sábado, 8 de enero de 2011

Arbitrivm vincit omnia

Dicen que no somos vástagos, pues las artes oscuras y el poder infinito del conocimiento anteceden en nuestra historia al poder de la sangre, el cual hemos tomado por nuestras propias manos. El verbo y el alma son la cárcel del cuerpo, la mente domina la materia, pero nosotros hemos dominado el verbo primero para constreñir la carne después, y la sangre de la que los otros dependen es maleable en nuestras manos y responde a nuestra voluntad y a nuestras letras. Así, somos cainitas por designio propio. Conocemos y trazamos los secretos del abismo, y así sostenemos por la ley de nuestras letras el origen del ser.

Las sendas del conocimiento son infinitamenta diversas e incabables, pero todas ellas intrincadas. La disciplina de la taumaturgia se expresa en diagramas retorcidos y rituales interminables que los maestros estudian durante siglos, a veces sin finalidad aparente, porque el conocimiento es en sí mismo también la finalidad de nuestro ser. El conocimiento contiene las sendas de la creación y de la destrucción. El sueño se hace materia y la materia se hace polvo siguiendo la escondida senda que cada estudioso revela y traza por su propio empeño.

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