
En Alemania la ley contra la piratería sí es más o menos efectiva, a diferencia de Lima en la que es pura payasada. La venta de copias caseras de CDs y DVDs es inexistente. El youtube tiene muchos links bloqueados, incluso algunas cosas que fueron subidas por los mismos artistas pero cuyos derechos están registrados. Dicen que es ilegal usar torrents y que de vez en cuando la policía rastrea al azar los nombres de los archivos que se están descargando. Incluso así, yo por mi parte sigo con la tradición sudaca, con la mentalidad de que el internet lo puede todo y que no sería capaz de pagar por información o por "propiedad intelectual", por "contenido". Por supuesto sí gasto mucho dinero en libros, en comics en formato impreso y pago mi entrada al cine, pero no me acostumbro a la idea de pagar por descargar algún archivo "legalmente" o siquiera por un disco que igual acabaré poniendo en mi laptop. Es demasiado inmaterial y efímero como para sentir que justifica gastar en ello.
La costumbre de no pagar por contenido también tiene que ver con que en Perú la mayoría de contenido sigue sin ser accesible de forma legal. Las buenas películas nunca llegan a los cines, conseguir un libro específico es todo un hallazgo y los CDs se venden a precios francamente estúpidos. En Alemania muchas de esas cosas sí se pueden conseguir sin tanto problema, pero también quedan las que no.

Por otra parte, la peor consecuencia de lo opuesto sería que todos nos acostumbrásemos a jamás compensar los bienes intelectuales de manera alguna, a leer solo lo que se encuentra por ahí en wikipedia y en los blogs o que se puede descargar gratis en pdf. Esta consecuencia no sería tan nefasta si no hubiese autores que le siguen el juego, resignándose a que así al menos serán leídos sin pagarle a una editorial, aceptando que su arte no vale nada. Trabajando gratis solo se devalúa el trabajo de todos, se logra que, en general, el arte de todos no valga nada. A la larga solo existirían fan fictions escritas de pasada por adolescentes aficionados en foros, no volvería a surgir una sola obra a la que el autor dedicase más que una fracción de su tiempo libre. Excepto, claro, que quedan siempre los mártires. Los mártires siempre han gustado, porque trabajan gratis.

Se me ocurrió por un momento publicar mi segunda novela castellana en formato de e-book... ¿Pero quién rayos pagaría por un e-book, para colmo en Latinoamérica? Algún huachafo que tenga kindle, quizás. Yo jamás compraría un e-book, ni allá ni acá. En general, el un autor que quiera cobrar por cada persona que lee su obra en épocas que todo se copypastea de manera orgánica o viral, pero siempre inevitable, resulta un megalómano ridículo. Creo que las leyes de propiedad intelectual como tales pertenecen a una era pasada, pero los derechos de autor aún son necesarios para que puedan existir autores. Quizás sería más lógico cobrar como lo hacía Lope de Vega al momento de entregar su manuscrito para la primera edición y luego dejar que se difunda solo, así incluso los autores prolíficos ganarían más que los one-hit-wonders. Los anuncios publicitarios, como en este blog o como en Spotify, también parecerían una solución razonable.
Pero como decía, en verdad no sé nada de economía, son solo ocurrencias.