domingo, 1 de abril de 2012

El heraldo en el muelle

En verdad fue toda una historia mandarme a conseguir el libro de Hans Rothgiesser a distancia. Él ya se había conseguido mi novela cuando lo conocí, así que no fue posible directamente un intercambio. El primer libro, además, ya estaba agotado, y me fui sin haber podido encontrar el segundo, que por fin me fue enviado por encomienda. Para cuando lo terminé ya había vuelto brevemente por Lima y pude comentar con su autor en persona otra vez.

Las novelas de Hans son parte de una saga que hasta el momento no tiene cuándo acabar. Al completar el primer libro, Hans dijo que pensaba que serían cuatro, pero luego cambió de opinión. El tercer libro está en preparación y sigue narrando las aventuras e inagotables viajes de los heraldos. Se trata de un trabajo que sigue muy de cerca el estilo de la fantasía épica como en Tolkien, H.D.Lewis, George R.R.Martin y muchos otros menos agraciados. A momentos, la verdad, resulta incluso fácil distinguir la fórmula.

Sin embargo, mientras Tolkien dedica toda su obra a construir un único mundo completamente aislado, y Narnia sólo de vez en cuando intersecta con nuestra Tierra, las novelas de Hans no construyen dos ni tres, sino una miríada de dimensiones paralelas que se intersectan y penden en un balance político multiversal. Por supuesto, esto tampoco carece de precedentes, a los que el mismo Hans hace referencia al incluir el nombre de Asgard entre sus mundos. Como ir subiendo y bajando por las ramas de Yggdrasil, las posibilidades no paran de bifurcarse. Los personajes que habitan estos mundos son igualmente incontables, coloridos y exóticos.

También en la mitología andina, como en casi todas, se viaja entre Hanan, Kay y Uku Pacha. Pero para entender la obra de Hans parece más relevante conocer de mitología en general, pues las referencias a lo andino sólo son escasas e indirectas y se pierden entre el mar de criaturas. Como debe ser, supongo. A diferencia de lo que algunos atlas sugerirían, el Perú no es más grande que el resto del mundo, y aunque algunos espacios concretos sean limeños, esto no evita que el resto del planeta se vea reflejado.

Viajeros entre mundos es un tema que incluso podríamos reconocer, aunque teóricamente a otro nivel, en casos como Star Treck. Y como en Star Treck, el problema es que cuando los mundos se multiplican, se reduce el tamaño y complejidad de cada uno de ellos. La Tierra misma, en la perspectiva de los heraldos, parece resumirse en la ciudad de Lima, y ningún otro mundo parece tener en sí la diversidad y complejidad geográfica y social de esta tierra, o de la Tierra Media, o Narnia.

Por otra parte, en muchas cosas todos los mundos sí se parecen a la Tierra. Todos los seres, aunque sean mágicos o extraterrestres, tienen algo de antropomorfos, y sus hábitats tienen tres dimensiones en las que el tiempo y la gravedad discurren normalmente, e incluso la mayoría de veces con tierra, aire y agua. Supongo que hasta cierto grado es consecuente con una imaginación mítica antropocéntrica, a fin de cuentas alegórica, pero habría habido tantas otras posibilidades... Quién sabe, todavía queda mucho por narrar sobre los heraldos y quizás las cosas luego se pongan otro poco más extrañas.

Como parte de una saga, es curioso que el segundo libro inicie de forma bastante clara, que nos deja acercarnos al multiverso a través de personajes que también lo conocen por primera vez. El final, en cambio, queda inquietantemente abierto. No siento que se haya completado un ciclo narrativo o cerrado una etapa que pueda dar lugar a otra. Pero que la aventura tiene que seguir, de eso no hay duda. Aún quedan muchos mundos por explorar.