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Cónicas del Templo Negro

Después de muchos años de revisión y de buscar la forma de editarme, he vuelto a decidirme por la autoedición. El 4 de julio estará disponib...

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domingo, 27 de noviembre de 2011

Sangre, demonios y mucho sexo - cuentos de Carlos Carrillo

Hace un par de años escribí una reseña de la tercera edición del libro "Para tenerlos bajo llave" de Carlos Carrillo para una revista sobre sexo. La revista estaba era proyecto de otro amigo que le había puesto el título Envergadura. No era pornográfica, pero tampoco dejaba de ser explícita y escatológica. Al final, nunca vio la luz, y ahora que rencuentro el texto, lo cuelgo aquí.

Lo conocí cuando empecé a frecuentar aquel oscuro hueco que ahora ha cambiado su nombre a Zarko. En medio de la colorida ebriedad de la calle de las pizzas tan cholibudense se abre, para el que sepa ver, un delgado pero profundo orificio con paredes negras recubiertas de rostros demoníacos, donde resuena hace años la furia de la música metal. Carrillo es un tipo bajo e intrigante, siempre con comentarios graciosos y una mirada maliciosa y ambigua, pero a la vez firme y parsimonioso, siempre indescifrable. De día es abogado, y de vez en cuando llegaba también al bar aún con saco y una corbata de Kiss, pero cuando podía siempre vestía casaca de cuero o un gran abrigo negro. Para muchos es El Pitufo Sodomita, y para algunos también un Maestro del Mal.

No fue poca mi sorpresa cuando me pasó por primera vez un cuento suyo. El tema no era otro que la condesa sangrienta Elizabeth Bathory, una legendaria bebedora de sangre y violadora, referente ineludible para todo metalero y/o vampiro, inmortalizada entre otros por grupos tan oscuros como Cradle of Filth y Venom. Algunos detalles dejaban que desear, pero el cuento como un todo hacía honor a la condesa, una figura a la que por cierto pocos cuentos han hecho honor (tenemos quizá las descripciones de Pizarnik), más aun en un país nacionalista que se jacta de una "tradición realista" y se niega a escribir sobre personajes foráneos. En fin. Poco después supe que este era en verdad parte de un libro, del que me hizo llegar la segunda edición, en cuya portada figuraba el cuerpo desnudo y sodomizado de una mujer sin rostro, y a la vuelta el mismo Carrillo, montado con un látigo sobre una caja de la que sobresalían la cabeza de alguna víctima con los ojos tapados. Evidentemente era un volumen bastante inapropiado para leer en espacios públicos. Como su título rezaba, más bien era "para tenerlo bajo llave". Pero, como dije, esta era la segunda edición. De la primera sólo he logrado escuchar rumores, que fue una publicación extremadamente clandestina, conocida por apenas un puñado de iniciados. Cabría también preguntarse por el contenido de aquel libro, considerando las diferencias entre la segunda edición y la tercera que ahora circula. Hay varias adiciones notables a modo de bonus tracks, como el par de temas en vivo y versiones alternativas que suele incluir la reedición de un buen disco metal, pero también se hacen extrañar varias de las andanzas del mismísimo Pitufo Sodomita.

Los bibliófilos que han comentado esta tercera versión, insisten principalmente en la malignidad y perversión que recorre los relatos de Carlos Carrillo. Tampoco es para menos. De manera contextualista han sugerido relacionar la obra de Carrillo con la de Sergio Galarza, Oscar Malca y demás posmodernistas decadentes con los que coincide en el desenfadado cinismo, el protagonismo de la banda sonora y, sobre todo, la violencia urbana. Cuentos como "Cristales rojos", "Euforia permanente" y "Si a trece le quitas cuatro tienes nueve" se centran en violaciones y asesinatos indiscriminados narrados a modo de hazañas personales. La indiferencia ante el entorno social a la vez que se agrava su degradación puede ser tildada flojamente de "realismo" como se ha solido hacer con esta generación. Sin embargo, en la narrativa de Carrillo estos temas son apenas la punta de un lovecraftiano iceberg que guarda en el fondo un amplio repertorio de monstruos y demencias mayores. (Lovecraftiano fue como califiqué a Carrillo en la presentación de su libro. Él meneó la cabeza y murmuró algunas cosas que daban a entender que no estaba muy de acuerdo, pero con cada relato suyo que leo me convenzo más de que ha logrado digerir a Lovecraft mucho mejor que yo por sus sueños espeluznantes, sus descripciones de cuadros satánicos y la sensación de un universo oscuro en constante expansión, a cada momento más profundo y enorme de lo que parecía, como un iceberg). Muertos vivientes, humanos artificiales, santas malditas y muchas otras bestias aguardan al final del oscuro pasillo. Bien vistos, la mayoría de sus cuentos le deben bastante más a la tradición de la literatura gótica, tan negada en el Perú, en la que lo demoníaco emerge del subconsciente y la pesadilla para materializarse de forma patente en nuestro mundo cotidiano.

