Entrada destacada

Cónicas del Templo Negro

Después de muchos años de revisión y de buscar la forma de editarme, he vuelto a decidirme por la autoedición. El 4 de julio estará disponib...

miércoles, 9 de marzo de 2011

Leyendo comics peruanos

Me puse a leer en voz alta algunos de mis comics peruanos favoritos. No hay edición, así que quedan los errores, pero así improvisado como está, creo que salió algo.

Lito "el perro" de David Galiquio

Los Archivos del doctor Jesús, de Punto Aparte

Musa inspiradora, historia de Eutanasia

miércoles, 2 de marzo de 2011

Congreso de escritores de literatura fantástica y ciencia ficción en Lima: Videos

Aquí algunos videos del Congreso de autores de literatura fantástica y de ciencia ficción que se diera el fin de semana pasado. Hubo mucho más de lo que cualquiera pudiera haber filmado. En la mesa de autores falta la intervención de Yeremy Torres, las ponencias de exhumaciones desde un principio estuvieron muy buenas, Alejandro Neyra presentó un tema interesantísimo sobre Lovecraft, Daniel Salvo esta vez intentó un acercamiento a Stephen King, y tantas otras cosas a las que ni siquiera tuve tiempo de asistir.

Preguntas y discusión de la mesa de Exhumaciones de la Literatura fantástica, entre Francisco Najarro, Eduardo Lino y César Espinoza, respecto al cuento "El manco" de Manuel González Prada y "María Marimacha" de la tradición oral.


Intervención de Yeniva Fernández.

Primera intervención de Julio Meza respecto a sus experiencias de publicación en el medio peruano.

Carlos Freyre respecto a su novela el Fantasmocopio, sus experiencias personales y la fantasía.

Segunda intervención de Julio Meza respecto a la Literatura fantástica en el Perú.

Intervención de Augusto Murillo sobre lo extraño en la vida cotidiana y la actitud frente a ello.


Carlos Saldívar sobre Dean Koontz.

domingo, 27 de febrero de 2011

Ángeles Nocturnos

Si creían que Glauconar Yue no podía ser un nombre, prueben con JC. "Pero, quién es... JC" nos pregunta la misma contracarátula de su novela Ángeles nocturnos. La única pista que tenemos es una foto borrosa y recortada, con lentes que no se distingue si son ópticos o de sol, y algunos datos personales muy vagos. El vendedor que lo albergaba en su tienda, en cambio, me decía que sí conocía al pata. El hecho es que encontré el libro de casualidad, pasando por el centro comercial Arenales un día en el que nadie me esperaba ahí. Al encontrar una novela osucra, según el vendedor gótica, rodeada de revistas otaku y con dibujos de estilo comiquero entre sus páginas, pensé que tendríamos mucho en común.
La verdad, en el blog del autor ya hay comentarios que dicen "tu obra es pésima". Pero quizás Ángeles nocturnos también deba leerse como una película de serie B. Más que esforzarse por pasar por alto sus faltas ortográficas y su accidentado vocabulario, todo contribuye a una situación de absurdo. Hasta el final de la novela no tenemos ni siquiera la más remota idea de que el autor mismo sepa por qué persiguen a Berónica(sic). Quizás más interesante que eso sea reparar en el evidente hecho de que atrapar a una humana común, con una vida cotidiana mediocre y que lamenta no estar en forma, pueda resultar tan difícil para seres de otro mundo. De qué otro mundo también es imposible de determinar, pues se describe a los ethsolds como ángeles, pero no tienen nada que ver con ningún dios ni con el cielo ni el más allá, sino más bien con un reino futurista del cual son soldados teconológicos. Estos seres, que al comienzo parecieran surgir de una pesadilla paranoica, no logran siquiera sorprender a ninguno de los humanos y, con su pseudomagia y gadgets intergalácticos tan inútiles, provocan compasión y hasta identificación. Y en ese sentido, estoy más dispuesto a enternecerme con sus personajes más inesperados que a hacerme de la vista gorda o perdonar a alguien por ser su primera vez.

