sábado, 20 de marzo de 2010

He loado tantas veces la excelsa rutilante guitarra del divino Petrucci con sus dedo deslizándose en notas como cristal líquido, rutilante, punzante y fluido, interminable. Hay quienes ven en Dream Theater demasiado tecnicismo, pretenden que la suma habilidad fuera sinónimo de control, pero no lo es: la guitarra de Petrucci es un canto siempre nuevo, desde el poso oscuro del alma, caleidoscópica pero sin bordes, el jamming más extremo en sesiones que exceden cualquier cinta de grabación, si no atrévanse a escuchar el Liquid Tensions Experiment, que por ello mismo viene con advertencia. Y he ahí los ritmos de Mike Portnoy: ritmos demencialmente complejos, una danza de la eternidad sin repetición siquiera, una absoluta teoría del caos pero, ahora sí, ritmos sin duda. Qué conciencia de absoluto, qué complejidad profundamente cerebral que convierte la más inexplicable de las formas en lo opuesto al azar, une los infinitos estadios del ser, el cerebro y el alma mediante un invisible hilo inquebrantable.

1 comentario:

Shulivra dijo...

pinche wey xD es verdad lo que dices sobre la gente que dice que no le gusta y argumentan "es muy virtuoso".
Ok, algo en ese sonido que sale no les puede gustar pero no gustarles porque es virtuoso es como decir no me gusta porque esta muy guapa xD
Tampoco es que sea barroco y de hecho DT no es nada exclusvamente, más que sí, el jam... pero el jam no es algo sujeto, estancando...