domingo, 5 de diciembre de 2010

El Zombie walk y la danza macabra

Los muertos se levantan para invadir las calles de Lima y su número va creciendo inevitablemente cuadra a cuadra, hasta superar los mil zombies en el centro comercial más popis de la ciudad. Esto demuestra una vez más que la danza de la muerte no está muerta y que igual que en la tradición medieval abogados, superhéroes, enfermeras, popstars, metaleros, bombas sexys, el papa y jesucristo somos todos iguales ante el destino absoluto. Incluso las estrellitas figuretis del cosplay que tan acostumbradas están a llamar la atención se vuelven insignificantes en medio de la turba guiada por una sola esencia, la parca, la calaca, la única universal y justa. Sí, vivimos con la muerte en el cuerpo, porque como dice Rilke somos los únicos animales que pasamos la vida conscientes de nuestra muerte, en constante despedida. Ver a los muertos caminar por las calles les recuerda incluso a los más putrefactos de los ciudadanos, incluso a los conservadores miraflorinos, que su existencia es finita y absurda, que su amodorrado día a día al que está tan acostumbrado llegará a un término y nadie tendrá por qué recordarlos. Su concepción de la realidad se demuestra como limitada y quebradiza al poner lo imposible, lo fantástico en escena o, mejor aún, sacarlo a las calles donde nadie se lo espera. Celebrar la muerte, en el fondo, es también una forma de celebrar la verdadera vida: el tiempo que nos queda se hace más valioso si notamos que es corto.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

muy buenta nota me encanto

noah x

Sandra dijo...

Acabo de descubrir este blog. Se ve interesante, lo voy a revisar siempre.
Sí, tienes razón, recordar la muerte es recordar que uno se va a morir tarde o temprano y que no vale la pena aferrarse a nada.
Igual también el alma se muere mucho antes que el cuerpo.

Anónimo dijo...

Va. Tener presente a la muerte en nuestras vidas es válido siempre y cuando el fín sea recordarnos que nuestra existencia tiene un final y así intentar disfrutar de esta al máximo;sin embargo, una excesiva consciencia de la muerte puede conllevar a vivir una vida temerosa, desesperada, sin llegar a disfrutarla en un sentido verdadero volviéndola a esta esteril e inutil.
DyPaScC.