurp y guitarra española. Sin duda volveré a pasar por aquí.

domingo, 1 de abril de 2012

El heraldo en el muelle

En verdad fue toda una historia mandarme a conseguir el libro de Hans Rothgiesser a distancia. Él ya se había conseguido mi novela cuando lo conocí, así que no fue posible directamente un intercambio. El primer libro, además, ya estaba agotado, y me fui sin haber podido encontrar el segundo, que por fin me fue enviado por encomienda. Para cuando lo terminé ya había vuelto brevemente por Lima y pude comentar con su autor en persona otra vez.

Las novelas de Hans son parte de una saga que hasta el momento no tiene cuándo acabar. Al completar el primer libro, Hans dijo que pensaba que serían cuatro, pero luego cambió de opinión. El tercer libro está en preparación y sigue narrando las aventuras e inagotables viajes de los heraldos. Se trata de un trabajo que sigue muy de cerca el estilo de la fantasía épica como en Tolkien, H.D.Lewis, George R.R.Martin y muchos otros menos agraciados. A momentos, la verdad, resulta incluso fácil distinguir la fórmula.

Sin embargo, mientras Tolkien dedica toda su obra a construir un único mundo completamente aislado, y Narnia sólo de vez en cuando intersecta con nuestra Tierra, las novelas de Hans no construyen dos ni tres, sino una miríada de dimensiones paralelas que se intersectan y penden en un balance político multiversal. Por supuesto, esto tampoco carece de precedentes, a los que el mismo Hans hace referencia al incluir el nombre de Asgard entre sus mundos. Como ir subiendo y bajando por las ramas de Yggdrasil, las posibilidades no paran de bifurcarse. Los personajes que habitan estos mundos son igualmente incontables, coloridos y exóticos.

También en la mitología andina, como en casi todas, se viaja entre Hanan, Kay y Uku Pacha. Pero para entender la obra de Hans parece más relevante conocer de mitología en general, pues las referencias a lo andino sólo son escasas e indirectas y se pierden entre el mar de criaturas. Como debe ser, supongo. A diferencia de lo que algunos atlas sugerirían, el Perú no es más grande que el resto del mundo, y aunque algunos espacios concretos sean limeños, esto no evita que el resto del planeta se vea reflejado.

Viajeros entre mundos es un tema que incluso podríamos reconocer, aunque teóricamente a otro nivel, en casos como Star Treck. Y como en Star Treck, el problema es que cuando los mundos se multiplican, se reduce el tamaño y complejidad de cada uno de ellos. La Tierra misma, en la perspectiva de los heraldos, parece resumirse en la ciudad de Lima, y ningún otro mundo parece tener en sí la diversidad y complejidad geográfica y social de esta tierra, o de la Tierra Media, o Narnia.

Por otra parte, en muchas cosas todos los mundos sí se parecen a la Tierra. Todos los seres, aunque sean mágicos o extraterrestres, tienen algo de antropomorfos, y sus hábitats tienen tres dimensiones en las que el tiempo y la gravedad discurren normalmente, e incluso la mayoría de veces con tierra, aire y agua. Supongo que hasta cierto grado es consecuente con una imaginación mítica antropocéntrica, a fin de cuentas alegórica, pero habría habido tantas otras posibilidades... Quién sabe, todavía queda mucho por narrar sobre los heraldos y quizás las cosas luego se pongan otro poco más extrañas.

Como parte de una saga, es curioso que el segundo libro inicie de forma bastante clara, que nos deja acercarnos al multiverso a través de personajes que también lo conocen por primera vez. El final, en cambio, queda inquietantemente abierto. No siento que se haya completado un ciclo narrativo o cerrado una etapa que pueda dar lugar a otra. Pero que la aventura tiene que seguir, de eso no hay duda. Aún quedan muchos mundos por explorar.

martes, 31 de enero de 2012

Nyngerología

Una vez más me estoy entregando a la nyngerología, esperando que esta vez mis resultados sean lo bastante sólidos como para merecer publicación. Lo que inició como un juego en simplemente traducir el texto del romántico Erwig Gurten, ahora se ha vuelto un sistema bastante más complejo que incluye la intersección del texto de Gurten con tantas capas filológicas por encima y por debajo. ¿Es Gurten un Novalis pasado de vueltas? ¿Será que él mismo inventó al cronista anacrónico a quien remite su texto, cual Side Hamete Benengelí? Pero, ¿qué clase de tlönista haría falta para traducir el texto de vuelta a su supuesto lenguaje original si este empezó siendo una fabulación? No hay tlönista más grande que Borges, y no me sorprendería demasiado si este proyecto fue semejante a esconder el Necronomicón en la biblioteca de Buenos Aires.

Lo cierto es que, incluso si mis profesores tampoco tienen idea sobre el tema, los libros aquí son mucho más accesibles, se pueden incluso traer de otras bibliotecas para prestárselos.

Triste el destino de los nyngeros, ahora que lo veo a distancia, casi diez años después de mi primera lectura. No sólo es paradójico intentar fundar una sociedad de antisociales, sino que la mera estructura del texto polifónico es, en sí mismo, ya un problema en el que la individualidad se hunde y la colectividad es precisamente lo único que sobrevive. Por más que cada uno de ellos grite más alto o intente grabar sus escritos más profundo en la pared, al final las crónicas del templo serán producto del todo, no de uno, y no habrá nadie que sea dueño consciente de la historia.