martes, 5 de agosto de 2008

Disertación demonológica frente al paganismo

Anduve por ahí leyendo un relato sobre la historia de Lilith, escrito por un aficionado - ¿un aficionado? ¿acaso existen los profesionales que no sean pura pose? Yo tampoco soy más que un tipo que escribe. En fin, publicada de manera informal, casi a modo de fanfic, aunque escrita en un tono bastante formal, casi pretencioso, pero solo casi, y eso está muy bien. La forma de ensamblar las tan diversas piezas es congruente y demuestra erudición, la estructura del relato resultante es heterogénea e irregular, pero eso es parte del universo mítico. En cuanto a la materia, el "contenido", la parte menos fiel y por ello más interesante es la inicial, que nos liga al Tiempo antes de la luz, haciendo un puente con la Lilitiu cósmica mesopotámica, lo cual obliga al autor posteriormente a hacer más enmiendas interesantes en la posición y relación del dios padre.
Si bien estoy haciendo hincapié en esta parte desde el punto narrativo y literario, por otro lado muy distinto debería decir que no estoy tan de acuerdo. Ese lado sería el demonológico (planteemos una demonología científica análoga a la teología académica, pero superior en la naturaleza plural de sus entes). En la cábala, siendo creación de Dios y hermana idéntica de Adán, Lilith elige el camino de la desgracia por cuenta propia y es en su propio derecho la creadora de lo real y lo pecaminoso, encarna la verdadera libertad de albedrío la cual incluye darle la espalda a Dios y a su hegemonía mayúscula. Colocar a Lilith como precedente al dios padre y hablar de este Tiempo antes de la luz, sobre todo en la forma en la que es descrita aquí, pone a la oscuridad en lo que ocupara en el relato cabalístico el Edén, convierte al dios padre en el traidor y creador de la existencia, condenando nuevamente la existencia misma desde un architexto idéntico. Este dios padre que no es Dios, evidentemente tiene un contenido metafísico y espiritual muy distinto. Experimentarlo de forma trascendental no se deriva de la fenomenología del otro. Al fin de cuentas, parecería estar ahí solo por influencia de un monoteismo precedente, como personaje heredado y no autónomo. Así, pues, este relato se revela como intertextual y dialógico, por lo tanto mítico solo de forma limitada, pues no es un mito que en sí mismo constituya la realidad desde la base desierta, sino que se dedica a arreglar cuentas con un discurso recesivo. Es más que nada un metamito.
Esta construcción metamitológica se corresponde en verdad a lo que celebran los grupos autodenominados como paganos. Salta de entrada la cuestión de qué significa esta denominación si es que la palabra fue inicialmente acuñada por el cristianismo para designar a sus muy diversos enemigos. Lo pagano como tal surge entonces de manera necesariamente poscristiana, como una reivindicación de un complejo irreversiblemente digerido por la inquisición. Igualmente, metamitología contestataria, búsqueda de un pasado inexistente, aunque no quiere decir que no pueda conllevar a una fusión antihistóricamente congruente como en la gran era de los magos modernistas. En verdad, mucho mayor es el poder de una mitología futura.

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