lunes, 29 de septiembre de 2008

Beat

Hoy me siento beat. Beat, como beterraga. Beat como golpeado, vencido, hecho mierda. Sé que suelo quejarme con demasiado facilidad, pero también he recibido el título desde afuera, en el aeropuerto, cuando por tercera vez en mi viaje por los yunaites me tocó que me desarmaran las maletas y manosearan hasta el trasero por selección aleatoria y purísima coincidencia o, quizás, por ser un sudaca con cara de osama. Habría dormido unas cuatro horas la noche anterior, después de empurjar una enorme cantidad de cosas dentro de mis maletas superhichadas en las que ya no lograba descubrir más recovecos para no tener que botar más objetos además de la ropa y libros y cuadros que tuve que dejar botados: dejé el retrato de un esqueleto colgado en el ropero, y un gran paquete en la calle diciendo "Art, please Thrash" (sic, con la h ahí donde sólo va en el métal). La casaca más gruesa la llevé puesta para que no ocupara más espacio, por más que fuera ya plena primavera. Salí apurado sin comer nada y la "limmo" (la camioneta esa) me dejó en una esquina bastante remota del aeropuerto, así que tuve que arrastrar un par de maletas que luego descubrí que tenían un sobrepeso que me costaría 20 dólares, y sudando con la casaca antártica encima. Y luego eso, con lo apretujadas que estaban las cosas que llevaba en la mochila los wachimanes que las revisaban se tomaron un buen rato en desencajar y volver a encajar todo mientras me preguntaban tonterías que yo respodía sin aliento, ojeroso, con la mirada desviada y con el temblor de manos que nunca me abandona, para distraerme del hecho que les pasaban pañitos detectores de droga a todos mis objetos. Cuando estaban por terminar se quedaron mirándose largo rato, indecisos.
-Errr, dunno. What do you think?
-Well, I guess...
-Ok man, go. But get some breakfast, dude. You look beat.
Beat, como la generación Bukowski, como el mismísimo Jack Kerouac. Beat, dice Kerouac, como beato, beatific, como un bonzo y un haijin, como Basho. Yo también me he sentido hace tiempo un monjebasho como Jack Kerouac, sin lugar donde quedarme más que la zanja al medio de la carretera, haciendo ciudades enteras a pie, comiendo el menú más barato por el camino cuando es inevitable comer, no porque no pueda sino porque no me da la gana, porque mucho más importantes que estar cómodo es llegar lejos y vivirlo todo. Recuerdo que me sentí así cuando estaba en Binghamton, en un Motel donde sólo les quedaban suites matrimoniales para fumadores, carísimas, un cuarto enorme con una cama enorme y muchos cachibaches que en la vida usaría. Me di cuenta de lo insufribles que me son esas cosas. Por otra parte, Jack Kerouac aun es un nombre propio, anecdótico. Basho ya tiene el nivel de abstracción espiritual para ser un adjetivo.Hoy me siento beat tras una vigilia de 24 horas, trabajando de trasnoche, dibujando historietas contra el tiempo, llegando tarde, dando exámenes durante horas de horas. Los objetos eluden la mirada y las palabras se derrumban a media frase, pero sé que al fin he recuperado algo de gusto por la vida, que ha sucedido algo lo bastante importante para sacarme de mi necrótica rutina aunque sea de una patada en la cara (aunque en verdad no hay manera mejor). Definitivamente un estado de superioridad espiritual, aunque no por ello un estado de lucidez o poético. Estar beat no ayuda para nada a escribir. Es un buen tema sobre el cual escribir, es una meta moral y estética, pero no ayuda en nigún sentido a ninguna forma de escribir... Yo sólo ando beat muy de vez en cuando, no me meto muchas cosas ni le veo a los ojos a la muerte muy seguido (una que otra vez, nomás, y no por estar beat), mis enfermedades crónicas no duran más de semana y media; no me jacto de alcanzar la beatitud de Jack Kerouac.

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