Algo que sin embargo tienen en común casi todos los cuentos de Carrillo de ambas clases es el sexo. El sexo en sus más diversas e inusuales formas. Abunda ante todo el sexo oral, pero también está la urofilia, la zoofilia, el estupro infantil, la necrofilia, entre otros. Para comprender el papel que este elemento juega en los relatos de Carrillo, evidentemente habrá que relacionarlo con las demás cosas que plagan sus historias. El sexo invoca a los demonios y motiva a la mujer-lobo, pero es también practicado por héroes rebeldes y asesinos. En última instancia, se trata de una relación entre el sexo y el poder violento. Un sexo que representa la liberación a través de la violencia. Sería fácil caer en el freudismo para reducirlo a algo edípico y fálico, pero en Carrillo también los personajes femeninos adquieren poder de la misma manera que los masculinos, quizás hasta en mayor cantidad de casos. Ambos géneros entran en la misma condición de clandestinidad y fuerza brutal, revueltos en el amplio terreno fuera de lo permisible. El sexo, desde su condición de prohibido, abre las puertas hacia el universo de todo lo oculto y negado, lo que solemos "tener bajo llave", un mundo oscuro y desconocido de infinitas posibilidades y también gran peligro, la liberación de las pesadillas subconscientes que destruyen el mundo delimitado por la pacatería y la razón. Ahora recuerdo que nuestras conversaciones sobre lujuria y sadomasoquismo nunca han sido efusivas ni morbosas, sino siempre graves y serias.

Críticas como Rosermary Jackson han sostenido que en ese sentido la literatura gótica apunta a hacer un mundo más libre y mejor, esclareciéndonos al llevarnos más allá del oscurantismo y revelando puntos de vista productivos. Quizás no sea tan así, y sólo se trate de la explosión de una fuerza pujante e innegable que es el caos de la verdad de nuestras pasiones profundas, las cuales pueden traer placer y desgracia de forma igualmente desmedida y salvaje. Para Carrillo el caso más frecuente es el segundo. El sendero simplemente conduce a la perversión absoluta o la ley del más fuerte en la que el que no mata, muere, y los vencedores siempre son glorificados en su propia brutalidad.

Es en ese sentido que el sexo es más efectivo cuanto más degenerado, pues es mediante el espanto que causa que se convierte también en poder. Acaso para causar este espanto este sexo debe ser tanto más explícito y retorcido que la dulce y romántica necrofilia de Edgar Allan Poe u Horacio Quiroga, para la cual la sociedad ya ha tenido cierto tiempo de buscar escusas que la oculten y nieguen. Para invocar al demonio es que el sexo de Carrillo es crudo y espinoso, ruidoso cómo el más potente thrash metal, innegable.

jueves, 8 de abril de 2010

The Industrial Sound

Intenté hacerme una idea más clara sobre qué es el industrial, pero como con todos los géneros de música popular, parece que en verdad nadie lo sabe. Yo pensaba que tenía algo que ver con los Einstürzende Neubauten, o si no que Rammstein era la cara más comercial de un género complejo pero coherente. Tenía la impresión de que, en algún punto, el concepto de la música electrónica pesada coincidiría con el uso de ruidos o al menos samples de máquinas reales, chispeantes o aceitosas. Pero como todo género, el industrial abunda en ramas por las que irse, y quizás en sí mismo es sólo un atado de ramas sacadas a su vez de otros géneros. O al menos algo que se puede decir para el industrial en general es que no serían ramas, sino fierros o cables. Aunque los cables siseantes, los motores retumbantes y las cadenas chirriantes no se escuchan mucho en el gothic-industrial. Los ruidos aquí son electrónicos, tanto como los de cualquier tecno, y como cualquier tecno repite el mismo ritmo, melodía y frases pregrabadas ad nauseam. Y es que, a pesar de todo, se trata igualmente de música bailable para discotecas. Discotecas góticas, pero discotecas nada más. No es una música que valga la pena detenerse a escuchar prestándole atención a los detalles. De hecho, sus más acérrimos fans tampoco sostienen que sea exactamente música, sino que hablan de "the industrial sound". Un sonido no contable o discernible como si fuera una canción, sino parte de una continuidad líquida, como una oscuridad viscosa para envolvernos con su densidad homogénea en todas direcciones.



Si lo gótico es vivir con la muerte dentro, el cyber-goth, inevitablemente ligado al gothic-industrial, es reconocer que la tecnología humana es sin duda una fuente de muerte con la que convivimos diariamente. Desde la radioactividad ochentera hasta las más recientes noticias de cómo se muerte el planeta, sin olvidar la máscara de gas de rigor, una forma de abordarlo es reconociendo honesta, quizá cínicamente (porque el cinismo no es más que un exceso de honestidad en la impotencia actancial), que el progreso tecnológico da muchos medios a la humanidad para su propia destrucción y que, a estas alturas, no queda mucho que hacer. Todos ya estamos condenados, y la opción menos hipócrita es aceptarlo y celebrarlo.

