domingo, 19 de abril de 2009

Gilgamesh

Al comienzo de los tiempos, un rey y un doble, su réplica exacta y su perfecto opuesto. Nació en la barbarie y se hizo humano, sólo para enfrentarte. Finalmente, el destino inevitable, porque inevitablemente, los opuestos siempre deben encontrarse, más aun si son idénticos. Y entonces la naturaleza y la civilización, trabadas en una lucha frontal de cuerpos, la lucha libre de sudorosos músculos entreverados, cuerpos masculinos desnudos trabados en un nudo irresoluble, un segundo violencia cósmica grabado en piedra eterna.
Por otro lado, Gilgamesh no es, para nada, un inmortal, sino el más mortal de los reyes, quien corre por los campos vestido en pieles, con las barbas desarregladas, enloquecido por el pánico al destino inminente, el más ineludible de todos, que a él mismo le habría de alcanzar, igual que a todos nosotros.

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