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Cónicas del Templo Negro

Después de muchos años de revisión y de buscar la forma de editarme, he vuelto a decidirme por la autoedición. El 4 de julio estará disponib...

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lunes, 29 de abril de 2019

El marcianito que todxs llevamos dentro - Breve historia del Planeta Verde

Ya han pasado un par de meses desde la Berlinale y recién alcanzo a publicar sobre la película que me resultó más interesante. Breve historia del planeta verde resultó ganadora del premio Teddy en el marco de este festival.

La película comienza con la imagen de la protagonista despertando, con un cobertor de ojos de E.T. Debajo del cobertor, por supuesto, Tania lleva maquillaje intenso, glitter y pestañas postizas. Será que se despierta así a diario. Será que su vida no es lo bastante intensa o extraña como para irse a dormir sin desmaquillarse. Será que no es maquillaje, que esa es su cara verdadera. Será que la cara verdadera es la de E.T., que las caras extrañas en las que se refleja su vida no dejan ya distinguir un original. Será que hace falta cuestionarnos un poco más nuestra propia normalidad.

La cinta está llena de marcianos, luces de neón, fotos desenfocadas de platillos voladores, muñecos de ule. Los trucos son reconocibles y graciosos, y por lo mismo su presencia no nos perturba, sino que nos enternece, dando pie a las reflexiones de los personajes que reconocen su melancolía en estos fenómenos. Desencadenado por una muerte, el encuentro extraño, extrañamente familiar, deviene en la partida hacia el viaje heroico de tres jóvenes desadaptadxs hacia sí mismxs. La vida misma, reconocen, consiste en ser impredecible, en tomar formas inesperadas y abrirse a lo desconocido.

Pero el viaje heróico es lo contrario de la aventura. Es un viaje hacia pantanos desolados, hacia el silencio, el frío, la oscuridad. El caos de la noche es una introspección cada vez más silenciosa. Los encuentros con otras personas se vuelven cada vez más escasos, y en cambio los personajes exploran sus propias memorias para encontrar el valor. Los diálogos con personas son reemplazados por imágenes espectrales de cuerpos pintados y masas silenciosas, como interrogantes poéticas. Con un ritmo delicado, la película logra un decrecendo para convertirse en una meditación, en donde las extrañezas individuales logran solidarizarse en un colectivo particular.


lunes, 26 de enero de 2015

Cogito Ergo Proxy / Video sed non cogito

Después de más de una década decidí darle una segunda oportunidad a una serie de anime cuyo primer capítulo me había parecido un burdo plagio de Ghost in the Shell. He estado adentrándome un poco más en la ciencia ficción últimamente y particular en casos de cyberpunk que no caen en el insípido cientificismo asimoviano. Después de volver a verlo noto que contiene mucho más que eso. Y aun así, ¿vale la pena? Como escribí en otro lado, lo que más me causa urgencia de escribir no son las historias buenas ni malas, sino las que me generan sentimientos encontrados.

Lo primero que me genera repulsión es el namedropping vacío. ¿Realmente creen que suenan inteligentes si mencionan a Kristeva y Deleuze sin haberlos leído? El único elemento psicológico que contiene el texto es el camino del héroe, la misma sopa Campbell enlatada de toda la vida. La trama es un episodio más del increíble Hulk, y no uno particularmente bueno. Lo único que pareciera darle un giro es el virus cógito, pero este nunca tiene origen, impacto ni conexión alguna con la trama central. Solo sirve para justificar a la loli de la serie. Al final del día, el nerd tiene que convertirse en superhéroe (y figura paterna de una familia con roles convencionales) para matar a los marcianos, como cualquier otro naruto, vamos: campeón del status quo contra el mal.