Opuesto a esto están los que insisten en un "industrial-that-desn't-sound-like-dancemusic", lo cual nos devolvería, efectivamente, a un uso más intensivo de los samples mecánicos, los ruidos insufribles, las explosiones multiplicadas digitalmente, pero también la multiplicación digital de las voces reiterantes, en un ritmo que a pesar de todo no logra librarse nunca de una noción de pista de baile, sólo que en base a elementos distorsionados a los que es sumamente difícil adecuarse, casi como hacerse de la idea de masticar el concreto o alimentarse de plutonio. Por este lado, Feindflug y Terrorfakt.



Otra rama de un género diferente que se adjunta es el industrial-metal. En cuanto a este caso, hay que decir que por un lado se trata de música electrónica oscura que de metal tiene poco, o de Death Metal puro y simple que tiene escasos rastros industriales.

Hay también bandas que son famosas como industrial aunque de corazón sean radicalmente anarcopunks. Célebre caso de Nine Inch Nails, y también muy notable para los menos conocidos Atari Teenage Riot. Aparte de destrozar guitarras y lanzar gritos antisistema, también tienen mezclas electrónicas bastante agresivas. ¿Pero no debería eso llamarse electropunk o algo así? La verdad a estas alturas ya me canso de discernir de donde proviene los sonidos originales y simplemente veo que, como un todo, el tema ha tomado la forma de un monstruoso cruce entre licuadora y lavadora gigante, hundido por la borrosidad de un lo-fi, pero sin dejar nunca de lado los breakbeats más o menos trillados y recurrentes. Tanto smog y engranaje ha logrado por fin hacerme doler la cabeza. Quizá eso es lo que debería hacer el industrial, o quizá debería cambiar mi propia cabeza por una de acero.


sábado, 20 de marzo de 2010

He loado tantas veces la excelsa rutilante guitarra del divino Petrucci con sus dedo deslizándose en notas como cristal líquido, rutilante, punzante y fluido, interminable. Hay quienes ven en Dream Theater demasiado tecnicismo, pretenden que la suma habilidad fuera sinónimo de control, pero no lo es: la guitarra de Petrucci es un canto siempre nuevo, desde el poso oscuro del alma, caleidoscópica pero sin bordes, el jamming más extremo en sesiones que exceden cualquier cinta de grabación, si no atrévanse a escuchar el Liquid Tensions Experiment, que por ello mismo viene con advertencia. Y he ahí los ritmos de Mike Portnoy: ritmos demencialmente complejos, una danza de la eternidad sin repetición siquiera, una absoluta teoría del caos pero, ahora sí, ritmos sin duda. Qué conciencia de absoluto, qué complejidad profundamente cerebral que convierte la más inexplicable de las formas en lo opuesto al azar, une los infinitos estadios del ser, el cerebro y el alma mediante un invisible hilo inquebrantable.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Racismo Metal

Dimu Borgir y el genialogismo vikingo, que es después de todo una consecuencia de la deplorable naturaleza gregaria de los humanos mortales. Considerar los orígenes europeos y quizás parcial arraigo de la estética gótica, así la piel pálida como acercamiento a la muerte junto con otros detalles clasicistas de belleza pervertida y brujería que se pretenden tradicionales y a menudo se asocian a las heladas y noches inmensas de los climas nórdicos.
Sin embargo, el metal no tiene en lo absoluto orígenes vikingos ni mucho menos, se lo disputan en todo caso entre Black Sabath y Iron Maiden (o quizás musicalmente aunque no ideológicamente se puede remitir a Led Zeppelin) por lo que, como de costumbre, todo purismo es falaz y lo bueno nace no de lo "tru" sino del cruce, la hibridación y la perversión. Es bien sabido que los perros chuzcos son más recios e inteligentes que las razas de criadero con sus enfermedades genéticas. Mi maestro en el metal no por nada llevaba el nombre de la Colla con orgullo. Semejante concepto a Illapa. Por ahí alguien me decía que cantaban en quechua, cosa que en este y otros ejemplos no se da, así que aún está por verse. Pero igual está bueno esto:

También, por otros extremos, tenemos a Onmyouza, power con kimonos, bastante bien.

jueves, 30 de julio de 2009

Galneryus

Galneryus ya se ha hecho un lugar entre los seguidores del J-rock dado que reune indiscutiblemente la potencia y técnica necesaria para ser considerada metal, no sólo un heavy cualquiera, sino un power a veces progre de muy buen nivel. El vocalista también tiene energía, además de un inglés perfectamente ininteligible.

sábado, 6 de junio de 2009

Lacrimas Profundere

Al fin reencuentro lo que realmente me había gustado hace tanto tiempo de Lacrimas Profundere, un primer y profundo encuentro con el doom metal, que sin embargo desapareció traspapelado por sus posteriores producciones de un goth-wave un tanto oscuro pero nunca tanto, bastante común, de hecho, no como el clasisismo mortuorio, la penumbra impenetrable en la que se sumían sus primeras obras, lánguidas y violentamente claroscuras. Como con todo fantasma, había llegado a dudar de su existencia, impulsado sólo de vuelta una y otra vez por una intuición de la que yo mismo descreo por completo, pero que nunca acaba de disiparse. Ahora al menos sé que lo que solía escuchar era del album "La naissance d'un rêve", el nacimiento de un sueño. Lacrimas profundere, asumiendo que la última a es larga, sería hundirse en lágrimas.



