Me fui de una ciudad inundada con un libro apocalíptico en la mano: Réquiem por Lima. ¿Título de ficción o titular de periódico? En realidad, una muy consistente novela de zombis. Hay que aclarar que, a mi gusto, no es una novela de terror sino de aventuras, quizás una fantasía inmersiva. Pero en ese sentido, muy cumplidora.

La facilidad que describe Hans a mí me parece más bien una trampa. El verdadero desafío consiste en crear una ficción que supere realidades tan extremas como puentes desplomados y ciudades arrasadas por huaicos repletos de basura. El desafío crucial, necesario, es crear narraciones que trasciendan la arrestante inmediatez de la necesidad extrema. Es necesario un pensamiento abstracto, hipotético, para dejar de vivir al día, para comprender estructuras y no coyunturas. Para poder prevenir antes de estar hundidos en el lodo.
Por otra parte, ese desafío no solo afecta a una realidad que fuera maravillosa por americana y tropical. Fue en una conversación con el autor de Perry Rhodan, longeva serie de ópera espacial alemana, que Hans llegó a la conclusión de que en todas partes se hace más difícil narrar el fin del mundo. La gente, dijo este escritor, no cree que el mundo se acabe con un estallido. En cambio, espera que siempre habrá algo después. Ya todos nos hemos acostumbrado a pensar en el fin no como un momento, sino como un proceso continuo y, en última instancia, infinito.

Réquiem por Lima logra balancearse, de principio a fin, entre la esperanza y la agonía, el terror y la aventura, lo fantástico y lo real maravilloso. Y en ese mismo, arriesgado espacio, entrega una trama entretenida y consistente.