Lil es representada en cierta medida como mujer dura, pero como tal es sometida a los clichés que exigen mostrarla semidesnuda y sexualmente vulnerable en repetidas ocasiones, cosa que nunca vemos de ningún personaje masculino. Es, para colmo, un objeto del deseo de múltiples personajes masculinos (incluso un robot) que se la debaten como trofeo de una forma u otra. Al menos es reconfortante que no se la muestre a ella, si solo a su alter ego, estableciendo una relación definitiva y predecible con el héroe. Aunque la familia sea representada como finalidad y realización, al menos la serie tiene la decencia de solo sugerirla y no necesita mostrarla para satisfacer al mainstream.

Lamento que Iggy quede atrapado en este predecible pentágono amoroso. Como robot es probablemente el personaje con mayor realismo psicológico de esta serie (y de muchas otras). El desarrollo de Vincent en cambio es dramatizado de manera excesiva y por lo mismo resulta algo forzado, pero tampoco es del todo malo. Hay algunos diálogos buenos, pero todo se derrumba en cuanto se intenta forzar el intelectualismo vano. A menudo me da la sensación de que no entiendo lo que están diciendo, pero sí a qué se refieren, simplemente usan tecnicismos enrevesados para decirlo. Por otra parte, Dark Subs también contribuyó a arruinar el guión.

Si pasamos por alto lo superficial de su trama, hay que decir que el estilo visual y narrativo tiene gracia y personalidad. Muchos de los capítulos funcionan como episodios sueltos, viñetas de pesadillas o secuencias que desarrollan una temática cerrada. Vistos como episodios autoconclusivos, estos momentos del constante despertar, la incertidumbre del viaje en un desierto sin hitos en el horizonte ni estrellas en el cielo, sin orientación alguna, tienen momentos de confusa fascinación que trascienden de lejos la calidad de la serie como un todo. Una pena que queden inconsecuentes en vez de integrarse en un desarrollo. Una suerte que queden inconsecuentes en vez de disolverse en la sopa Campbell.

La verdad, la trama tiene muchas posibilidades, mucho potencial. Quizás no hay nada más inspirador que ver una serie mediocre que pudo haber sido mucho más, pues esta impulsa a crear todas sus posibilidades inconclusas.

miércoles, 15 de junio de 2011

[Thecnetos] Meta-apocalipsis cuántico en 16 dimensiones

Mientras tanto en otro lugar del espacio-tiempo, en algún punto entre Warhammer 40000 y Tarkowski...

Mi hermano siempre describía la serie animada de X-Men como una historia donde cada cinco minutos el mundo estaba a punto de acabarse. No es gratuito que el principal villano lleve el nombre de Apocalipsis, un personaje tan desproporcionado y obscenamente poderoso que destruye cualquier lógica y arroja la misma serie en una dirección absurda.
Sin embargo, el mundo puede acabarse trillones de veces más sin tener que rehuir al sentido. De hecho, es lógico que sea así. El libro de Luis Arbaiza me lo acaba de demostrar. Thecnetos [pronúnciese Θεχνετόζ, del griego "artificial"] se presenta como "Los últimos días del universo", y es la historia más apocalíptica que jamás podría imaginar. De hecho, implica un gran esfuerzo de imaginación con las monstruosas escalas que maneja, pues estos "últimos días" duran más de un trillón de trillones de años, 10^25002, "una cifra que no cabría en la totalidad de este manuscrito". Pero todos esos días y más, son los últimos, porque, un momento tras otro, el mundo se sigue acabando. ¿Cómo puede el mundo acabarse tantas veces? Después de la muerte no se siente nada, se menciona muchas veces en el libro, por lo que no se debe temer ni anticiparse a la muerte, que es un momento neutro. Sin embargo, la novela logra formar una monstruosa espiral ineludible, un hoyo negro donde el mundo se torna cada vez más desesperado, más complejo, más inevitable, pero no impide que le siga otro ciclo más de mayor horror, pues en un plano caben ininitas líneas. Si los últimos días duran tanto, ¿por qué no contar como últimos los que ya estamos viviendo? Quizás es como decía Heidegger, que la vida es una enfermedad mortal y la creación del universo implica su destrucción.
En esas escalas monstruosas necesarias para describir el destino no sólo del universo entero y sus millones de galaxias, sino de múltiples universos y trasmundos posibles y cuánticamente reales, es necesario manejar conceptos como metacorporaciones, metafilosofía, hipercubos y seres posthumanos. Todos estos cálculos están sustentados y demostrados, después de todo este libro no es puro cuento sino un "ensayo novelado" presentado por un gentista titulado y apoyado en una amplia bibliografía citada. Ciencia ficción pura y dura.
Como ensayo, Thecnetos es una obra de interés holístico, que aborda no sólo los campos de la física cuántica y la degradación entrópica del cosmos, sino que los pone en estricta relación con un concepto analítico de la genética, casi diría nuevamente metabiológico, y con preguntas fenomenológicas sobre la conciencia o el concepto de humanidad. Una obra ambiciosa, de peso.
Otra vuelta de tuerca: la inmensidad del universo y su inconmensurable metahistoria, al final, ha sido ya reducida por la soberbia humanidad, y el destino de esta se reduce sólo al juego de ajedrez entre dos o tres personas, que ni siquiera tienen un nombre completo. ¿L es descendiente del señor K u otro discípulo y doble de Light y Lawliet? ¿O acaso podría ser incluso más personal que eso? Al final, lo que le da sentido a la infinitud de materia debe provenir de una búsqueda personal, en la que los clones de todos los seres humanos posibles son sólo máquinas químicas, peones de carne para un interés particular.
El texto lo recibí de Luis en un intercambio de libros, en forma de una edición artesanal. Actualmente se puede leer completo en su página web. Esperamos que pronto aparezca una edición formal de algo que debería dejar huella en el mundo.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Congregación fantástica