Aún con su agresiva distorsión la guitarra se mantiene lánguida pero el sonido, por sutil que sea, tampoco acaba de cuajar y perder estas aristas filosas que crujen y rasguñan en medio de la suavidad de sus formas.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Mucho abarca / poco aprieta

Delimitaciones, definiciones, identidades diferenciales. Traumas de identidad, vanguardismo adolescente. ¿Dónde comienza y dónde termina el metal? ¿Debemos partir de un arquetipo como un subgénero, un grupo o incluso una canción específica que se tome como referencia hacia todo lo que se le parezca y pueda, en cualquier dirección y por cualquiera de las aristas ser considerado su extensión? Un método inmensamente falaz pero en el uso práctico y, por lo tanto, en la medida en que el lenguaje es definido por el usuario y la identidad de las cosas es definido por el lenguaje, inmensamente difundida y real. Por el otro extremo vuelvo el rabillo del ojo hacia aquellos circulillos de una post de hace tiempo... ¿Cómo se puede ser metalero y otaku al mismo tiempo? ¿Y por qué no? Con eso de Crepúsculo y semejantes, parece que verdaderamente hay un tanto de literatura oscura resurgiendo por ahí, que no soy el único y que más bien tengo competencia. Que debo, por tanto, tomar una posición más radical que mi diferencia y me permita afirmarme en algo. Por ahora, la cosa sigue siendo sacar adelante el proyecto del templo negro, entre traducción, filología y especulación creativa. Habrá que intentar resaltarle el aspecto Baudelaireano, que es justamente el que lo vincula de vuelta a mi obra hasta ahora y el que en verdad no llegan a abarcar las gentes que gustan de atmósferas atemorizantes pero no aceptan a la oscuridad como parte de ellos mismos. ¿Acepto yo a la oscuridad como parte de mí mismo? ¿No es un credo que escribí hace un par de años y que ahora sólo salmodeo ocasionalmente? Busco relacionar las historias de anime con el metal y en cierto sentido sí aparecen cada vez más relatos de horror, muerte e inmoralidad en el campo...

martes, 14 de octubre de 2008

Anton LaVey

Esta vez he estado leyendo al infame Anton Szandor LaVey. La verdad, su idea de una "iglesia de Satán" siempre me pareció contradictoria en sí misma desde que oí de ella hace ya varios años, cuando recién me inciaba en el metal y el pensamiento blasfemo. Sin embargo, ahora que lo veo directamente, la verdad debo admitir que no es ningún pelmaso. Por momentos, incluso, me decepciona más bien por ser excesivamente razonable.

Debo a mi hermano el acceso al video y el libro. El segundo, me dijo, estuvo colgado incluso en el wikimedia hasta hace poco. Bueno pues, el infame LaVey no recomienda públicamente cosas que sean ilegales, más bien construye una religión que legitime las viejas costumbres y tradiciones que han mantenido viva a la humanidad e incluso a la iglesia, nos insta a "volver a aprender la ley de la jungla", la ley del más fuerte, la ley de Darwin, al fin y al cabo. Habría realmente que considerar a dónde lleva a una especie la abolición de la selección natural... Pero, a pesar de todo, incluso aunque LaVey promueva tanto la sana venganza como la inmunda naturaleza gregaria de los humanos, el primitivismo no alcanza a ser plenamente cavernícola en la medida en que incluye una segunda idea implícita: el que en verdad todo esto está en función de un liberalismo radical. Aunque a menudo hable de un imperativo "natural", también legitima formas anti-"naturales" de vida, de sexualidad, en la medida en que lo que realmente importa es el deseo del sujeto, cualquiera que este sea.
Se esperaría que la parte más pintoresca fuera la de la "magia" o "Los ritos satánicos". Efectivamente, quizás esta sea la que sea más interesante discutir y se preste a más interpretaciones. LaVey advierte desde el principio de su libro que todas las doctrinas mágicas previas se pierden en fantocherías para dominar el comportamiento de la gente. Su capítulo sobre hechicería pretende ir directo al grano. A primera vista, sin embargo, también me decepciona un tanto. En parte, también, por lo razonable: parte de la magia, después de todo, resulta científicamente explicable, lo cual la vuelve accesible, pero también muy aburrida, pierde (casi) todo su sentido de trascendencia y obscuridad. Pero después, de pronto, LaVey invoca toda una serie de símbolos radicales y arbitratios (muchos de ellos incluso forzando tradiciones de maneras no heréticas ni perversas, sino vulgarmente y/o descaradamente equívocas). Hace una larga lista de nombres demoníacos, aunque parece creer en un solo Diablo. Objetos, colores y frases deben ser usados en rituales sin mucha explicación. Esta parte pareciera caer por el extremo opuesto, en lo que los gringos llamarían mumbo-jumbo. Sin embargo, a pesar de todo eso, tampoco habría que perder de vista lo que LaVey señala como centro de la magia y el punto climático de cualquiera de sus rituales. Y que, en verdad, los símbolos mismos, aunque puedan estar estructurados entre ellos y parecer viejísimos, son siempre aribitrarios, reemplazables, improvisables. La mayoría de principios antimorales llevan a conclusiones compatibles con las mías, aunque también me motivan a tomar represalias más seguido, no por hacer un mundo mejor, como Kira, sino simplemente por darme el gusto. En ese sentido, sí es conveniente aprovechar el tiempo que me queda en la periferia. Después de todo, sí es un notable aporte el de LaVey al lado oscuro.

