miércoles, 18 de julio de 2007

Descenso

(Tengo mucho que escribir y habría que subseccionarlo. Haré dos posts seguidas)
Anoche rompí mi record de nivel etílico. La presentación salió bastante bien y desde ya incluía su vino de honor. Es inagotable la variedad de interpretaciones que aparecen entre los lectores, Augusto Tamayo veía connotacines edípicas en el hecho de que el voivoda turco tuviera el mismo apellido que Vlad. Eso se debe únicamente a una coincidencia histórica, de las cuales había incluso más (el primo de Vlad también se llamaba Stephen, como Bathory), pero esta se me olvidó eliminar. Sin embargo coincide con la intención que Lilith anuncia desde el epígrafe. La obra significa, pero eso no dice nada sobre mí, funciona en sí misma. Tamayo también mencionó una caracterización de Lilith como mujer monstruo. José Miguel Herbozo ve una lectura de la historia en la persistencia de los monumentos arquitectónicos. Además me enteré de algunos datos sobre Bathory que espero que tú nunca sepas. Se habló mucho de que siga publicando. Ojalá tenga la oportunidad.
Me reencontré además tras un tiempo con mis patas Majo y el Haboso. El Haboso había guardado desde hace más tiempo aun un amuleto mío, una silueta de murciélago metálica. Se había quedado en su casa hace más o menos un año, la noche que me fui de la casa de mis padres y dormí ahí. Con Majo, el Haboso y Carlos Carrillo bajamos a Crypto (que ahora se llama Zarco, pero es Crypto) y nos quedamos chupando y metaleando bastante duro. Como apenas comía unos piqueítos, se me subió rápido. Y la siguiente parada fue la casa del Haboso, donde Majo sacó la botella de vino que aún tenía en su mochila. Pusieron los temas de Cowboy Bebop y Evangelion y estuvimos cantando a voz en cuello. Dicen que incluso me vieron bailar. Todo eso antes del bajón.
Cuando en el baño empezó a brotar materia roja de mi boca, no solo líquido sino verdaderas fibras, mi extremo estado me dejó convencido de que era carne. Estuvo dando vueltas y regresando al guater una y otra vez. Mi amuleto quedó cubierto de eso y tuve que dejarlo a un lado. El Haboso se sentó a mi lado y puso música trova, una de Sui Generis que al comienzo rechacé enfáticamente, pero tengo que admitir que terminé aceptándola. Me calmó bastante y me dormí ahí mismo.
Al día siguiente tuve que limpiar el guater y quedó evidente que solo había devuelto vino con tequeños. La luz desencanta muchas cosas. Mi amuleto se volvió a quedar en casa del Haboso.

3 comentarios:

Daniel Salvo dijo...

http://jarjacha-wasi.blogspot.com/2007/07/feria-del-libro-qu-comprar.html

Anónimo dijo...

está buena la historia, para esto sirven los blogs

julio dijo...

no hey podido terminar de leer pero volvere ah entrar adios+