Hasta ahora no llegué a decir palabra sobre el congreso de literatura fantástica que sucedió el mes pasado. Sólo pude escuchar unas tres mesas, pero la cuestión estaba para comérsela entera. Entre otras cosas, el organizador Elton Honores presentó un libro que parece tener trabajo serio sobre este difícil y postergado tema que es la literatura fantástica en el Perú. Sin embargo, me quedo con la cita que hizo uno de sus comentadores a JRR Tolien: no hay que excusar a la literatura fantástica de ser escapista, pues esa es su principal virtud, en trascender los límites de lo inmediato para pensar en temas más abstractos y complejos.
Al día siguiente tuvimos una revisión muy ilustrativa sobre la ciencia ficción en el Perú por parte de Daniel Salvo, quien partió desde "Lima de aquí a cien años" para acabar más de cien años después, con "Mañana, las ratas" de José B. Adolph. La contraparte la dio Rodolfo Rorato Londero, un invitado brasilero que se centró en las corrientes más actuales de ciencia ficción en su país: el steampunk y la ucronía, el postcyberpunk (¿no era el cyberpunk de por sí ya una cosa post?), y la bastante indefinible ficción "borderline".
Pero no habría que descuidar lo de la noche anterior. Sí, para entonces ya habían hablado Rosita Isaza, sobre el autor colombiando Ricardo Cano Gaviria y el Castillo de Otranto, gemelas vampiro en un juego perverso de intercambio de roles por el cual ya no se sabe quién es la viva y quién la muerta, o si ambas están vivas y muertas al mismo tiempo. Raschid Rabi analizó las adaptaciones al cómic de HP Lovecraft, y Michaela Radulescu sobre la historia del vampiro en el cine. Larga y compleja la historia del vampiro, sin duda, tanto así que los míticos vampiros sumerios apenas se pudieron mencionar de pasada. Lo que alcanzó a cuajar de manera más completa, en cambio, fue la imagen del Nosferatu, el vampiro solitario, un muerto en vida que encarna la desesperación de la tragedia germánica, la oscuridad teutónica de conocer desde siempre la propia destrucción, de vivir, como decían Rilke y mi profesor Renato Sandoval, en constante despedida.

