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Cónicas del Templo Negro

Después de muchos años de revisión y de buscar la forma de editarme, he vuelto a decidirme por la autoedición. El 4 de julio estará disponib...

lunes, 26 de enero de 2015

Cogito Ergo Proxy / Video sed non cogito

Después de más de una década decidí darle una segunda oportunidad a una serie de anime cuyo primer capítulo me había parecido un burdo plagio de Ghost in the Shell. He estado adentrándome un poco más en la ciencia ficción últimamente y particular en casos de cyberpunk que no caen en el insípido cientificismo asimoviano. Después de volver a verlo noto que contiene mucho más que eso. Y aun así, ¿vale la pena? Como escribí en otro lado, lo que más me causa urgencia de escribir no son las historias buenas ni malas, sino las que me generan sentimientos encontrados.

Lo primero que me genera repulsión es el namedropping vacío. ¿Realmente creen que suenan inteligentes si mencionan a Kristeva y Deleuze sin haberlos leído? El único elemento psicológico que contiene el texto es el camino del héroe, la misma sopa Campbell enlatada de toda la vida. La trama es un episodio más del increíble Hulk, y no uno particularmente bueno. Lo único que pareciera darle un giro es el virus cógito, pero este nunca tiene origen, impacto ni conexión alguna con la trama central. Solo sirve para justificar a la loli de la serie. Al final del día, el nerd tiene que convertirse en superhéroe (y figura paterna de una familia con roles convencionales) para matar a los marcianos, como cualquier otro naruto, vamos: campeón del status quo contra el mal.

Lil es representada en cierta medida como mujer dura, pero como tal es sometida a los clichés que exigen mostrarla semidesnuda y sexualmente vulnerable en repetidas ocasiones, cosa que nunca vemos de ningún personaje masculino. Es, para colmo, un objeto del deseo de múltiples personajes masculinos (incluso un robot) que se la debaten como trofeo de una forma u otra. Al menos es reconfortante que no se la muestre a ella, si solo a su alter ego, estableciendo una relación definitiva y predecible con el héroe. Aunque la familia sea representada como finalidad y realización, al menos la serie tiene la decencia de solo sugerirla y no necesita mostrarla para satisfacer al mainstream.

Lamento que Iggy quede atrapado en este predecible pentágono amoroso. Como robot es probablemente el personaje con mayor realismo psicológico de esta serie (y de muchas otras). El desarrollo de Vincent en cambio es dramatizado de manera excesiva y por lo mismo resulta algo forzado, pero tampoco es del todo malo. Hay algunos diálogos buenos, pero todo se derrumba en cuanto se intenta forzar el intelectualismo vano. A menudo me da la sensación de que no entiendo lo que están diciendo, pero sí a qué se refieren, simplemente usan tecnicismos enrevesados para decirlo. Por otra parte, Dark Subs también contribuyó a arruinar el guión.

Si pasamos por alto lo superficial de su trama, hay que decir que el estilo visual y narrativo tiene gracia y personalidad. Muchos de los capítulos funcionan como episodios sueltos, viñetas de pesadillas o secuencias que desarrollan una temática cerrada. Vistos como episodios autoconclusivos, estos momentos del constante despertar, la incertidumbre del viaje en un desierto sin hitos en el horizonte ni estrellas en el cielo, sin orientación alguna, tienen momentos de confusa fascinación que trascienden de lejos la calidad de la serie como un todo. Una pena que queden inconsecuentes en vez de integrarse en un desarrollo. Una suerte que queden inconsecuentes en vez de disolverse en la sopa Campbell.

