lunes, 24 de noviembre de 2008

Sócrates y Makoto Shishio

Sobre la ley del más fuerte, creo que los argumentos fundamentales para esta discusión siguen remitiéndose a Sócrates, pues poca filosofía posterior es lo bastante dialéctica como para considerar la posición opuesta y se empoza casi en su totalidad en dogmas cristianos o anti-cristianos. Considerando, pues, aquel diálogo con Calicles en casa de Gorgias donde nuestro filósofo sostiene que, si los más fuertes tienen derecho a más, entonces también hay que considerar que las grandes masas y mayorías son más fuertes que cualquier individuo, que por tanto es, al fin de cuentas, justificado el derecho mayoritario y la democracia que reune a individuos débiles y mediocres en una masa fuerte; vemos que así también se justifica y sostiene el cristianismo y otros utilitarismo, donde el más hábil y valeroso es más bien castigado a trabajar el doble que el mediocre e inútil. Frente a esta paradoja cabe, sin embargo, volver sobre otro argumento del mismo Sócrates, enunciado más temprano en el mismo diálogo: le dice Sócrates a Polo, pues, que el poder sólo es tal en la medida en que uno puede utilizarlo verdaderamente para cumplir sus metas, que por lo tanto alguien que tiene poderes ilimitados que rebasan su capacidad de juicio y criterio no es en verdad poderoso, pues acabará únicamente perjudicándose en el uso de armas que no sabe controlar. Cabe ver cuán cierto es esto para las masas, que incluso por lo general sólo funcionan como masas en la medida en que carecen de su conciencia de masa, mostrosos ríos de mugre acéfalos, el leviatán de Hobbes. La masa no es poderosa, en todo caso es un poder, por tanto poderoso es el individuo consciente y escaso que domina la masa. La ley del más fuerte recupera su coherencia interna, al menos por ahora.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Bichos

A pesar de sus mediocres doblajes, aprecio mucho a Animax por darme a conocer animes de los cuales de lo contrario nunca habría escuchado. Así es el caso de Wolf's Rain (aunque a este quizás habría llegado tarde o temprano por Yoko Kanno y el estudio Bones y uno que otro amigo que lo mencionase furtivamente... quizás), de Los Doce Reinos (este sí, definitivamente, muy poco comentado), y algunas otras no tan brillantes pero aun interesantes e igualmente ignoradas. Recientemente es el caso de Mushishi, que me ha causado una sobrecogedora primera impresión. Una chica condenada a vivir en la oscuridad, en el aislamiento, que en la incertidumbre de su subjetividad absoluta empieza a descubrir un mundo alterno, subyacente (la desesperación del encierro absoluto en la propia mente, de reconocer al fin de cuentas nuestra inevitable condición de no conocer más que nuestros propios pensamientos me recuerda también al video de One de Metallica que me dio uno de los más viscerales escalofríos en años cuando lo vi por primera vez hace no mucho). El mar de seres que habita en la oscuridad, bajo los párpados, que sólo se puede ver dando la espalda al día. La incertidumbre, el miedo, la negación de lo que no es real ni irreal porque simplemente es en sí mismo un concepto de realidad distinto. Los mushi(), bichos, en todo el sentido bizarro, plural e impreciso de la palabra, sintomático, como en Cortázar. Verdaderamente es infinito e incontable el número de vidas que existen en lo oculto, en lo negado, en el riesgo de conocer las cosas por su lado oscuro. Ese fue sólo el primer capítulo, veremos mañana a la noche cómo se desarrolla.

lunes, 10 de noviembre de 2008

¡Realmente fantástico!

En una lectura estructuralista tradicional, lo fundamental es el análisis en la medida de la explicación de la relación entre las partes de un todo. Para esto, es fundamental que este todo esté claramente delimitado; por ende, es determinante el final. Sin embargo, en una serie larguísima o cualquiera que resulta en cierto grado episódica, es posible también leer la obra sin leer el final (el final que gran parte de los espectadores nunca llegan a ver, que quizá los autores no esperen que sus espectadores vean, que es perfectamente dispensable para el común y razonable disfrute y comprensión de 90% de la obra). En ese caso, se trataría más bien de una lectura intratextual episódica, donde cada episodio se superpone al otro y crea un architexto, mucho más relevante que la posición de la totalidad de este texto frente a un architexto externo. El final, después de todo, tiende a ser lo más fuertemente diferencial de una obra frente a otras, pero el espectador no ve la obra por su final, más bien todo lo contrario, sigue el relato interminable por lo que le ofrece la jornada, por lo que ya viene descubriendo. Claro, también por lo que espera descubrir (Héroes), en la medida en que esta es creada por los episodios anteriores, no realmente por lo que vendrá al final. Quizá en verdad sea mucho más fascinante en la medida en que estas interrogantes no se resuelvan completamente sino que se refundan constantemente en interrogantes nuevas, que no nos dejan cerrar la historia.

