jueves, 15 de octubre de 2009

Como arriba, abajo

Amplio y diverso el tema de la reinterpretación actual de las leyes alquímicas. Hay muchos lugares donde está y no debería, y otros donde ha sido olvidada y podría ser aplicada con mucho provecho.
La idea es esta: existen diversos niveles del universo, la relación entre dos de estos niveles se describe con los términos de macrocosmos y microcosmos. El microcosmos, en principio, es un reflejo del macrocosmos y todas sus partículas tiene un ordenamiento simétrico a este. El macrocosmos más amplio que está a nuestro alcance es por supuesto el espacio exterior, de cual el microcosmos de nuestro planeta tierra sería un reflejo, por lo que observar las estrellas permite predecir el futuro de la tierra. A la vez, estos órdenes se ven también reflejados en el microcosmos de la estructura de la materia, por lo que los principios místicos astrales se pueden reconocer en los principales elementos alquímicos. Y ante esto resuena también la estructura del cuerpo humano, y el cuerpo en su totalidad a su vez se refleja en la mano del mismo, permitiendo la quiromancia. Todo esto en su conjunto, finalmente, explica por qué la piedra filosofal en los metales acaba siendo lo mismo que el elixir de la vida en la medicina: si la estructura es la misma, encontrar algo en un plano funcionará para todos los demás.
Por supuesto para crear una ciencia empírica que se acercase a los objetos de manera objetiva, todos estos dogmas tuvieron que ser abolidos, y sabemos que lo más razonable es ir de la parte al todo siempre con conclusiones provisorias en constante revisión. La moda en las humanidades, sin embargo, es mezclar de todo un poco, y si funciona para explicar la sociedad, también funciona para la literatura y las artes plásticas y la lingüística... La verdad ya no estamos como para creer que cosas distintas en sustancia y naturaleza pueden funcionar de la misma manera. Lo que resulta de todo esto es un método burdo y superficial, que pierde de vista todo detalle del objeto que analiza, perfectamente miope.
Por otro lado, hay mucho que reconsiderar respecto a esta ley. Acaso la posibilidad más interesante sea reinterpretarla desde una base nietzscheana, aunque esto revertiría el orden de las cosas: Como abajo, arriba. El mundo, después de todo, no es más que un mero reflejo de mi punto de vista y solo existe en la medida en que yo lo concibo. El cuerpo, las manos, las estrellas, todas esas meras palabras que ordenan el caos de sensaciones, se deben entonces principalmente a mi estructura mental, o a la que habré consentido de absorber dócilmente, si soy el último hombre... Fuertes las conclusiones que se pueden sacar de ahí para la relación entre una vida espiritual y práctica. Suelo pensar que es precisamente en eso en que consiste la magia, en reestructurar la realidad desde su origen que es el ojo.

1 comentario:

Marisela dijo...

me encantaría poder reestructurar la realidad, tambíén había pensado en que hacía falta partir del origen... pero está seguro q el ojo es el origen? tal vez es verdad, el problema es q quizá sea mejor ver mal que quedarse completamente ciego en el intento