jueves, 8 de abril de 2010

The Industrial Sound

Intenté hacerme una idea más clara sobre qué es el industrial, pero como con todos los géneros de música popular, parece que en verdad nadie lo sabe. Yo pensaba que tenía algo que ver con los Einstürzende Neubauten, o si no que Rammstein era la cara más comercial de un género complejo pero coherente. Tenía la impresión de que, en algún punto, el concepto de la música electrónica pesada coincidiría con el uso de ruidos o al menos samples de máquinas reales, chispeantes o aceitosas. Pero como todo género, el industrial abunda en ramas por las que irse, y quizás en sí mismo es sólo un atado de ramas sacadas a su vez de otros géneros. O al menos algo que se puede decir para el industrial en general es que no serían ramas, sino fierros o cables. Aunque los cables siseantes, los motores retumbantes y las cadenas chirriantes no se escuchan mucho en el gothic-industrial. Los ruidos aquí son electrónicos, tanto como los de cualquier tecno, y como cualquier tecno repite el mismo ritmo, melodía y frases pregrabadas ad nauseam. Y es que, a pesar de todo, se trata igualmente de música bailable para discotecas. Discotecas góticas, pero discotecas nada más. No es una música que valga la pena detenerse a escuchar prestándole atención a los detalles. De hecho, sus más acérrimos fans tampoco sostienen que sea exactamente música, sino que hablan de "the industrial sound". Un sonido no contable o discernible como si fuera una canción, sino parte de una continuidad líquida, como una oscuridad viscosa para envolvernos con su densidad homogénea en todas direcciones.



Si lo gótico es vivir con la muerte dentro, el cyber-goth, inevitablemente ligado al gothic-industrial, es reconocer que la tecnología humana es sin duda una fuente de muerte con la que convivimos diariamente. Desde la radioactividad ochentera hasta las más recientes noticias de cómo se muerte el planeta, sin olvidar la máscara de gas de rigor, una forma de abordarlo es reconociendo honesta, quizá cínicamente (porque el cinismo no es más que un exceso de honestidad en la impotencia actancial), que el progreso tecnológico da muchos medios a la humanidad para su propia destrucción y que, a estas alturas, no queda mucho que hacer. Todos ya estamos condenados, y la opción menos hipócrita es aceptarlo y celebrarlo.

Opuesto a esto están los que insisten en un "industrial-that-desn't-sound-like-dancemusic", lo cual nos devolvería, efectivamente, a un uso más intensivo de los samples mecánicos, los ruidos insufribles, las explosiones multiplicadas digitalmente, pero también la multiplicación digital de las voces reiterantes, en un ritmo que a pesar de todo no logra librarse nunca de una noción de pista de baile, sólo que en base a elementos distorsionados a los que es sumamente difícil adecuarse, casi como hacerse de la idea de masticar el concreto o alimentarse de plutonio. Por este lado, Feindflug y Terrorfakt.



Otra rama de un género diferente que se adjunta es el industrial-metal. En cuanto a este caso, hay que decir que por un lado se trata de música electrónica oscura que de metal tiene poco, o de Death Metal puro y simple que tiene escasos rastros industriales.

Hay también bandas que son famosas como industrial aunque de corazón sean radicalmente anarcopunks. Célebre caso de Nine Inch Nails, y también muy notable para los menos conocidos Atari Teenage Riot. Aparte de destrozar guitarras y lanzar gritos antisistema, también tienen mezclas electrónicas bastante agresivas. ¿Pero no debería eso llamarse electropunk o algo así? La verdad a estas alturas ya me canso de discernir de donde proviene los sonidos originales y simplemente veo que, como un todo, el tema ha tomado la forma de un monstruoso cruce entre licuadora y lavadora gigante, hundido por la borrosidad de un lo-fi, pero sin dejar nunca de lado los breakbeats más o menos trillados y recurrentes. Tanto smog y engranaje ha logrado por fin hacerme doler la cabeza. Quizá eso es lo que debería hacer el industrial, o quizá debería cambiar mi propia cabeza por una de acero.