viernes, 21 de marzo de 2008

Padres del power

Supongo que ya no es noticia, pero por si acaso lo apunto, pues se les vienen nadie menos que los padres del power metal. El legendario grupo Helloween y su contraparte Gamma Ray estarán tocando en el parque de la exposición el 30 de abril. Curioso cómo Kai Hansen, ex-vocalista y guitarrista de Helloween, se encuentra otra vez con el resto del grupo desde la otra orilla del Gamma Ray que él fundara por su lado. Cuando el género del power metal empezó a sonar, Hansen aun estaba dentro de Helloween y era una fuerza impulsora mayor, por lo que supongo que de ambos grupos se puede decir que fueron el primero. Las entradas están a un precio proporcionalmente brutal, pero las pueden conseguir desde ya en PlazaFea o Vivanda. Yo mientras tanto seguiré aquí sentado en pueblitos gringos remotos, escribiendo en mi blog.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Haggard

Me di hace poco con un grupo musical realmente magnífico llamado Haggard, de una estética poderosamente gótica, en el cuádruple sentido de la larga y accidentada historia de la palabra. Además de ser góticos por obscuros, góticos por románticos, góticos por medievales y góticos por godos germanos. Sus letras también son cuadruples, en inglés, alemán y latín, dos idiomas que ya domino y uno que aún estoy aprendiendo, además de algunos pasajes también en romance toscano. Me viene bastante bien el latín de alguien fiable tras intentar corregir las desastrosas letras de ciertos japoneses, por lo demás bastante creativos, pero que ni inglés saben (el anime Elfen Lied, mejor conocido por su pronunciación inglesa como Elfen Láyet).
El grupo mismo tiene una figura central, una cabeza claramente indentificable bajo el nombre de Assis Nasseri, cantante y guitarrista, pero que se encuentra rodeado de muchos otros músicos, incluyendo soprano, tenor, oboe y todo el resto de la orquesta cuyo número va fluctuando entre doce y dieciseis miembros oficiales a lo largo de los discos, sin contar a las decenas de colaboradores incidentales.



Al oirlos por vez primera, me dije que era un verdaderamente hermoso black metal, aunque era bastante más lento que lo que los representantes célebres de este género suelen presentar. Me pregunté si acaso sería doom metal, un género del que no he oido mucho y solo conozco en teoría como parcimonioso y lacónico. Su sonido me recuerda mucho al grupo Lacrimas Profundere, con el que igualmente compartía el gusto por los grabados góticos en sus portadas, aunque en el caso de ellos nunca logré descifrar en qué idioma estaban sus letras. Creo que a ellos los categorizaban como gothic metal, un género que a mí me parece extremadamente escurridizo y subjetivo. Finalmente, en el wikipedia se ve a Haggard como "symphonic death metal", y al adentrarse por qué entiende la gente por death metal, se encuentra la mayor cantidad de contradicciones posibles... Yo creo que son de todo menos death.