La verdad, la trama tiene muchas posibilidades, mucho potencial. Quizás no hay nada más inspirador que ver una serie mediocre que pudo haber sido mucho más, pues esta impulsa a crear todas sus posibilidades inconclusas.

domingo, 30 de marzo de 2014

Los espejos de Gaiman

Otra de las razones por las que no escribo ya mucho por acá es porque ando escribiendo por otros lares: una novela en alemán, guiones ocasionales para historietas que quizás jamás sean dibujadas, mi otro blog y la tesis que ahora tiene aspiraciones doctorales. No sé qué tan realista sea realmente el intento de doctorarme, paso más tiempo buscando trabajo para sobrevivir que estudiando realmente, pero todo lo que acabo leyendo es para el proyecto de doctorado y, por lo tanto, de Neil Gaiman.

Me resulta inesperado acabar escribiendo sobre un autor contemporáneo cuando me he considerado siempre un vestigio fuera del tiempo, pero también resulta completamente predecible que acabaría escribiendo sobre alguien así, considerando que reúne a la perfección dos de mis obsesiones como lo son la literatura fantástica y el comic. Mi tesis en última instancia no se centra en el comic ni en las obras propiamente literarias, sino en la relación entre estos y otros medios más, porque el hombre también anda metido en el cine y hasta en el radioteatro. Es desde el límite entre los medios que cabe preguntarse por la esencia de lo fantástico: ¿no se trata, acaso, de mostrar lo imposible, lo impensable, de representar lo irrepresentable? Y si cada medio tiene sus propios límites de representación, lo irrepresentable variará de acuerdo a estos... Pero eso sigue siendo una mera hipótesis, de la cual a momentos también dudo.

El primer paradero en Gaiman es siempre The Sandman, obra maestra del cómic que me ha llevado a conectarme más con la onda psicodélica. Es en primera instancia una historia sobre los sueños, pero en el fondo, mucho más importante, es una historia sobre las historias. Los sueños son solo una manera de narrar, que en la estructura rizomática del comic se intersectan con libros, anécdotas, cartas, leyendas, mentiras y misterios cósmicos. A menudo el acto de narrar se vuelve incluso más importante que la historia narrada, porque dota de identidad y poder a aquellos que reproducen o reciben la historia. Además, si consideramos como Daniele Barbieri que los lenguajes del comic son también rizomáticos, siempre plurales, entonces el cómic es un vehículo único en el cual un lenguaje puede narrar y comentar a otro, permitiendo reflejar el espejo en sí mismo.

Una historia sobre espejos es Coraline, la cual ha sido comparada no en vano con Alicia a través del espejo, aunque el autor rechace la influencia. No solo es un relato sumamente tétrico para ser infantil, sino también muy refinadamente psicológico. Analiza, precisamente, procesos de individuación y conciencia del yo que se desarrollan en la infancia, y la pregunta de quién soy yo puede suceder a través del espejo en el que me veo a mí y al mundo, o a través de una piedra con hueco que me muestra un mundo distinto, o a través de mis ojos que podrían ser remplazados por botones... siempre, en última instancia, mediante símbolos de la visión y la mirada. La película también es buena, pero muy distinta al libro.

Un hueso que no termino de roer es la genial American Gods, al cual un profe calificó como "ese bodoque de 400 páginas". Es verdad que tiene unas cuantas páginas de más, y no le viene bien empezar tan lento y de forma medianamente predecible, pero el libro está tan pleno de momentos, lugares, conceptos y personajes bizarros que a fin de cuentas vale la pena. Me ha llevado a reflexionar sobre las distintas modalidades de creer (creer en una religión, en Papá Noel, en la ley o en una mentira), sobre la diferencia entre el dios misterioso y un verdadero trickster, sobre los patrones fundamentales que transcienden las religiones y definen lo religioso. Pero quizás la novela no trate en el fondo de nada de eso, y sea como dice el mismo autor, más bien una novela sobre el "espíritu americano", sobre el mago de Oz y la vida on the road.

