martes, 14 de octubre de 2008

Anton LaVey

Esta vez he estado leyendo al infame Anton Szandor LaVey. La verdad, su idea de una "iglesia de Satán" siempre me pareció contradictoria en sí misma desde que oí de ella hace ya varios años, cuando recién me inciaba en el metal y el pensamiento blasfemo. Sin embargo, ahora que lo veo directamente, la verdad debo admitir que no es ningún pelmaso. Por momentos, incluso, me decepciona más bien por ser excesivamente razonable.

Debo a mi hermano el acceso al video y el libro. El segundo, me dijo, estuvo colgado incluso en el wikimedia hasta hace poco. Bueno pues, el infame LaVey no recomienda públicamente cosas que sean ilegales, más bien construye una religión que legitime las viejas costumbres y tradiciones que han mantenido viva a la humanidad e incluso a la iglesia, nos insta a "volver a aprender la ley de la jungla", la ley del más fuerte, la ley de Darwin, al fin y al cabo. Habría realmente que considerar a dónde lleva a una especie la abolición de la selección natural... Pero, a pesar de todo, incluso aunque LaVey promueva tanto la sana venganza como la inmunda naturaleza gregaria de los humanos, el primitivismo no alcanza a ser plenamente cavernícola en la medida en que incluye una segunda idea implícita: el que en verdad todo esto está en función de un liberalismo radical. Aunque a menudo hable de un imperativo "natural", también legitima formas anti-"naturales" de vida, de sexualidad, en la medida en que lo que realmente importa es el deseo del sujeto, cualquiera que este sea.
Se esperaría que la parte más pintoresca fuera la de la "magia" o "Los ritos satánicos". Efectivamente, quizás esta sea la que sea más interesante discutir y se preste a más interpretaciones. LaVey advierte desde el principio de su libro que todas las doctrinas mágicas previas se pierden en fantocherías para dominar el comportamiento de la gente. Su capítulo sobre hechicería pretende ir directo al grano. A primera vista, sin embargo, también me decepciona un tanto. En parte, también, por lo razonable: parte de la magia, después de todo, resulta científicamente explicable, lo cual la vuelve accesible, pero también muy aburrida, pierde (casi) todo su sentido de trascendencia y obscuridad. Pero después, de pronto, LaVey invoca toda una serie de símbolos radicales y arbitratios (muchos de ellos incluso forzando tradiciones de maneras no heréticas ni perversas, sino vulgarmente y/o descaradamente equívocas). Hace una larga lista de nombres demoníacos, aunque parece creer en un solo Diablo. Objetos, colores y frases deben ser usados en rituales sin mucha explicación. Esta parte pareciera caer por el extremo opuesto, en lo que los gringos llamarían mumbo-jumbo. Sin embargo, a pesar de todo eso, tampoco habría que perder de vista lo que LaVey señala como centro de la magia y el punto climático de cualquiera de sus rituales. Y que, en verdad, los símbolos mismos, aunque puedan estar estructurados entre ellos y parecer viejísimos, son siempre aribitrarios, reemplazables, improvisables. La mayoría de principios antimorales llevan a conclusiones compatibles con las mías, aunque también me motivan a tomar represalias más seguido, no por hacer un mundo mejor, como Kira, sino simplemente por darme el gusto. En ese sentido, sí es conveniente aprovechar el tiempo que me queda en la periferia. Después de todo, sí es un notable aporte el de LaVey al lado oscuro.

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