
-Errr, dunno. What do you think?
-Well, I guess...
-Ok man, go. But get some breakfast, dude. You look beat.
Beat, como la generación Bukowski, como el mismísimo Jack Kerouac. Beat, dice Kerouac, como beato, beatific, como un bonzo y un haijin, como Basho. Yo también me he sentido hace tiempo un monjebasho como Jack Kerouac, sin lugar donde quedarme más que la zanja al medio de la carretera, haciendo ciudades enteras a pie, comiendo el menú más barato por el camino cuando es inevitable comer, no porque no pueda sino porque no me da la gana, porque mucho más importantes que estar cómodo es llegar lejos y vivirlo todo. Recuerdo que me sentí así cuando estaba en Binghamton, en un Motel donde sólo les quedaban suites matrimoniales para fumadores, carísimas, un cuarto enorme con una cama enorme y muchos cachibaches que en la vida usaría. Me di cuenta de lo insufribles que me son esas cosas. Por otra parte, Jack Kerouac aun es un nombre propio, anecdótico. Basho ya tiene el nivel de abstracción espiritual para ser un adjetivo.Hoy me siento beat tras una vigilia de 24 horas, trabajando de trasnoche, dibujando historietas contra el tiempo, llegando tarde, dando exámenes durante horas de horas. Los objetos eluden la mirada y las palabras se derrumban a media frase, pero sé que al fin he recuperado algo de gusto por la vida, que ha sucedido algo lo bastante importante para sacarme de mi necrótica rutina aunque sea de una patada en la cara (aunque en verdad no hay manera mejor). Definitivamente un estado de superioridad espiritual, aunque no por ello un estado de lucidez o poético. Estar beat no ayuda para nada a escribir. Es un buen tema sobre el cual escribir, es una meta moral y estética, pero no ayuda en nigún sentido a ninguna forma de escribir... Yo sólo ando beat muy de vez en cuando, no me meto muchas cosas ni le veo a los ojos a la muerte muy seguido (una que otra vez, nomás, y no por estar beat), mis enfermedades crónicas no duran más de semana y media; no me jacto de alcanzar la beatitud de Jack Kerouac.