Ahora ando a la mitad de Stardust, que se presenta como un simpático cuento infantil pero también contiene sexo adolescente, conspiraciones palaciegas y sacrificios rituales. Sin embargo, lo que había presentido y confirmo cada vez más es que nuevamente es una historia de espejos dentro de espejos, de mundos dentro de mundos: en el mundo victoriano de aquel entonces existe una puerta a un mundo de las hadas, dentro del cual hay mundos en los espejos, en los cielos y bajo la tierra.

Sobre mucho de esto ya he escrito artículos extensos en alemán como parte de mi estudio, pero no tengo motivación suficiente para traducirlo todo al español. Quizás cuando la tesis esté terminada, o si por algún acaso acabo asentándome de vuelta en lationamérica, lo llegue a considerar.

viernes, 30 de agosto de 2013

Flujo de información

Al enlazar mis nuevas entradas a posts más antiguas sobre temas relacionados, me doy cuenta que la mayoría de imágenes y videos que contenía mi blog ya no pueden verse. Dado que aún considero la mayoría de mis escritos antiguos como apuntes interesantes y parte de la continuidad de mi identidad, he estado reconstruyendo uno por uno los enlaces que parecían relevantes.

Eso me recuerda que la mayoría de videos no eran realmente míos, aunque varios sí lo son y muchas de las imágenes también eran contenido original. Más bien, me recuerda que el soporte en el que publico y guardo mis propias imágenes, videos y textos, que este mismo blog en el que sigo escribiendo, no es realmente mío. Por supuesto, la razón por la que los links ya no funcionan es porque Youtube y Blogger (que en el fondo son todos propiedad del mismo Google) han decidido "modernizar" sus sistemas, hacerlos más "amigables" al usuario pero menos controlables por el mismo, haciendo el sistema en apariencia más simple y en estructura inútil y estúpidamente complejo y pesado.

Esta tendencia también demuestra que Google solo es superficialmente amigable al usuario y que maneja la web como un espacio amnésico, donde la información es fugaz y descartable, donde el usuario no tiene capacidad de retención ni reflexión. Eso solo respecto al usuario, pues en el fondo todos los archivos siguen ahí, incluso si el usuario decide quitarlos, para ser utilizados por la supercomputadora Google que se apropia de la metaconciencia de la cual priva al usuario.

Todo esto me lo ha subrayado un videoconcierto del grupo Massive Attack al que acabo de asistir por una serie de circunstancias. No habría ido por mi cuenta al concierto de un grupo cuya música me deja indiferente, pero estuvieron aquí en Duisburg como parte del festival artístico Ruhrtriennale en el cual agarré un cachuelo como encuestador, y cuando el evento comenzó, yo ya estaba adentro, en el inmenso hangar vacío de una fábrica acerera, profundamente oscuro. Al fondo, una masa de gente parada estaba rodeada por enromes pantallas que se erguían en un amplio semicírculo, proyectando escenas de la Guerra Fría, un documental de Adam Curtis centrado en detalles bizarros que forjaron esta sociedad de la información, asediada por imágenes bidimensionales. Y detrás de estas pantallas bidimensionales se vislumbra, a momentos, a la banda musicalizando la historia en vivo.



Mediológicamente, Curtis no profundiza realmente en la estructura de la internet, porque la tendencia es precisamente a regresionar la internet hacia la videósfera, para que vuelva a ser controlable como lo era la Unión Soviética en los años 80. Según el documental de Curtis, vivimos en un sarcófago, encerrados en el management de la ilusión para evitar el caos y el debacle de una realidad descontrolada, para evitar cualquier posibilidad de cambio, porque todo cambio es peligroso. Este sarcófago se precipita hacia su propia decadencia y debacle, pero nos dice que lo mejor es no hacer nada, porque el cambio sería fatal.