sábado, 8 de noviembre de 2008

La estructura vacía

Levi-Strauss se queja de que la aplicación de su método estructural al análisis de textos literarios carece de rigor, pues no procede, a diferencia de la antropología, en un ir y venir entre la realidad social y sus símbolos, sino que se queda en los meros símbolos mismos, se limita a leer el texto mismo fuera del cual pretende que no existe nada. ¿Pero qué existe para el texto fuera del texto?
Quizá alguna relación guarde esto con la idea de los monjes medievales que acabaron incorporando fórmulas astrológicas y alquímicas a la angelología, según los más críticos con el mero fin de oscurecer la doctrina dominante y alejar los códigos del poder de la mayoría no iniciada. Finalmente, un caso más de hermetismo. ¿Podría al fin de cuentas la magia no ser más que toda esa maraña de laberintos insondables tras los cuales el poder se vuelve inalcanzable en un estudio infinito? Resulta más que coincidencia que justo acabe de leer "La muerte y la brújula".
Donald Keene sostiene por su parte que el excelso arte del Nougaku, tras un tiempo en las cortes de shogunes que lo usarían principalmente para legitimarse como élite intelectual además de guerrera, se convirtió en un mero "juguete académico", de piezas que sólo se relacionasen entre ellas y carecían de significado y vida. En verdad dudo que sea pertinente para el caso, pero el término es muy interesante. Cuán frecuente es, en verdad, esta situación hasta la fecha, donde al fin de cuentas las obras no se valoran por lo que tienen de apasionantes, sino fríamente desde cómo confirman cierta teoría politizada y los intereses de algún subgrupo de críticos. Esto nos ofende sobre todo cuando viene desde el grupo opuesto.
Desde otro punto de vista, es difícil pensar en algo más bello que la absatracción total y la abolición absoluta de las fuerzas determinantes de la vida y la naturaleza, en un juego de engranajes que tiene sentido sólo para sí y no se subyuga a ninguna utilidad. Finalmente, toda utilidad se subyuga a alguna imagen abstracta y fantaseada, a algún juego inmaterial que decidimos o inconscientemente aceptamos acatar como el eje de lo existente. El punto de partida siempre es arbitrario y sólo puede justificarse en el amor subjetivo.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Azar, elección, resurgimiento

A David Lozano lo concí casi por azar. El mismo día, llendo por razones totalmente ajenas, divisé un afiche anunciando una conferencia sobre literatura de horror en el centro cultural de España, y un taller de autor que empezaba el día anterior. Adjuntaba una imagen halloweenesca bastante farsesca. Sí lo pensé dos veces. El azar, al fin de cuentas, es siempre una carta desconocida, pero puede abrir también puertas insospechadas hacia los lugarse más nuevos y remotos, al igual que puede dejarme plantado en el mismo paraje desierto del que vine y anular secamente mi esfuerzo y expectativa. El ápice determinante, sin embargo, es siempre mi elección. Aunque llegué tarde a casa, me desperté temprano para llegar a la conferencia de las 8 pm. Se trataba principalmente de una presentación de la obra de Lozano, quien acababa de sacar la novela "La puerta oscura" sobre París y el inframundo. El autor hablaba de técnica, de tópicos y tradición pero, sobre todo, de un resurgimiento de la "literatura inquietante", la perturbadora, la obscura. Quienes lo comentaban, Juan Manuel Chávez y Pepe Güich, mencionaron unas cuantas anécdotas interesantes y puntos teóricos relevantes (Chávez, sobre todo), pero volvían inevitablemente a la eterna tarea del intelectual peruano, la de rumear incansablemente las tristezas de la realidad social sin proponer solución (Güich, sobre todo). El sentimiento, a pesar de todo, en este auditorio sombrío y pequeño, era bastante personal e íntima, al terminar el público presente no paraba de preguntar inquietamente, y al preguntar yo incluso llamé a David por su nombre antes que por su apellido, aunque lo había visto por primera vez hace menos de una hora. A la salida le manifesté mi extrañeza, mi necesidad por este resurgimiento del que hablaba. Él pareció casi tan emocionado como yo cuando le entregué mi libro. Ahorá recién empezaré a leer el suyo.


(vaya impresiones que se puede llevar uno de un autor sin haberlo leído)