viernes, 8 de mayo de 2009

Meiji-Mishima-Showa

En el fondo no sé cómo pensarán los japoneses su historia, pero mi interpretación personal de los hechos me lleva a considerar que quizás el verdadero trauma nacional siga siendo la renovación Meiji, el choque con occidente y la pregunta de qué hacer frente a este nuevo mundo, cómo integrarse a él sin que nos devore. Quizás eso también se refleje en el odio e injuria gratuito de Mishima hacia el cristianismo, una religión que en Japón nunca pasó de ser extremadamente minoritaria y que más bien podría estarse asumiendo como el deporte emblemático del decadentismo, sin pretensiones de causar algún efecto sobre la realidad. Una ambigua recepción de una tendencia occidental que en el proceso de digestión pierde referentes. Por otra parte, Meiji tampoco introdujo el cristianismo como tal, sólo el positivismo, aunque no sé cuál es peor. En cualquier caso, las preguntas que plantean estos cambios son tan grandes que opacan cualquier cosa. La guerra era tan sólo un intento más por responderlas, pero perderla no cambia mucho. Muy a diferencia de Alemania e Italia, saber que conquistar el mundo tampoco es la respuesta simplemente nos deja donde empezamos y hasta la fecha los japoneses aun siguen con la duda que es la de hace 100 años, no la de Hiroshima ni mucho menos. Eso explicaría varias cosas pero, en el fondo, es sólo mi interpretación.

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