A la primera no me inspiróa a comentarlo, pero ya van dos. Creo que al fin de cuentas lo más interesante del caso es la actitud antimarquetera de "a ver si me encuentras" (la frase en particular es del "aviso" de un fanzine de hace años).
El primero, la verdad, no se lo recomiendo a nadie, su absurdo total con un par de clichés de seudocompromiso -ahora está de moda "el cuerpo"- no logra más que ser aburridísimo (sobre todo con su inmensa parsimonia, quizá dizquesolemne). El segundo al menos se queda en el borde de la congruencia mínima, donde el doble juego con ciertas estructuras que no terminan de cuajar al menos deja que se mantenga cierta tensión dentro de los poemas.
Me llegan por el mail sin remisión de autor ni referencia alguna, poemas sueltos como quien no quiere la cosa. Si el goce del arte, como decía Aristóteles, proviene en parte del reconocimiento, el reconocer el arte fuera del museo y la poesía fuera de los libros es en verdad un goce bastante mayor que he estado buscando de forma inconsciente, como quien no quiere la cosa (ahí se incluiría el proyecto "Esto es arte", o los garrapateos de las carpetas que ocasionalmente constituyen excelentes haikus), pero tampoco me decido a dejar mi propia obra a la deriva, a ver si alguien la encuentra, y si no qué, y aunque lo encontraran no sería yo y jamás me enteraría, sólo tendría sentido en forma de movimiento, pero ya no sería en tal caso secreto y silencioso, a menos que funcionasen en algo como la organización de la mano negra, pero probablemente no, se volvería a pesar de todo un secreto a voces y, nuevamente, se haría explícito y oficial.
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martes, 30 de junio de 2009
sábado, 6 de junio de 2009
Lacrimas Profundere
Al fin reencuentro lo que realmente me había gustado hace tanto tiempo de Lacrimas Profundere, un primer y profundo encuentro con el doom metal, que sin embargo desapareció traspapelado por sus posteriores producciones de un goth-wave un tanto oscuro pero nunca tanto, bastante común, de hecho, no como el clasisismo mortuorio, la penumbra impenetrable en la que se sumían sus primeras obras, lánguidas y violentamente claroscuras. Como con todo fantasma, había llegado a dudar de su existencia, impulsado sólo de vuelta una y otra vez por una intuición de la que yo mismo descreo por completo, pero que nunca acaba de disiparse. Ahora al menos sé que lo que solía escuchar era del album "La naissance d'un rêve", el nacimiento de un sueño. Lacrimas profundere, asumiendo que la última a es larga, sería hundirse en lágrimas.
Aún con su agresiva distorsión la guitarra se mantiene lánguida pero el sonido, por sutil que sea, tampoco acaba de cuajar y perder estas aristas filosas que crujen y rasguñan en medio de la suavidad de sus formas.
Aún con su agresiva distorsión la guitarra se mantiene lánguida pero el sonido, por sutil que sea, tampoco acaba de cuajar y perder estas aristas filosas que crujen y rasguñan en medio de la suavidad de sus formas.
Mnemósine y Koizumi

Sobre mi pieza particular, debo reconocer que no doy muchas luces a quienes no están familiarizados con el cuento en cuestión, más bien me siento en interpretar y construir mis eternos dilemas de contrastes y coincidencias interculturales. Serán al fin unas primeras líneas impresas so

Y por si aún se preguntaban por el cuento, lo pueden leer aquí, por ejemplo.
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