Todo esto me recuerda mis conversaciones con Mariela Alicia Cucho, quien la primera vez me encontró sentado bajo un escritorio con la luz apagada, y hoy en día la he perdido de vista, pero hace tiempo dejó la poesía por el diseño de modas. Su poesía nunca dejó de interesarme e intrigarme, pero siempre fue muy tímida y recelosa con ella, como parte profunda de su carne. Cuando le dije que prefería el black al thrash, ella respondió que no le gustaba encasillar las cosas... pero en tal caso, ¿cómo podría siquiera distinguir entre black y thrash? Por supuesto existe el black más thrashero por ciertos usos de distorción y batería, y lo que sí pierde todo sentido es definir a un grupo como únicamente dentro de un género, pues cualquiera puede de un momento a otro cambiar de tonada y ser perfectamente capaz de empezar a tocar salsa si tan solo le da la gana. Esto a su vez crea problemas cuando grupos que están adscritos a un género innovan al punto de hacer algo que a los oidos pertenece a un universo totalmente distinto, pero dada su afiliación histórica a un movimiento no se pueden deshacer de cierta categoría que ahora no se ve por ningún lado. Yo tampoco escribiré novelas góticas toda mi vida, para empezar tengo muchos cuentos, y varios de ellos se asemejan más al cuento de hadas que al de horror. ¿Y qué hay de la poesía? Gótica es la novela, no yo.
Pero me he salido del tema. El hecho es que, si volvemos a la conclusión ya previamente establecida de que el género es, no un espacio delimitado en el que uno se adentra de por vida, sino un adjetivo perfectamente declinable y compatible con otros, pues yo por mi parte diría que Haggard es un poco como black pero con mucho de barroco clásico, y a eso le agregas lo que tú quieres...

jueves, 13 de septiembre de 2007

Covenant y Kovenant

Me he traido muy pocos CDs para acá y los pocos que tengo no tocan en el estereo gringo, solo en mi discman. El único que funciona son las piezas de piano de Erick Satie, pero ya me aburri de escucharlo. Entre los demás que he traido tengo sin embargo uno de un grupo que siempre me ha fascinado e intrigado: El disco se llama Nexus Polaris y dice ser del grupo Covenant. Un black metal virtuoso y complejo, densamente oscuro pero también profundamente inteligente. Sus letras me resultan muy sugerentes y me han inspirado más de una vez tesis filosóficas. La mejor letra del disco creo que es la de "Bizarre cosmic industries", que ya he intentado traducir sin mucho éxito.

Tricking the trails of my long lost obscurity
I gather me inside of the artifice of eternity

He aquí que el caos del incio, olvidado por la senda recorrida, deja una estela escondida que hay que desvelar. He aquí que en el incio era el caos, y no la luz ni el verbo. He aquí que la construcción de la identidad se da en un espacio ficcional. He aquí que la identidad es algo siempre constituido. He aquí lo ficcional de esa eternidad que nunca terminaremos de vivir.
Semejante en sus potentes letras y hasta bastante mejor en su calidad musical considero "Bringer of the sixth sun", que ilustra una sed insasiable de conquistador cósmico. El resto del disco, es cierto, puede resultar un poco repetitivo, pero las canciones independientemente son excelentes.
Por eso siempre he tenido ganas de escuchar más de ellos. De hecho, siempre supe que tenían un disco previo, llamado In Times Before the Light. El título nuevamente indica que el origen no es la perfección sino lo desconocido y ambiguo, que precede toda lógica y moral. Mi maestro del metal, la Coya, lo tenía en original, y fue así que me enteré de la existencia del grupo y no dudé en comprarme el Nexus cuando lo encontré. Quizá lo más heróico y anecdótico respecto al primer disco es que fue grabado por una banda de solo dos cabezas.
Así fue que tiempo después de haberlos escuchado primera vez, decidí hacer algunas pesquisas sobre su incógnita situación, y me enteré que andaban ahora metidos haciendo una cosa medio electrónica. No encontré muchos detalles ni cavé muy profundo, así que eso fue lo que supe por entonces.
A comienzos de este año, como más de uno sabrá, se anunció la llegada a Lima del grupo de electrodark Covenant. Me llamó la atención saber que era lo que habían estado haciendo, en los afiches se veían bien distintos (irreconocibles) pero nada mal. Me fijé en la fecha y noté que había sido el día anterior. Tarde como siempre, me quedé con las ganas.

Con el avance de la teconología de la información, esa clase de pesquisas ya no son tan difíciles como solían ser. Motivado hace unos días por mis pocos discos, entré una vez más a buscar información sobre el Times before the light. Gracias al wikipedia y al youtube, el conocimiento está ahora mucho más cerca.
El grupo que visitó Lima efectivamente era Covenant, pero no eran los autores del Nexus Polaris. Los autores del Nexus Polaris tuvieron un desencuentro legal con este grupo de electrónica y sacaron su siguiente disco bajo el nombre de Kovenant. Para colmo de homonimias, poco tiempo después lanzaron una nueva versión del Times Before the Light, pero con ruidos tipo industrial, por lo que el nombre de su primera obra ha quedado casi sobreescrito. Ahora que me entero de los detalles, sus miembros se han paseado por todas partes. El líder de la banda también pasó un tiempo con los tremendos Dimmu Borgir, y se cambió tres veces de nombre. Entre las últimas cosas que está haciendo Kovenant hay muchos mamotretos y un par de combinaciones aceptables entre black metal, industrial y new wave. En la mayoría de sus últimas apariciones se ven bien poseros, con máscaras saduciendo dreads como los Slipknot y sin mucha sustancia que tocar, solo bulla.
Los otros Covenant, aunque en su género, tienen varias cosas muy buenas, solo a veces también parecen tirar más para el trance que para el wave. Pero solo a veces. De hecho algunas de sus canciones me dan ganas de volver a bajar el fruty loops y hacerles un par de covers. Podría ser divertido.
En conclusión:
Covenant ya no es Covenant sino Kovenant. Covenant esta mejor que Kovenant que solia ser Covenant. Cuando Kovenant era Covenant era mejor que Covenant.
(decir en voz alta y con los ojos cerrados)