domingo, 20 de febrero de 2011

Congreso de escritores de literatura fantástica y ciencia ficción en Lima

Esta semana, de jueves a sábado, se viene un nuevo congreso de escritores de literatura fantástica y de ciencia ficción en la casa de la literatura peruana. Pueden ver el programa completo aquí. Está imperdible.
Si lo imposible sucede dos veces, ¿se vuelve posible?

jueves, 17 de febrero de 2011

El hombre, el lobo y el mono

Hace ya un par de semanas salió en la colección de la República un brevísimo volumen con tres cuentos de hombres lobo. Es sintomático que haga falta una recopilación, pues la figura del licántropo no cuenta con un representante literario de peso, sino sólo referencias desperdigadas, un mayor arraigo en el folklore, pero ningún gran personaje único. Su trascendencia se la debe más bien a las películas de monstruos en las que se consolidó, ligeramente, la estirpe de los Talbot. Incluso así, la revisión de este volumen no deja de producirme gran interés y provocarme varias impresiones y conclusiones. Pero vamos por partes.
El primer relato, El lobo gris, resulta demasiado escueto y con infinidad de cabos sueltos. El plato fuerte, en cambio, es el cuento del entrañable Rudjard Kippling. Como habría de esperarse de Kippling, el cuento sucede en la India. Esto no tendría relevancia si no coincidiera con la anécdota mencionada en la película The Wolf Man y el cuento de Leopoldo Lugones titulado ocasionalmente La licantropía. Parece que según varias versiones europeas, el hombre lobo viene de la India, aunque no exista una versión hindú del caso. Con el cuento de Leopoldo Lugones, además, existe otra extraña coincidencia. Habría que aclarar que para el argentino, licantropía se refiere, en contra de su etimiología, a la transformación del ser humano en cualquier animal. En este caso, de hecho, se trata de un mono. Probablemente sea por eso que el relato se haya hecho más conocido con el insípido título de Un fenómeno inexplicable. Pero en fin, volviendo al cuento de Kippling, el hombre se convierte en lobo o una bestia que se compara con él, pero por obra y gracia de Hanuman. ¿Quién es Hanuman? El célebre dios mono, que en verdad no tiene mucho que ver con los lobos. Algo hay entre los lobos y los monos, entre el folklore europeo y la religión hindú. Sin embargo, queda por desentrañar dónde estará esa conección, por ahora entre sombras.
El tercer cuento del volumen, de Eugene Field, es por otra parte el más explícito y coherente. Su narración es clara, rápida y concisa. Sus referencias teutónicas también construyen un trasfondo medieval decadente y, sin embargo, es precisamente esta claridad, esta luz que echa sobre el asunto, la que disipa la oscuridad y el misterio.
Otro aspecto que se nota en los tres cuentos es uno que logra contrastar por fin al hombre lobo con la idea clásica del vampiro. El horror, en los tres relatos, no proviene del lobo como un monstruo agresivo o un enemigo que fuera a atacar al héroe. El problema del hombre lobo es precisamente que no es un monstruo a tiempo completo, el horror no está en enfrentar al hombre lobo, el verdadero horror es ser el hombre lobo. Si bien para Rosemary Jackson el "mito de Drácula" se centra principalmente en el contagio, esta no ha sido una característica trascendente para los demás vampiros clásicos, como Lord Ruthven y Carmilla, y en cambio lo importante es que el mismo Drácula de la novela es, en todo momento, un monstruo de pies a cabeza, esencialmente malo. El hombre lobo, en cambio, es poseído por un mal, una maldición, y ni siquiera hace diferencia si esta se contagia por mordida, por rituales y por herencia, siempre y cuando viene de afuera y penetra en el ser, disgregando el yo. Esta desintegración de la identidad es la razón por la que la figura también ha sido comparada con el extraño caso del Dr. Jeckyl y el Sr. Hyde.
Por supuesto, esto pierde relevancia con interpretaciones recientes. Cuando se intenta enfocar el punto de vista de ser un vampiro, como hace Anne Rice, el resultado, desde cierto punto de vista, no es tan distinto. Cuando se los mete en el mismo saco y se los chocolatea con antologías de monstruos junto con zombies, fantasmas, marcianos y robots, hasta convertirlos en parte de un repertorio estándar de malos, es bastante seguro que su sentido original se haya perdido por completo y que la distancia entre sujeto y objeto esté insalvablemente banalizada.