jueves, 21 de abril de 2011

Beat, jam and slam

Por un momento pensé que el Subrösa era un bar gay. "En fin" pensé ", que me gileen un poco sería divertido, siempre y cuando no intenten besarme." Los anuncios coloridos con logos comerciales de antaño, la ironía en cada una de sus frases, y qué decir del nombre.
Cuando llegué, el rockanrol sonaba hasta afuera y había chicos y chicas entremezclados con mucha cerveza. Como no conozco a nadie en este mundo, me senté en la barra. Del techo colgaba un disco de llanta, del que colgaba por un lado la cara de un político desconocido y por otro un mono con gorro y lentes 3D. Bastante loco, pero no de locas.
Mientras pedía una cerveza, un tío a mi lado me alcanzaba un platito con cacahuates. Me hizo el habla y mientras esperaba no tenía tanto más que hacer, así que le di cuerda y me empezó a contar de sus viajes por España y el Caribe, que nunca había estudiado, a sus 53 años ni siquiera completado el colegio, pero vivía del arte. No era muy elocuente, pero le gustaba hablar. Le dije que me recordaba a Charles Bukowski aunque, claro, poeta no era, quién sabe qué habría dicho que hace, quién sabe si hará algo de lo que dice. Qué importa.
Después de que un jingle anticuado sonara por los parlantes, un muchacho con un papel se paró sobre el pequeño altillo y, entre que anunciaba que iniciaría el evento, el breve espacio a mi espalda ya se encontraba repleto de espectadores. Entre los que subieron al escenario estaban un muchacho que exponía con un intencionado y sarcástico nerviosisimo el problema de que le gustaban las mujeres y que, para distraerse, intentaba escribir sobre fútbol. Un hombre con barba y cara de profesor que leía poemas rimados sobre niños malcriados, actualizando viejas tradiciones cómicas, sin mucha gloria. Un joven de razgos arábigos expuso sus opiniones políticas, entre radicales y simplistas ¿Hay algo más simple que ser radical? El viejo a mi lado ya estaba lo bastante borracho, o quizás no necesitaba estar borracho para ponerse a gritar que no había venido a escuchar sobre política. Yo le intenté aclarar que lo relevante eran los metros rápidos y rimas internas que mostraban gran pericia en un estilo hiphopero, el joven le respondió que también lo quería mucho, y el bartender simplemente lo mandó a cayar. Había varios otros, con poemas por el día de la madre y cosas peores, o que ni siquiera eran lo bastante malos para recordarlos.
En cambio, una cosa que marcó la noche cuando esta empezaba a avanzar fue la invitada estadounidense, a quien la verdad muchos no entendieron, pues forzosamente leyó poemas en inglés. Pero qué poemas. Quizás la barrera idiomática ayudó a mantenerla distnciada de la línea cómica, y en cambio describir hechos trágicos desde perspictivas a la vez muy íntimas y cósmicas, directa tradicion Whitmaniana, por supuesto, pero incluso un poco más densa que su antecesor y siempre refrescante. Me mortifica no recordar su nombre.
La otra cosa que marcó la noche fue una chica menuda, de cabello corto, cuyas reflexiones sobre hechos cotidianos se convertían en enumeraciones caóticas de proporciones borgianas y repletas de imágenes brillantes que ella arrojaba a una velocidad chocante hacia el cerebro del oyente, como un verdadero viaje al Alef. "Algún día quiero ser como tú" le dije, acercándome al final. Ella se llamaba Annika Blanke, me regaló un sticker de su página web y fue la primera persona de este lado del mundo a la que le revelé mi verdadero nombre.

Supuestamente, todo esto fue un poetry slam, pero nunca me quedó claro en qué se diferencia de un open mike, o incluso es bastante parecido a un recital excepto por el hecho de que cualquiera puede apuntarse al momento. No pude apuntarme en ese momento porque no tenía ningún poema entre manos ni en la cabeza. He encontrado que ya tengo varios poemas en inglés, pero todos de temática extremadamente lúgubre. Decidí traducir un par al alemán, lo cual resultó ser un verdadero suplicio, pues recién me percaté de lo rebuscado que es mi vocabulario, y de lo impotente que me siento ante un idioma que alguna vez fue casi mi lengua materna y que aún hablo, pero ya no domino. Quizás traducir es un esfuerzo inútil y resulte mucho mejor, de plano, reescribir sin modelos, empezar de cero en un idioma nuevo y un mundo nuevo.

4 comentarios:

Jadviga dijo...

Qué interesante aventura la que pasaste en ese bar. Bastante decandente la historia y a su vez romántica. Conociendote la pasaste super con ese ambiente, la niña que te emocionó con sus vertiginosas figuras y a la que le dijiste "Hallo, watashi wa Glauconar Yue" (sorry, no recuerdo cómo se dice yo soy en alemán xD), el creer que era un bar así no fue asá... El final no es taaan bonito, casi lo es jaja Es como que esperanzador, con una meta... okok no tan libro de autoayuda. Ojalá salga algo pues y que bueno que compartas tus anécdotas más destacadas con tus amigos, al menos por medio del blog.

Ichigo Kurou dijo...

wao... quien como tu que andas del otro lado del charco, interesante aventura en un nuevo mundo... yareyare algun dia, pero ALGUN DIA espero poder salir tambien, para conocer nuevas culturas y formas de vida, esto me da mucho que pensar :D

Anónimo dijo...

Me alegra mucho saber que la estás pasando bién y que tu estado de ánimo ya es otro mmm la SUBROSA es la que está en Dormund ...

Ya no sé que nombre poner...
no importa.
Saludos Sr Yue y un persistente abrazo para que llegue al lugar donde te encuentras.

Sofía Rodríguez dijo...

Estimado Glauconar,

aún me acuerdo bien de la primera y única vez que asistí a un poetry slam en Würzburg. Me acuerdo lo emocionada que estaba por escuchar literatura. He aprendido a mantener mis expectativas bajas, para no llevarme un mal sabor. Era un espectáculo cómico donde se trataron temas políticos y donde también hubo mucho del estilo hiphopero que mencionas. Lastimosamente la poesía se redujo a la composición en verso y al libre desfile de palabras con poco o nulo contenido profundo.

Acerca de tu experiencia con la traducción de tus poemas, debo decir que comparto tu dolor, conozco esa triste experiencia. Yo procuro escribir en el idioma en el que estoy pensando, sin pensar en quién lo va a leer. Si me preocupo por lo segundo termina siendo un esfuerzo en vano y escribo pura mierda.

Cuando escribo a veces, sin darme cuenta, aparece una palabrita del otro idioma como un alienado que curiosamente encaja. Así, la miro a la palabrita, la leo y la leo. Y si encaja, la dejo vivir. Así como las palabras que uno va inventando.

Saludos desde Baja Franconia,

Sofía Rodríguez