martes, 10 de noviembre de 2009

Improbable futuro galáctico

La señora de largo cabello gris lleva una banda roja y una gema en su frente, representativas de alguna cultura extraterrestre. Usa lentes, aparenta alrededor de los 70 y viste un uniforme azul de la federación galáctica. Y está aquí, en la decadente y terrenal ciudad de Lima, ahora, en un día lluvioso de noviembre del 2009 que en nada se parece a las fantasías de odiseas espaciales proyectadas para hacía ocho años. Aunque, claro, tampoco es realmente un día cualquiera en un lugar cualquiera: en una convención de frikis, incluso esto es posible. Yo todavía me predispongo a cuestionar el optimismo de los treckies desde la historia reciente, insistir en la crisis cultural que se da en base a un mundo globalizado donde el concepto unidireccional y alejandrino de civilización se cae a pedazos. Sin embargo, lo admite de entrada. Es improbable. Improbable, sí, pero nunca imposible. Definición particular de la ciencia ficción que podría considerar para mis experimentos steampunk, los cuales sí son bastante imposibles e incluyen una consideración metafórica de las doctrinas esotéricas más allá de su impacto a nivel espiritual. Claro que lo difícil está en poder evaluar las posibilidades. Por otra parte, resalta que la ciencia ficción, al abrirse hacia el futuro y lo desconocido, genera tolerancia y disposición a comprender universos alternativos, culturas alienígenas y tantas otras cosas. Quién sabe, la verdad. El conocimiento nunca es suficiente, se trata de una actitud de base, de un punto de partida en la perspectiva. Volviendo a Alejandro Magno, si bien aceptó acrisolar e incluir las costumbres de algunos de sus súbditos conquistados, no deja de ser el padre de la helenización, el primer gran imperialismo de occidente: ningún imperialismo más monstruoso que el de la razón occidental. Y aún así, el sacar cara por un pueblo extraterrestre ante un planeta lleno de terrícolas, el estar dispuesto a pensar más allá, sea en la dirección o con la apertura que fuere, todo ello marca un quiebre galáctico impresionante y un valor inmenso.

http://fatimarodriguezserra.galeon.com/stfans.html

jueves, 13 de marzo de 2008

La belleza del cuadrado

Apenas acababa de escribir contra el arte moderno, quedándome con la extraña impresión de que en general no me gustan las artes plásticas a menos que estén subordinadas a una narrativa; cuando, simultaneamente, me veo leyendo al futurista Mayakovski y a su opositor Zamyatin, que en su parodia no puede evitar volver aun más gloriosa la estética que niega y cantarle a la belleza del cuadrado. Ahora recuerdo, al haber caminado por la ONU, reflexionar una vez más sobre el arte islámico y la admiración de Borges hacia el mismo, para llegar a la conclusión de que, de hecho, al ser Alá irrepresentable, los musulmanes fueron de los primeros en el mundo en desarrollar un arte netamente abstracto. Pero no muy de lejos les siguen los masones góticos, a medida que su arquitectura se hace cada vez más excelsa y libre de representaciones, para concluir en la spira mirabilis y sus místicos números aureos. Y la música desde siempre ha sido mejor cuanto menos representa, punto y contrapunto sin rastro de objeto terrenal. En verdad yo mismo ya vengo un tiempo admirando la belleza de la máquina, certera, precisa y confiable, la máquina que a diferencia de la planta es aquel artificio de mi mente que funciona como yo la he concebido y no como la naturaleza quiere funcionar. El sistema irreal que es lógico en sí mismo porque niega la realidad y así se vuelve la raiz de todo mundo posible. Cuán semejante, en verdad, el círculo mágico y la jerarquía cósmica a un precioso engranaje. Hubo un día que, agobiado de tareas lingüísticas, torné de vuelta a reparar una engrampadora descompuesta, analizando cada uno de sus resortes y su funcionamiento interno, sus reglas desconocidas pero perfectamente racionales, hasta que, al cabo, funcionó, tal como la había predicho. Aquel momento epifánico en que las cosas hacen click. Pero esto es arte abstracto, no arte conceptual, y al fin de cuentas no es precisamente contra lo que andaba escribiendo hace unos días. No me retracto de nada.