lunes, 8 de diciembre de 2008

Mucho abarca / poco aprieta

Delimitaciones, definiciones, identidades diferenciales. Traumas de identidad, vanguardismo adolescente. ¿Dónde comienza y dónde termina el metal? ¿Debemos partir de un arquetipo como un subgénero, un grupo o incluso una canción específica que se tome como referencia hacia todo lo que se le parezca y pueda, en cualquier dirección y por cualquiera de las aristas ser considerado su extensión? Un método inmensamente falaz pero en el uso práctico y, por lo tanto, en la medida en que el lenguaje es definido por el usuario y la identidad de las cosas es definido por el lenguaje, inmensamente difundida y real. Por el otro extremo vuelvo el rabillo del ojo hacia aquellos circulillos de una post de hace tiempo... ¿Cómo se puede ser metalero y otaku al mismo tiempo? ¿Y por qué no? Con eso de Crepúsculo y semejantes, parece que verdaderamente hay un tanto de literatura oscura resurgiendo por ahí, que no soy el único y que más bien tengo competencia. Que debo, por tanto, tomar una posición más radical que mi diferencia y me permita afirmarme en algo. Por ahora, la cosa sigue siendo sacar adelante el proyecto del templo negro, entre traducción, filología y especulación creativa. Habrá que intentar resaltarle el aspecto Baudelaireano, que es justamente el que lo vincula de vuelta a mi obra hasta ahora y el que en verdad no llegan a abarcar las gentes que gustan de atmósferas atemorizantes pero no aceptan a la oscuridad como parte de ellos mismos. ¿Acepto yo a la oscuridad como parte de mí mismo? ¿No es un credo que escribí hace un par de años y que ahora sólo salmodeo ocasionalmente? Busco relacionar las historias de anime con el metal y en cierto sentido sí aparecen cada vez más relatos de horror, muerte e inmoralidad en el campo...

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