lunes, 17 de julio de 2017

Tenebra y Nictofilia

Se han publicado cuentos míos en dos revistas. Para Tenebra me pidieron algo que fuera de horror extremo. En momentos como este me doy cuenta que la mayoría de lo que escribo podría más bien caber en la categoría de terror psicológico, ahorrando lo más posible en exponer los monstruos y cadáveres, sugiriendo la perversión de manera sutil.

Sin embargo, había escrito hace un tiempo una historia con suficientes cadáveres, un policial con varios asesinatos paranormales. En la ciudad tropical los cuerpos decaen aceleradamente y los humores se tornan incontrolables. Como tantas otras historias, empezó como un relato de vampiros, partiendo de la noción de que la sangre no solo es la vida, la sangre da poder sobre los que la heredan. Un apunte de hacer varios años:

¿No está, acaso, en el poder de los purasangres, implícito el poder de la sangre misma? Cualquiera que comparta su sangre está atado a él, porque su sangre sigue viviendo a su voluntad aunque esté en el cuerpo de otro, porque el vampiro es la sangre y nada más, y porque todos los que llevan su sangre son el vampiro, acaso uno y el mismo...
Nov. 2009

Después de darle algunas vueltas, la historia se convirtió más bien en un cuento de bichos, de esos que pueblan las selvas de Quiroga. Los cadáveres están por todas partes, pero el terror está en la mente.



En Nictofilia surgió un proyecto diferente que me animó por otras razones. Junto con el Maestro del Mal Carlos Carrillo surgió la idea de escribir un cuento a cuatro manos. En la práctica, empezamos con una historia desarrollada casi enteramente por Carrillo. Un relato de juventud nihilista y horror cósmico, de fantasías suicidas y diosas antropófagas.

Cuando intenté agregar mi salsa al texto, noté que inevitablemente se verían las costuras. Por lo tanto, procedí a reescribirlo todo con mis propias palabras, à la façon de Menard, casi sin mirar. Sin embargo, las descripciones de planetas extraños y monstruos híbridos tuve que tomarlas tal como estaban, pues no había vuelta que darles al horror preciso que representaban. Lo que sí detallé más (aunque sé que nadie me lo creerá) fueron las escenas de sexo cuántico.

En el proceso también le encomendé otra trama mía a Carrillo, quien le estará dando forma para una próxima entrega de Nictofilia, sea en torno a Súcubos o al horror queer.

Sé que ambas revistas se encuentran en camino hacia mí. Aun así, estando a la distancia, sigo sin tenerlas entre manos. Para quien se pase por la Antifil esta semana (hasta el domingo 23 en el Jr. Carabaya 959), seguro le será más fácil encontrarlas.

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