lunes, 30 de julio de 2007

El haiku y yo

Hace un tiempo el haiku se puso de moda entre los poetas hispanos. ¿Por qué no? Una forma versal sugerente de solo tres versos, absolutamente clásica y consagrada en paises remotos y exóticos. Uh, qué culto soy. Qué fácil es ser culto.

Pero aparte de eso, por supuesto el haiku es más que el 5-7-5. La mejor aclaración la escuché por esos tiempos de parte del ahora tan fenecido y homenajeado Watanabe en una conferencia. Para que el haiku sea haiku, lo más importante es que sea sugerente e instantaneo. No es solo decir con menos, es decir más con menos. Un haiku es algo repentino, algo que al haijin le sucede de un momento a otro, una iluminación fugaz. El haiku carece de metáforas, no es alegórico como la poesía occidental clásica, es simplemente contemplativo: vertirse en las cosas, quedarse estupefacto. Satori: Nirvana.
 
Yo, que admiro muchas cosas de Japón pero no el Budismo, decidí desde ese momento que el haiku no era lo mío. Prefiero escribir sonetos, pequeños aparatos significadores, ser un relojero y decir "I can see how things work", como Sylar. Mi poema no brota naturalmente, simplemente porque la naturaleza se define en oposición a la acción consciente y yo no soy de esos que dejan que la vida los viva. Yo el poema lo armo, lo reviso, lo corto, lo eculpo, lo desarmo, lo podo. Esa es la diferencia entre el modernismo y el romanticismo.
No creo en la inspiración, solo creo que es mejor escribir cuando tengo ganas de hacerlo.

Y aquí es donde viene la fea brecha de año y medio sin escribir. Y ahora, después de no haber escrito por tanto tiempo, de pronto pienso en algunas ideas para un par de sonetos, hacer un anti-carpe diem y otro para la Alicia de Quiroga y las desviaciones sexuales que representa. Como siempre se me ocurren un par de endecasílabos en el baño. Solía decir que pienso en endecasílabos, no sé si aún se aplique. Y digo bueno, ya lo escribiré después. Así que días después me siento frente a mi cuaderno y quiero escribir los versos que tenía en mente, pero no me acuerdo. Pienso de qué otro manera podría ponerlo, pero no se me ocurre. Qué huevada. ¿Acaso debería estar inspirado?

Así, caigo otra vez tan frustrado como el día antes de la presentación. Fue por algo como eso que andaba frustrado. También coincide que ambas veces se había malogrado la computadora.

Horas más tarde ya estoy echado en la cama y con la luz apagada, e imagino una conversación con el viejísimo profesor Luis Jaime Cisneros que hace poco conocí. ¿Qué opinará él sobre el carpe diem y mi subversión del mismo? ¿Le parecerá bueno mi poema si lo escribo bien, aunque critique temas generalizados a su edad? Y se me ocurre un verso. Desesperado me paro aunque sea medianoche y no tenga lámpara de mesa, me abro paso por sobre mis zapatos tirados y prendo la luz para apuntar unas dos líneas que no suenan tan geniales, pero funcionan. Me acuerdo de las palabras de Charly García:

Un creador no busca, encuentra. Y cuando encuentra, guarda.

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