viernes, 22 de marzo de 2013

Explosión de lectura - La feria del libro en Leipzig

-Aych, ¿por qué tanta gente, ah? ¿Que de veras van a la feria del libro?
-No sé... O sea, ¿qué van a hacer ahí?

El par de calabazas quedan sentadas justo frente a mí dentro del tren repleto que viaja desde la ciudad aledaña hasta Leipzig. Al bajar del tren se esparce una procesión de lo más diversa por sobre el campo nevado: geeks y cosplayers, intelectuales y hipsters, chicos y grandes, y también el par de calabazas se distinguen entre el millar de personas que caminan a mi lado, todas en la misma dirección: un gigantesco edificio de vidrio, un palacio de la exposición como los de la era modernista, no tan antiguo, pero mucho más grande de lo que se podría imaginar. Y aunque el hielo cubra la superficie exterior de los cristales, y al recorrer los corredores flotantes entre una galería y otra estemos pasando sobre aceras nevadas, y a pesar de que varias de sus ventanas están abiertas, al interior del edificio sólo penetra la luz del sol, y el calor agradable se acumula en el interior.

Pero incluso así queda la pregunta: ¿qué se hace en una feria del libro? Porque definitivamente no se lee, entre tanta gente y situación eso sería un sinsentido. Al menos no la lectura silenciosa y privada a la que estamos acostumbrados, sino la lectura en voz alta para un público, lo que en alemán no es "lesen" sino "vorlesen". Esto vuelve la lectura en una actividad menos "intelectual" o reflexiva, y más colectiva, social, incluso dialéctica - pero también más fugaz, pues solo los cuentos de Cortazar y otros minimalistas se dejan leer "en una sentada". El vorlesen es por cierto más antiguo que el lesen, ya que el origen del alfabeto occidental es claramente fonético. Me pregunto cómo habrá sido en la China...

Debo confesar que pasé la gran mayoría del tiempo del lado friki del asunto. Aquí se hojea comics, mangas y artbooks - mucho más mangas que comics occidentales, la verdad, lo cual contrasta con la impresión general que tenía hasta ahora del mercado alemán. Quizás se trate del tema antropológico de los espacios subculturales, que el lado friki de este evento en particular ha sido marcado por la presencia de los otakus y los demás comiqueros ya no se animan a frecuentarlo, o quizás este lado de la feria tenga otra evolución histórica más compleja. También se ofrcen figuras (yo compré tres), ropa y hasta pelucas. Los kamekos vienen a tomar fotos y los cosplayers a que les tomen fotos... típica situación friki.

Dicen que anduvieron por ahí los mangakas de Soul Eater y Bleach. Seguro fue eso lo que sucedió cuando la masa se puso tan densa que tomaba dos minutos avanzar un metro y no se podía ver más que a dos cabezas de distancia. De lejos se obsrveban varios guardaespaldas haciendo barricada frente a una mesita hacia la que desfilaba la interminable cola, y otros tanto dando fueltas pidiendo que no se tomen fotos. Hay mejores formas de arreglar esa clase de situaciones.

Ahí no más al costado estaba la zona fantástica, con un amplio espacio para el vorlesen y puestos de editoriales grandes y pequeñas, nuevas y establecidas, dedicadas a todas las subvertientes del género. Veo desde aquí que el estilo steampunk ya está bastante avanzado y difundido, quizás hasta lo suficiente como para dejar su etapa experimental e inocente, pero tampoco como para contar como un género cuyo amplio terreno pudiese albergar variaciones personales. Es tiempo de un quiebre, alguien perceptivo que venga siguiendo el estilo de cerca podría escribir una obra de madurez y convertirse ya no en su fundador, sino en su genio; pero ese no soy yo, yo solo tengo un relato tanteante que a duras penas se jacta de ser steampunk.

Más allá estaba la zona internacional, donde los autores celebraban las particularidades y debatían los enredos políticos de sus respectivas naciones, ese terreno político-cultural donde la realidad y la ficción se mezclan en ideología. Al costado, editoriales de mapas, pero más allá también un grupo de indios norteamericanos, difundiendo su literatura oral mediante bailes. En otro salón había editoriales religiosas, compitiendo por quién apabullaba al pasante con más panfletos, sean los de "Cristo salva", "Despertad" o "El Corán para occidente". Escapé de todo eso en una isla donde prestaban plumas anticuadas para aprender a escribir las letras de lenguas muertas, bajo la excusa de predicar la historia de la Biblia; pero como dice Nietzsche, la filología es el terror de la iglesia, y así aproveché la ocasión para anotar los nombres de algunos demonios antiguos. Aparte de los manuscritos había puestos de artistas plásticos dedicados a todas las maneras históricas y artesanales de impresión. Libros artítsticos, libros objeto, libros viejos e históricos. Y más de una editorial ofreciendo tratos de publicación bastante decentes para libros que no habían siquiera leído. Ahora sí, definitivamente, lo único que me falta para publicar una novela en alemán es escribirla.