Es paradójico cómo la moral pública se ha volteado en el último par de años, cuando siempre solía ser el status quo lo que se pretendía defender y yo me había propuesto reducir la realidad a una mefistofélica ilusión paradójica, desarticular la ilusión de lo que se llamaba realidad para revelar lo extraño y monstruoso. Ahora, el mosntruo ya no es el que amenaza el mundo conocido, sino el que lo ha forjado y nos mantienen enajenados dentro de su juego, y los desviados y antisociales parecen estar precisamente en camino hacia la salvación. Es sin duda frustrante descubrir que una ha cambiado de bando sin siquiera moverse.

He considerado volver a usar e-mail en vez de Facebook, y sobre todo con un servidor que no sea el de G-mail, pero respecto al Blog, temo que no puedo transplantarlo con la misma facilidad, aunque las tierras en las que tiene sus raíces se hayan vuelto pantanosas.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Brevísimas

Ha salido una contribución mía en el compilatorio "201" de la editorial Altazor. Para ser más específico, se trata de un microcuento sobre la habitación 201 de precisamente 201 palabras, y creo que el número de autores involucrados asciende a precisamente 201 (aunque no me he vuelto a tomar el tiempo de contarlos).

Hace unos días comentaba sobre libros excesivamente largos, pero a la vez el estilo de las ficciones brevísimas, los microcuento, se esparce entre muchos otros autores, sobre todo en Latinoamérica, siguiendo el ejemplo de Poe y Cortázar. Coincide con la cantidad de imitadores que tuvo el haiku en la región (aunque en ese caso con pocos resultados presentables). La microliteratura parece una solución para quienes no tienen el presupuesto para dedicarse a la escritura a tiempo completo, y para los lectores que no tienen el tiempo de dedicar horas de su día a un libro. Quizás lo que les falte a la mayoría de lectores ni siquiera sea el tiempo, sino la paciencia, la tolerancia de cuánto pasa entre un click y otro, la capacidad de concentrarse para un texto que sea más largo que una entrada de Facebook o una línea de chat. Pero incluso en esas circunstancias fugaces, un microcuento se dejaría leer, compartir, copypastear y difundir viralmente.

En mi caso, supongo que mis microcuentos tienen demasiado de haiku. El arte del microcuento es por lo general el de condensar una anécdota en palabras objetivas, sin digresiones ni adornos. Pero en vez de empezar con el mínimo e ir agregando detalles, yo tuve que empezar con una visión cósmica psicodélica, y luego ir podando, replegando tres palabras en una cada vez más polisémica y prismática, intentando no perder todos los sentidos que contenía un texto más largo. Eso es lo que comunmente se llama un poema.

Una experiencia más que he tenido con los microcuentos ha sido el "Ajuar Funerario" de Fernando Iwasaki, una colección de brillantes perlas brevísimas. Cometí el error de leerlo como un libro, de comienzo a fin, pero las perlas pierden el efecto si se las acumula, y brillan mucho más en el vacío, por lo que tiene más sentido sacar textos del libro de manera intermitente. El mismo Fernando luego me explicó que los textos también habían sido recolectados a lo largo de años. Otro aspecto análogo al haiku. Pero un libro de varios autores, ¿tendrá el mismo efecto, o la polifonía hará alguna diferencia fundamental? Por ahora no tengo forma de averiguarlo, pues el libro solo se está distribuyendo al otro lado del charco. Revísenlo ustedes y de ahí me cuentan.

sábado, 10 de agosto de 2013

Poniéndome al día con Game of Thrones

-Todavía necesito leer Game of Thrones- comenté.
-¿Necesitas? ¿No es que quieras?
Pero para alguien que se dedica a la literatura fantástica, definitivamente es una obligación. Sin embargo, de un tiempo a esta parte me resigné a que mi lista de lecturas era lo bastante larga como para agregarle los cinco o más tomos gruesos de la serie del momento. Por imperativa que esta fuera, y a pesar de que ni siquiera parecía ser mala, llegué a la conclusión de que no tendría tiempo de leerla y me puse a ver la serie.