martes, 21 de agosto de 2007

Viaje por entre el spanglish hacia el frio Norte

Esta post, como las muchas por venir, la redacto en una computadora del College of the Holly Cross, en Worcester, Masachussetts, en los Estados unidos de norteamerica, sin tildes ni enyes. Acabo de llegar aqui, donde pasare un par de semestres ensenyando castellano y sepultandome en vida en la biblioteca.
Pero antes de eso pase un par de dias en Miami. Una ciudad caribenya, completamente bilingue, spanglishisima. Y el spanglish es una cosa que se pega, todo el tiempo he tendio la segunda mitad de mi cerebro funcionando en ingles, y ahora, cuando la gente me habla en castellano y los medios estan en ingles, cojo las palabras de donde vengan, de aqui y ahi, y todo vale, y se arma un ideolecto a modo de collage de lo que mas se acerca a lo que quiero decir.
Aun no se que me espere entre la gente de Masachussetts. El college se supone que es de jesuitas, que dicen promover el cuestionamiento abierto, un sentido del proposito y el servicio a otros. Coincidimos en dos de tres. Sera suficiente? Comparto un apartamento con chinos y franceses, por lo que la situacion interlinguistica sera igual de extranya, pero bastante distinta.
Mientras tanto, a ustedes les encargo a Canibal Corpse para el 25 en la ex Feria del Hogar. Ya luego me cuentan. Y les dejo tambien otro articulo que sale en el PuntoEdu, el periodico interno de la PUCP. Vean la pagina dos del suplemento. Por supuesto, la pucp tiende a enfatizarse a si misma. Ni modo. La mayoria de cosas si estan bien.

miércoles, 18 de julio de 2007

Descenso

(Tengo mucho que escribir y habría que subseccionarlo. Haré dos posts seguidas)
Anoche rompí mi record de nivel etílico. La presentación salió bastante bien y desde ya incluía su vino de honor. Es inagotable la variedad de interpretaciones que aparecen entre los lectores, Augusto Tamayo veía connotacines edípicas en el hecho de que el voivoda turco tuviera el mismo apellido que Vlad. Eso se debe únicamente a una coincidencia histórica, de las cuales había incluso más (el primo de Vlad también se llamaba Stephen, como Bathory), pero esta se me olvidó eliminar. Sin embargo coincide con la intención que Lilith anuncia desde el epígrafe. La obra significa, pero eso no dice nada sobre mí, funciona en sí misma. Tamayo también mencionó una caracterización de Lilith como mujer monstruo. José Miguel Herbozo ve una lectura de la historia en la persistencia de los monumentos arquitectónicos. Además me enteré de algunos datos sobre Bathory que espero que tú nunca sepas. Se habló mucho de que siga publicando. Ojalá tenga la oportunidad.
Me reencontré además tras un tiempo con mis patas Majo y el Haboso. El Haboso había guardado desde hace más tiempo aun un amuleto mío, una silueta de murciélago metálica. Se había quedado en su casa hace más o menos un año, la noche que me fui de la casa de mis padres y dormí ahí. Con Majo, el Haboso y Carlos Carrillo bajamos a Crypto (que ahora se llama Zarco, pero es Crypto) y nos quedamos chupando y metaleando bastante duro. Como apenas comía unos piqueítos, se me subió rápido. Y la siguiente parada fue la casa del Haboso, donde Majo sacó la botella de vino que aún tenía en su mochila. Pusieron los temas de Cowboy Bebop y Evangelion y estuvimos cantando a voz en cuello. Dicen que incluso me vieron bailar. Todo eso antes del bajón.
Cuando en el baño empezó a brotar materia roja de mi boca, no solo líquido sino verdaderas fibras, mi extremo estado me dejó convencido de que era carne. Estuvo dando vueltas y regresando al guater una y otra vez. Mi amuleto quedó cubierto de eso y tuve que dejarlo a un lado. El Haboso se sentó a mi lado y puso música trova, una de Sui Generis que al comienzo rechacé enfáticamente, pero tengo que admitir que terminé aceptándola. Me calmó bastante y me dormí ahí mismo.
Al día siguiente tuve que limpiar el guater y quedó evidente que solo había devuelto vino con tequeños. La luz desencanta muchas cosas. Mi amuleto se volvió a quedar en casa del Haboso.