Dicen que durante la noche, después de cerrado el centro de convenciones, el vorlesen sigue y sigue en las más diversas localidades de la ciudad. Yo ya tuve más que suficiente con lo que vi durante el día y solo me fui a perder entre las sombras de la ciudad desconocida.

viernes, 8 de marzo de 2013

Yue contra Nietzsche


Cuando me hayáis negado del todo, recién entonces me habréis encontrado.
F.N. - Ecce Homo

Hace muchos años que pensé que algún día debería escribir un texto con este título, que sería mi deber distanciarme de una filosofía que siempre me pareció intachable y ejemplar, pero que predicaba, precisamente, la independencia y no la fidelidad. Al escribir "Nietzsche contra Wagner", el filósofo renegó de su maestro, pero nunca dejó del todo de identificarse con él y sus virtudes. Yo creo haber tras mucho tiempo encontrado los puntos en los que no soy nietzscheano.

Nietzsche niega a Dios, incluso niega la Verdad como una sola, pero afirma la Tierra y la Realidad, como si esta existiese evidente más allá de cualquier cuestionamiento, más allá de su infinita relatividad. El carácter y la identidad se forman con la alimentación y el clima, que para él son más reales que la mente. Particularmente curioso el ejemplo en el cual sostiene que los cielos abiertos son los que propician la genialidad y las grandes civilizaciones (París, Roma, Atenas), mientras los climas húmedos y nebulosos oprimen y adormecen el intelecto - para él un argumento por el cual la mayoría de alemanes son mediocres, pero si lo extrapolamos, también es un argumento más de en qué momento se jodió el Perú.


Nietzsche menciona que Dios ha muerto: lo reconoce como un hecho precedente, pero no es el primero en tirar la piedra ni menos aún el culpable de "matar a Dios" como dicen algunos. La célebre frase "Gott ist tot" no existe en su obra, Zarathustra solo menciona de pasada que compadece a aquellos que aún no se dieron cuenta, los últimos de la fila. Por otra parte son alucinantes las reacciones que sugerir lo preexistente provoca en quienes han vivido negándolo, quienes lo acusan de nihilista y de loco ateísta. Fue sobre Nietzsche que el místico ruso Soloviev escribiera su Breve historia del Anticristo, que a su vez fue de invaluable inspiración para los satanistas de la siguiente generación. Soloviev había predicho la llegada de un suprehombre divino, una nueva etapa de la humanidad que realizaría por fin el plan de Dios en el mundo, y cuando escuchó del éxito del superhombre nietzscheano, sintió que el fin de los días estaba cerca, que el apocalipsis era inevitable, y que los fieles debían luchar por sus vidas ante el terrenal y definitivo armagedón. Y es que, según Nietzsche, tantas religiones de revelación están en constante lucha apocalíptica contra la realidad misma:


"Desháganse o bien de sus veneraciones o bien - de ustedes mismos". Lo primero sería el nihilismo; pero ¿no sería lo último también - el nihilismo?
F.N. - La gaia ciencia

Nietzsche, por supuesto, es todo menos un nihilista. Es alguien que reinventa los valores y los restablece, pero que también deja muy en claro que es siempre necesario creer en alguna fuerza vital que nos saque adelante, y si el viejo Dios ha muerto, es indispensable crear alguno nuevo, alguno nuestro con el cual podamos identificarnos y seguir de cerca, alguien que nos ayude a encontrarnos a nosotros mismos entre el abismo de últimos hombres indiferentes, en un mundo ínfimo y desierto. Hasta ahí sigo a Nietzsche al pie de la letra.

Pero entonces, si el crimen de los predicadores de la muerte consiste en negar una Realidad evidente, ¿no se está afirmando que esta Realidad es la única posible? ¿No es ésta una forma de Verdad, en última instancia una hipóstasis de Dios a quien creíamos muerto? ¿No es precisamente ésta la sombra del Buda que aún se arrastra por el mundo después de su muerte?

Yo sigo siendo un "Hinterweltler", un trasmundano que vive en el más allá, más en las especulaciones de lo que podría ser que en el verdadero presente dionisíaco. Si experimento las posibilidades de lo sensorial, es precisamente en tanto estas son subjetivas, no son algo que me acabe formando a mí tanto como yo las constituyo a ellas al percibirlas, y como en busca de su ambigüedad deconstruyo la coherencia de la Realidad preconcebida. Sí, yo soy incluso antimundano, y en ese sentido podría ser, en la práctica, más nihilista que Nietzsche.