Un compadre de antaño incluso ha inaugurado un blog donde habla de lo que hace mientras tú lees juego de tronos - "¡Piensa bien si merece la pena leer un libraco de mil páginas o cinco de doscientas!". Mientras tú lees juego de tronos, él anda leyendo obras breves de "espadas y hechicería", y yo ando perdiendo el tiempo con el indigerible Lacan y sus circunloquios.

Lo voluminoso de la saga de Martin me hace pensar qué dirán las generaciones venideras si esto se llega a convertir en clásico, y si de acá a cien años la prosa actual resulta tan trabajosa como lo es la del siglo XIX para nosotros hoy. Si ya da miedo enfrentarse a Moby Dick, ¿quién querrá leer más de cinco libros del mismo grosor?

Por otra parte, estas preocupaciones surgen precisamente porque hay buenas razones para que la saga sí alcance el estatus canónico. El giro de conectar la fantasía épica con elementos verdaderamente medievales en vez de un medievalismo romantizado conecta con fuentes primigenias que extrañamente habían permanecido ajenas al género durante décadas. Si este movimiento ahora parece tan evidente, es solo porque era absolutamente necesario. Un regreso a las fuentes prístinas le ha permitido a George R.R. Martin restructurar el género de manera sensible, y llevarlo ya no a la edad mítica de dioses y portentos, sino a la edad heróica donde cuentan que Odiseo contaba haber visto a un cíclope, o dicen que los enemigos de Sigfrido dijeron que él se había bañado en sangre de dragón, pero no es que los elfos anden por la calle o los el panadero sea un duende. La magia resulta más mágica en tanto es inusual y no cotidiana para los personajes.

En la simultaneidad se encuentran la comedia de enredos y la tragedia. En aquellas épocas no todos tenían smartphone para estar siempre conectados, y en lo que tomaba llegar de un lado al otro ya toda la situación había vuelto a cambiar. Esto se refuerza por el contraste entre la perspectiva enunciativa frente a los personajes, que vuelve la desgracia previsible pero inevitable. Bajtín me convenció de que el arte de la novela es el de la orquestación, el hacer que una docena de historias funcionen como una sola.

Por otra parte, la cantidad de personajes que se pretende narrar simultáneamente hace que no se alcance a narrar mucho de ninguno de ellos y que el ritmo se vuelva lento, a veces tedioso. Al menos en la serie, si un capítulo dura 50 minutos y pretende representar 10 personajes a la vez, solo le quedan 5 minutos por personaje, los eventos se dan en pasos mínimos, en migajas. Supongo que entre un medio y otro el efecto de ritmo será diferente. Aristóteles tenía sus razones para la unidad de acción. Salirse del patrón tiene sus problemas pero, en este caso, creo que también sus ventajas.

La mitología del conquistador que funde las espádas de los demás en su trono es una lúcida alegoría del Estado que monopoliza la violencia. Esta violencia anda libre en los campos yermos de los dothraki, y esa es la única alternativa que tendiese a la libertad. La inclusión de héroes gays, matriarcas y mujeres guerreras vuelve la serie loable para la moral pluralista contemporánea, pero también funciona en tanto muestra que estas son excepciones o secretos a voces, como lo han sido en muchas sociedades precristianas. La cosa se pone rara cuando la cantidad de excepciones hacen que entre los personajes representados, esto se convierta en una regla.

Antes de poder sacar conclusiones definitivas, habrá que ver qué más viene. ¿Los caminantes blancos por fin cruzarán el muro? ¿Qué pasará en King's Landing cuando la khaleesi llegue con su ejército? O, siendo esta una odisea, ¿volverá a perderlo todo ante Scila y Caribdis, para llegar encapuchada a matar a todos los traidores por mano propia? Con el éxito que tiene, ¿el señor Martin se animará a acabar la serie? Me parece que ya la está estirando más allá de sus propias previsiones y que él mismo ya no sabe qué pasará, así que habrá que esperar y dejarse sorprender una vez más.