viernes, 6 de julio de 2007

Homonimia: Bestiario e inmanencia

Acaso la ley de la estructura encuentra su límite en la homonimia, donde los símbolos cumplen funciones diversas en diversos contextos y pierden su función relacional. Estoy harto seguro que ni Poe ni Tokien quisieron lograr lo que yo amo en sus historias, y que la forma en que reutilizo sus elementos expresa algo radicamente diferente. Tolkien era un católico naturalista, pero los power-metaleros siguen la religión de Morgoth que él tan involuntariamente creó. Igualmente, los seres sobrenaturales ya no nos causan el mismo efecto que supuestamente tenían en el siglo XIX. Y, sin embargo, los amamos tal como son, por este otro efecto que nos causan. Por último tenemos a los Emos, que usan los mismos símbolos que los góticos para referirse a algo muy distinto, siendo el pobre Jack Skellington el más afectado. Los personajes sobreviven al significado. La inmanencia habría de despedazarlos o morir en el intento: ¿será que los lectores ven al símbolo fuera de su sentido? Probablemente estemos aquí a un nivel mucho más quirogueano que mina toda teoría interpretativa:

Ley X y última del Decálogo del perfecto cuentista

No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.
H.Q.

Vivimos con los personajes, los dejamos hacer sus vidas y ser algo en sí mismos. La chica mágica o el íncubo no trasciende de un cuento a otro como símbolo, solo como personaje. Cumple funciones simbólicas distintas en distintos contextos. No es su función simbólica lo que le da identidad, sino una definición de sus características individuales.
He aquí al bestiario desgarrado.


Otra forma de encarar la situación es aceptar el concepto de estética o de ismo como basado en una definición arbitraria, pero declarada. Podemos entonces decir que todo lo que encaja en esa definición es parte de esa estética (para librarnos del avant la letre, el post/neo y todas esas pavadas). Las estéticas pueden superponerse y compartir elementos, personajes y símbolos. En ese sentido, es como algo que solía pensar de los subgéneros del metal: no son sustantivos con un corpus exclusivo; son solo adjetivos. Algo puede ser más o menos power, más o menos trash. No podemos encasillar. Así era, justamente, como estaba también describiendo la época modernista hace unas semanas. Fueron los vanguardistas que tuvieron un pánico adolecente por formar equipos y guerrear entre ellos, por darse una identidad. Ahora los posmodernISTAS nos quieren hacer creer que la posmodernidad es la nueva era del mundo (mentira! es la de acuario!) y que su estética es un destino inexorable hacia el que marchamos todos inconscientemente. Sin embargo, ¿cuándo comienza la posmodernidad? ¿Cuándo termina la modernidad? Hay posmodernos desde el año de la pera y la mayoría de gente sigue siendo moderna hasta la fecha. Eso es lo que decía del avant la letre. Como cuenta Borges, cada uno crea sus propios precursores. Nadie era posmoderno hasta que a Lyotard se le ocurrió inciar una pose intelectual en los 60s. Entonces resultó que Borges era posmoderno, que las vanguardias, que Nietzsche, que todo el mundo. Y que yo estoy siendo posmoderno ahorita, por supuesto, porque soy un sujeto posmoderno sin saberlo. No pues. Resignense, gente, son un ismo más. Un ismo que ha dado frutos bastante provechosos en autores como Mario Bellatín, pero que no va a salir de las esferas teóricas ni cambiar el curso del tiempo, ni marcar ningún antes y después.

sábado, 30 de junio de 2007

La Retaguardia

Sobre el problema del Mal, una de las cosas que más delimita sus posibilidades aunque ningún aspirante a malvado halla discutido sus implicancias aún, se encuentra implícito en una cita de Puigvert, autora feminista que recientemente descubrió una de mis alumnas. Si por un lado rompemos la ley de la inocencia, del martir y del melodrama, por otro lado esto tiende a hacerse únicamente con la reafirmación de la otra ley, la del falo, la antigua ley jerárquica según la cual las víctimas siempre son las mujeres, los niños y los homosexuales, según la cual cada cosa tiene su lugar etc... Pareciera imposible romper una ley sin reafirmar otra.
Es por eso que muchos de los metaleros no son subversivos, sino contestatarios. Creo que en gran medida se podría decir que yo también lo soy, aunque no en la misma dirección que los trasheros. Tendemos a la búsqueda de un orden perdido más que a la de desordenar las estructuras de poder. Las vanguardias ya fueron, ya cumplieron su ciclo y su absurdo ya no aporta nada nuevo. Ahora hace falta una retaguardia. Por mi parte suelo (solía) enfocarme en la búsqueda de desestabilizar también mi identidad sexual, pero me apego a un lenguaje del orden y la razón, y a una sociedad elitista (aunque no con las mismas élites de siempre). El neo-conservadurismo post-revolucionario: las cosas ya no están de pie ni de cabeza. Hay que cambiar de coordenadas.