domingo, 30 de marzo de 2014

Los espejos de Gaiman

Otra de las razones por las que no escribo ya mucho por acá es porque ando escribiendo por otros lares: una novela en alemán, guiones ocasionales para historietas que quizás jamás sean dibujadas, mi otro blog y la tesis que ahora tiene aspiraciones doctorales. No sé qué tan realista sea realmente el intento de doctorarme, paso más tiempo buscando trabajo para sobrevivir que estudiando realmente, pero todo lo que acabo leyendo es para el proyecto de doctorado y, por lo tanto, de Neil Gaiman.

Me resulta inesperado acabar escribiendo sobre un autor contemporáneo cuando me he considerado siempre un vestigio fuera del tiempo, pero también resulta completamente predecible que acabaría escribiendo sobre alguien así, considerando que reúne a la perfección dos de mis obsesiones como lo son la literatura fantástica y el comic. Mi tesis en última instancia no se centra en el comic ni en las obras propiamente literarias, sino en la relación entre estos y otros medios más, porque el hombre también anda metido en el cine y hasta en el radioteatro. Es desde el límite entre los medios que cabe preguntarse por la esencia de lo fantástico: ¿no se trata, acaso, de mostrar lo imposible, lo impensable, de representar lo irrepresentable? Y si cada medio tiene sus propios límites de representación, lo irrepresentable variará de acuerdo a estos... Pero eso sigue siendo una mera hipótesis, de la cual a momentos también dudo.

El primer paradero en Gaiman es siempre The Sandman, obra maestra del cómic que me ha llevado a conectarme más con la onda psicodélica. Es en primera instancia una historia sobre los sueños, pero en el fondo, mucho más importante, es una historia sobre las historias. Los sueños son solo una manera de narrar, que en la estructura rizomática del comic se intersectan con libros, anécdotas, cartas, leyendas, mentiras y misterios cósmicos. A menudo el acto de narrar se vuelve incluso más importante que la historia narrada, porque dota de identidad y poder a aquellos que reproducen o reciben la historia. Además, si consideramos como Daniele Barbieri que los lenguajes del comic son también rizomáticos, siempre plurales, entonces el cómic es un vehículo único en el cual un lenguaje puede narrar y comentar a otro, permitiendo reflejar el espejo en sí mismo.

Una historia sobre espejos es Coraline, la cual ha sido comparada no en vano con Alicia a través del espejo, aunque el autor rechace la influencia. No solo es un relato sumamente tétrico para ser infantil, sino también muy refinadamente psicológico. Analiza, precisamente, procesos de individuación y conciencia del yo que se desarrollan en la infancia, y la pregunta de quién soy yo puede suceder a través del espejo en el que me veo a mí y al mundo, o a través de una piedra con hueco que me muestra un mundo distinto, o a través de mis ojos que podrían ser remplazados por botones... siempre, en última instancia, mediante símbolos de la visión y la mirada. La película también es buena, pero muy distinta al libro.

Un hueso que no termino de roer es la genial American Gods, al cual un profe calificó como "ese bodoque de 400 páginas". Es verdad que tiene unas cuantas páginas de más, y no le viene bien empezar tan lento y de forma medianamente predecible, pero el libro está tan pleno de momentos, lugares, conceptos y personajes bizarros que a fin de cuentas vale la pena. Me ha llevado a reflexionar sobre las distintas modalidades de creer (creer en una religión, en Papá Noel, en la ley o en una mentira), sobre la diferencia entre el dios misterioso y un verdadero trickster, sobre los patrones fundamentales que transcienden las religiones y definen lo religioso. Pero quizás la novela no trate en el fondo de nada de eso, y sea como dice el mismo autor, más bien una novela sobre el "espíritu americano", sobre el mago de Oz y la vida on the road.

Ahora ando a la mitad de Stardust, que se presenta como un simpático cuento infantil pero también contiene sexo adolescente, conspiraciones palaciegas y sacrificios rituales. Sin embargo, lo que había presentido y confirmo cada vez más es que nuevamente es una historia de espejos dentro de espejos, de mundos dentro de mundos: en el mundo victoriano de aquel entonces existe una puerta a un mundo de las hadas, dentro del cual hay mundos en los espejos, en los cielos y bajo la tierra.

Sobre mucho de esto ya he escrito artículos extensos en alemán como parte de mi estudio, pero no tengo motivación suficiente para traducirlo todo al español. Quizás cuando la tesis esté terminada, o si por algún acaso acabo asentándome de vuelta en lationamérica, lo llegue a considerar.